Capítulo 10: La Llamada de lo Desconocido

Mientras investigaban por separado en sus casas, la inquietante sensación de estar siendo observados los acosaba constantemente, como un peso invisible que se cernía sobre ellos. Las sombras de la noche parecían cobrar vida propia, tomando formas caprichosas y ominosas que jugaban con sus nervios. Los susurros que se colaban por las ventanas eran apenas audibles, pero lo suficiente para mantenerlos en un estado de alerta constante. Cada uno de ellos había experimentado fenómenos extraños en sus hogares, desde objetos que se movían solos hasta escalofriantes apariciones en los espejos, lo que les hacía cuestionar la cordura de sus propias percepciones.

A medida que pasaban las noches, la necesidad de encontrar respuestas se volvía más apremiante. Cada uno de ellos se sentía atrapado en un enigma que se hacía más complejo con cada paso que daban. La casa abandonada, que una vez había sido su refugio y su lugar de aventuras infantiles, ahora parecía ser el epicentro de todos los eventos inexplicables que habían perturbado sus vidas. Era como si la misteriosa entidad que habían liberado los llamara desde las sombras, atrayéndolos con una fuerza magnética hacia su origen, y no podían resistirse a su llamado.

Jony, Bety y Alicia compartieron sus experiencias en una serie de llamadas telefónicas y mensajes de texto. Sus voces temblaban mientras describían los extraños sucesos que habían presenciado en sus propias casas. Jony habló de cómo las sombras se alargaban y tomaban formas retorcidas en su habitación durante las noches, llenándolo de un temor inexplicable. Bety relató cómo había sentido la presencia de su perro fallecido rondando por la casa, como si estuviera tratando de comunicarse con ella desde el más allá. Alicia compartió la historia de la aparición en su espejo, una figura borrosa que la miraba fijamente con ojos vacíos.

Cada testimonio confirmaba la creciente certeza de que algo oscuro y sobrenatural los había atrapado en su red. La búsqueda de respuestas se convirtió en una obsesión compartida, una necesidad imperante que los impulsaba a investigar aún más en la casa abandonada, a pesar de los peligros que presentaba. Estaban convencidos de que solo en ese lugar podrían descubrir la verdad detrás de los eventos inexplicables que habían afectado sus vidas.

Las noches se volvían cada vez más inquietantes a medida que avanzaban en sus investigaciones. Los misteriosos fenómenos continuaban acosándolos, como si el ente que los había llamado desde la casa abandonada se sintiera amenazado por sus esfuerzos por descubrir la verdad. Los objetos seguían moviéndose sin explicación, las sombras danzaban en las paredes con una malévola vida propia y los susurros se volvían más claros, aunque incomprensibles en su significado.

La tensión y el miedo aumentaban con cada noche que pasaban en sus propias casas. Las horas de sueño se volvían un desafío, ya que el temor a lo desconocido los mantenía despiertos y en estado de alerta. Cada uno de ellos se encontraba atrapado en una pesadilla que no parecía tener fin, y solo la determinación de encontrar respuestas los mantenía en movimiento.

El eco de las voces de Laura, Alex y Ben resonaba en sus mentes mientras avanzaban hacia la casa abandonada. Las palabras desesperadas de sus amigos se entrelazaban con los susurros persistentes que los habían acosado en sus propias casas, creando una cacofonía de sonidos que solo aumentaba su ansiedad. El aire se volvió denso a su alrededor, como si estuvieran ingresando en un espacio completamente distinto, donde las leyes de la realidad se retorcían y se deformaban.

Cada paso que daban los acercaba más al lugar donde sus amigos parecían estar atrapados, y al mismo tiempo, sentían que se alejaban más de la seguridad de lo conocido. La casa abandonada se cernía sobre ellos, sus ventanas rotas y su estructura deteriorada proyectaban una presencia imponente y ominosa. Las voces parecían emerger de las sombras que la rodeaban, como si la misma casa estuviera hablando, invitándolos o, tal vez, atrapándolos.

Jony, Bety y Alicia intercambiaron miradas nerviosas mientras se acercaban al umbral de la casa. La tensión en el aire era palpable, como si estuvieran a punto de cruzar un límite que no tenían claro si debían traspasar. Pero el llamado de sus amigos era más fuerte que cualquier temor, y avanzaron decididos hacia la entrada.

El interior de la casa abandonada se reveló como un laberinto de sombras y secretos olvidados. Los susurros que habían perseguido a los amigos durante días se volvieron ensordecedores, llenando sus oídos con palabras incomprensibles y murmullos siniestros. Cada paso que daban resonaba en el suelo de madera crujiente, como si la casa misma estuviera viva, reaccionando a su presencia.

Mientras avanzaban por los pasillos oscuros, las voces de Laura, Alex y Ben los guiaron, como un faro en medio de la oscuridad. Las voces parecían provenir de diferentes direcciones, confundiéndolos y desorientándolos. La casa abandonada se había convertido en un laberinto de pasadizos y habitaciones desgarradas por el tiempo, y no sabían hacia dónde dirigirse.

La ansiedad los abrumaba mientras buscaban a sus amigos. Cada vez que creían acercarse a las voces, estas se alejaban, como si los engañaran deliberadamente. Los misteriosos fenómenos que habían experimentado en sus casas ahora se intensificaban en la casa abandonada. Objetos que se movían solos, sombras que danzaban en las paredes y figuras borrosas que aparecían y desaparecían sin previo aviso.

