Capítulo 9: La Desesperación y el Ritual

La casa abandonada se alzaba ante ellos como un espectro del pasado, susurros incomprensibles flotaban en el aire y sombras danzaban en las paredes como si tuvieran vida propia. Jony, Bety y Alicia, consumidos por la desesperación y el miedo, se encontraban en el lugar donde todo había comenzado, donde habían desencadenado fuerzas más allá de su comprensión. El libro celta y sus deseos habían transformado sus vidas en una pesadilla, y ahora estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para poner fin a esta horrible experiencia.

Habían pasado días investigando, buscando respuestas en libros antiguos y en línea, y finalmente, habían encontrado referencias a un antiguo ritual que se rumoreaba que podía romper el vínculo entre ellos y el libro. No tenían más opciones. Necesitaban desesperadamente recuperar sus vidas y, si había alguna oportunidad de revertir lo que habían desencadenado, estaban dispuestos a intentarlo.

Jony, con manos temblorosas, sostenía el libro celta en sus manos mientras los tres amigos se reunían en la sala principal de la casa. La atmósfera era tensa, cargada de energía y miedo. Los susurros en las sombras parecían aumentar de intensidad, como si la casa misma estuviera reaccionando a su presencia.

Bety miró a sus amigos con determinación. "Tenemos que hacer esto", dijo con voz firme. "No podemos seguir viviendo con el peso de lo que hemos desencadenado. Este ritual es nuestra única esperanza".

Alicia asintió, aunque su mirada reflejaba su ansiedad. "Estoy de acuerdo, pero debemos seguir las instrucciones cuidadosamente. No sabemos qué consecuencias podría tener".

Jony, con el libro abierto frente a ellos, comenzó a leer las instrucciones en voz alta. El ritual requería que cada uno de ellos se enfrentara a su deseo, escribiera en el libro celta una frase que lo anulara y luego pronunciara esas palabras en voz alta mientras tocaban el libro con una mano y se sostenían de la otra. Parecía una tarea sencilla, pero todos sabían que no lo sería.

El silencio descendió sobre la habitación mientras cada uno de ellos reflexionaba sobre su deseo y la forma en que lo habían expresado. Jony recordó su fantasía de tener un auto nuevo, cómo había anhelado esa sensación de libertad y poder. Bety pensó en su amado perro, en las alegres travesuras que compartieron antes de su trágica muerte.

Decidieron comenzar con el deseo de Jony. Jony, con la pluma en mano, contemplaba las palabras que estaba a punto de escribir en el libro celta con una mezcla de ansiedad y resignación. La idea de que su deseo se desvaneciera, que el auto que tanto había anhelado nunca hubiera existido, era un golpe a su corazón. Durante años, había soñado con la independencia y la libertad que le brindaría ese vehículo, pero ahora, en un acto de desesperación, estaba dispuesto a renunciar a todo eso para liberarse de la maldición que había caído sobre él y sus amigos.

Con una mano temblorosa, Jony comenzó a trazar las palabras en las páginas amarillentas del libro. Cada letra era como un peso en su alma, un recordatorio de lo que estaba sacrificando. El acto de escribir se volvió más lento a medida que las emociones se apoderaban de él. Cerró los ojos por un momento, sintiendo el peso de su decisión.

Finalmente, escribió la última palabra y levantó la mirada hacia Bety y Alicia, cuyos rostros reflejaban comprensión y apoyo. Sabían que este sacrificio era necesario para liberarse de las fuerzas oscuras que los habían atormentado.

El silencio que siguió al ritual era abrumador. Jony miró el libro celta con una mezcla de alivio y temor. Había sacrificado su deseo más profundo, su sueño de tener su propio auto, en un intento desesperado de romper el vínculo con el libro y liberarse de la maldición que los había atormentado. Ahora solo podía esperar y observar si algo cambiaría en la casa abandonada, si las sombras se disiparían y el miedo que los acechaba se desvanecería.

Bety estaba visiblemente afectada por lo que estaba a punto de hacer. La idea de que su deseo, el anhelo que había sostenido en su corazón durante tanto tiempo, se desvaneciera en la nada la llenaba de tristeza y pesar. Cada palabra que pronunciaba era como un adiós a la esperanza de reunirse con su querido perro, que había sido una parte tan importante de su vida.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras miraba fijamente el libro celta y susurra sus palabras de renuncia. Podía sentir la presencia de sus amigos a su alrededor, ofreciéndole apoyo silencioso en este momento tan doloroso. Bety sabía que este sacrificio era necesario para liberarse de la maldición que los había atrapado en un torbellino de eventos sobrenaturales y terror.