Alicia sintió cómo una mano fría rozaba su hombro, pero al girar para mirar, no había nadie allí. Bety creyó escuchar el ladrido distante de un perro, el mismo que había perdido hace un año, pero no podía determinar de dónde provenía el sonido. Jony, por su parte, tuvo la extraña sensación de que algo lo observaba desde las sombras, pero cada vez que intentaba enfocar su mirada, no había nada que pudiera ver.

La casa abandonada se burlaba de ellos, jugando con sus miedos y su desesperación. Los pasillos parecían extenderse hacia la eternidad, y las voces de sus amigos se volvían más elusivas con cada paso. La entidad que habitaba en la casa parecía disfrutar de su confusión, de su angustia, como si se alimentara de su temor.

Sin embargo, a pesar de los obstáculos y las sensaciones aterradoras que enfrentaron, Jony, Bety y Alicia continuaron avanzando, impulsados por la esperanza de encontrar a sus amigos y la determinación de resolver el enigma que los había atrapado. La casa abandonada guardaba sus secretos con celo, pero también los llamaba con una promesa de revelación. No sabían si estaban caminando hacia la salvación o hacia un destino aún más oscuro, pero ya no había vuelta atrás. Su búsqueda los había llevado al corazón mismo de la pesadilla, y solo el tiempo revelaría qué les esperaba en las sombras.

Mientras Jony, Bety y Alicia continuaban adentrándose en la casa abandonada en busca de sus amigos desaparecidos, la oscuridad y el misterio que los rodeaban se intensificaban. Cada paso parecía llevarlos más profundo en un laberinto de pesadillas, donde la realidad y la ilusión se entrelazaban de manera inquietante.

Las voces de Laura, Alex y Ben seguían resonando en sus oídos, pero parecían provenir de todos lados y ninguna parte al mismo tiempo. Las palabras de sus amigos se fragmentaban y se distorsionaban, como si estuvieran atrapados en algún tipo de limbo entre dimensiones. La sensación de que algo les jugaba una macabra broma no los abandonaba.

La casa, con sus paredes descascaradas y su mobiliario deteriorado, les transmitía una sensación de antigüedad y abandono que se intensificaba con cada paso. El crujido de la madera bajo sus pies era la única banda sonora de su travesía, intercalada con susurros indescifrables que los perseguían sin piedad.

A medida que avanzaban, se toparon con puertas que se abrían y cerraban por sí solas, como si la casa estuviera viva y jugando con ellos. En una habitación, Bety juró haber visto la sombra de su perro perdido, moviéndose fugazmente antes de desaparecer en la oscuridad. En otra ocasión, Jony sintió la mirada penetrante de alguien o algo en la penumbra, pero al encender su linterna, no encontró a nadie.

La confusión y el temor los mantuvieron en constante alerta, pero también los impulsaron a seguir adelante. Las voces de sus amigos se volvían más claras a medida que avanzaban, y aunque el camino parecía sinuoso y caprichoso, tenían la certeza de que se acercaban a ellos. La esperanza de encontrar a Laura, Alex y Ben era lo que los mantenía en pie, enfrentando lo desconocido.

Finalmente, llegaron a una sala en la que las voces de sus amigos se hicieron insoportablemente fuertes. El eco de las palabras de Laura, Alex y Ben llenó la habitación, resonando en sus oídos como un mantra oscuro. Pero a pesar de la intensidad del sonido, no podían determinar de dónde provenían las voces, ya que parecían estar en todas partes y en ninguna parte al mismo tiempo.

La habitación estaba sumida en la penumbra, y las sombras se agitaban en las paredes como si tuvieran vida propia. Las voces se volvieron más claras, pero las palabras que pronunciaban eran incomprensibles, como si hablaran en un idioma desconocido o emitieran sonidos guturales. La tensión en el aire era casi palpable, y los amigos se miraron entre sí, buscando una pista sobre cómo proceder.

Alicia, con su determinación y valentía, decidió dar el primer paso. Avanzó hacia el centro de la habitación, donde las voces parecían converger. Con voz firme, habló en dirección a las sombras: "Laura, Alex, Ben, estamos aquí para ayudarlos. ¿Pueden decirnos dónde están?".

Las voces se detuvieron abruptamente, y un silencio espeso se apoderó de la sala. Luego, como respuesta, una figura borrosa comenzó a formarse en el centro de la habitación. Era como si las sombras mismas cobraran vida, tomando la forma de una figura humana.

El corazón de Alicia latía con fuerza mientras la figura se volvía más definida. Era Laura, pero su apariencia era pálida y sus ojos estaban vacíos, como si hubiera perdido toda expresión de humanidad. Sus labios se movieron, pero lo que salió de ellos fueron palabras incomprensibles y desgarradoras.

Jony, Bety y Alicia se miraron con horror mientras intentaban entender lo que estaba sucediendo. Laura, Alex y Ben estaban frente a ellos, pero algo había cambiado. Habían sido atrapados en un estado entre la vida y la muerte, y su aspecto y comportamiento eran tan inquietantes como las sombras que los rodeaban.

La casa abandonada había revelado su verdad más oscura, y los amigos se encontraban cara a cara con una realidad aterradora. La decisión de seguir adelante en su búsqueda los había llevado a un lugar donde las leyes de la vida y la muerte se habían trastocado, y ahora debían enfrentar las consecuencias de sus acciones.

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