Cuando finalmente escribió la última palabra y apartó la vista del libro, sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y determinación. Había sacrificado su deseo, pero lo había hecho con la esperanza de encontrar una solución para salvar a sus amigos y liberarlos de la pesadilla en la que estaban atrapados. Ahora solo quedaba esperar y ver si el sacrificio de todos daría resultados y si finalmente podrían encontrar la paz que tanto anhelaban.

El ritual estaba completo. Los tres amigos miraron el libro celta con una mezcla de alivio y temor. Sabían que las consecuencias de lo que habían hecho podrían ser impredecibles, pero estaban dispuestos a asumir cualquier riesgo con tal de liberarse de la maldición que habían traído sobre sí mismos.

El silencio se prolongó mientras esperaban a ver si algo cambiaría. La casa en sí misma comenzó a parecer más inquietante que nunca. Sus pasillos oscuros y habitaciones olvidadas se llenaron de sombras que parecían moverse por sí mismas. Los amigos a veces juraban escuchar risas distantes o susurros en el viento, lo que aumentaba su paranoia y el miedo que sentían.

Una tarde, mientras revisaban una de las habitaciones, Alicia trató de abrir un ropero viejo con la puerta rota. Pero en ese momento, sintió que alguien la observaba desde atrás, y el frío en su espalda respaldó esa presencia. Alicia se quedó helada, sintiendo que algo acechaba detrás de ella en la penumbra de la habitación. Cada uno de sus sentidos estaba alerta mientras se esforzaba por discernir la naturaleza de esa presencia inquietante. Los susurros en la habitación se intensificaron, murmullos incomprensibles que parecían provenir de todas partes a la vez.

A medida que los murmullos aumentaban en intensidad, Alicia volvió la cabeza hacia el espejo que colgaba en la pared. Lo que vio en su reflejo la hizo estremecerse de terror. Una figura oscura y borrosa pasó rápidamente por el espejo, como si fuera una sombra viviente que no debería estar allí. El rostro de Alicia se puso lívido mientras observaba cómo esa sombra se deslizaba por el espejo, su presencia desconcertante llenando la habitación.

Alicia estaba paralizada, incapaz de articular una palabra o dar una señal de alarma a sus amigos. El miedo la tenía en su agarre, y sus ojos seguían fijos en el reflejo perturbador. La habitación parecía estar cargada de una energía ominosa, como si estuviera impregnada de una presencia malévola que los acechaba desde las sombras.

Mientras los segundos se estiraban como horas, los murmullos en la habitación aumentaron, transformándose en risas siniestras y risueñas que retumbaban en los oídos de Alicia. La sensación de opresión y malestar se hizo casi insoportable. Sabía que debía hacer algo, pero el miedo la tenía firmemente en su sitio, y no sabía cómo enfrentar lo que estaba ocurriendo en esa casa maldita.

Cada uno de los amigos se sumía en una creciente desesperación mientras la oscuridad que rodeaba la casa y las presencias inquietantes los acosaban sin piedad. Noches de insomnio, susurros incomprensibles y sombras que parecían moverse por las habitaciones se volvieron su pan de cada día. El vínculo que compartían como amigos se volvía más fuerte a medida que enfrentaban juntos el misterio que habían desatado, pero también los llenaba de ansiedad y temor.

Alicia, Jony y Bety continuaron investigando incansablemente. Pasaban horas buscando pistas en la casa abandonada, escarbando en cada rincón en busca de respuestas. Cada vez que intentaban acercarse al libro celta, la sensación de peligro aumentaba, como si el artefacto misterioso estuviera protegido por una entidad malévola que no quería ser perturbada.

Noche tras noche, se reunían en la sala principal de la casa, tratando de comprender lo que habían desencadenado. Sus conversaciones eran llenas de teorías y suposiciones sobre la naturaleza de la presencia oscura que los acosaba. Cada uno tenía sus propias pesadillas y experiencias aterradoras para compartir, lo que solo aumentaba su miedo compartido.

Las noticias sobre la desaparición de Laura, Alex y Ben pesaban sobre ellos como una losa. Sentían la responsabilidad de encontrar a sus amigos y de detener lo que habían desatado. La casa abandonada se había convertido en un lugar de pesadilla que debían explorar en busca de respuestas, incluso si eso significaba enfrentar peligros inimaginables. Cada paso que daban dentro de la casa estaba cargado de tensión y miedo, pero sabían que no podían dar marcha atrás.

La incertidumbre era su compañera constante mientras luchaban por descubrir la verdad detrás del libro celta y encontrar una manera de poner fin a la pesadilla en la que se habían sumergido. La casa, una vez un lugar de encuentro y aventuras, se había transformado en un laberinto de horrores del que no podían escapar fácilmente. Y el tiempo corría en su contra mientras la oscuridad amenazante los acechaba, esperando el momento adecuado para cobrar su precio..

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