La habitación estaba iluminada solo por la tenue luz de una lámpara de escritorio, creando sombras danzantes que parecían moverse en respuesta a sus pensamientos turbulentos. Jony se debatía entre la curiosidad y el miedo, consciente de que cada palabra escrita en el libro era una promesa de poder y un recordatorio de que no todo en la vida venía sin consecuencias.
Sus dedos temblaban mientras sostenía una pluma, indeciso sobre lo que debía escribir en el libro. La frase "Cumpliré todos tus deseos, pero todo tiene un precio" parpadeaba en su mente, como una señal de advertencia que no podía ignorar. A medida que la noche avanzaba, Jony finalmente dejó la pluma a un lado y decidió que debía buscar más información antes de tomar una decisión.
Durante días, investigó obsesivamente en línea, buscando cualquier referencia al libro celta o a su frase misteriosa. Pero sus esfuerzos solo revelaron fragmentos dispersos de información y teorías no confirmadas. Nadie parecía tener una respuesta clara sobre el "precio" al que se refería el libro. La frustración lo invadió mientras sentía que se adentraba cada vez más en un abismo de incertidumbre.
Una tarde, mientras exploraba las profundidades de una biblioteca local, Jony hizo un descubrimiento intrigante. En un antiguo libro sobre mitología celta, encontró una referencia vaga a un artefacto similar al que tenían en sus manos. Se decía que aquellos que se aventuraban a pedir deseos a tales objetos corrían el riesgo de desencadenar fuerzas sobrenaturales que podían cambiar sus vidas para siempre.
Las horas se alargaron mientras Jony debatía consigo mismo. La oscuridad de la noche se cernía fuera de su ventana, y el silencio solo era interrumpido por el latido frenético de su propio corazón. ¿Qué tipo de precio tendría que pagar si decidía escribir un deseo en el libro? ¿Sería un precio que estaría dispuesto a afrontar?
La incertidumbre lo mantenía despierto, y las posibilidades se agolpaban en su mente. ¿Qué desearía? ¿Cómo podría usar esta oportunidad única? La idea de que sus deseos se hicieran realidad era tentadora, pero Jony también era lo suficientemente perspicaz para entender que rara vez existen regalos sin ataduras en este mundo.
Sin embargo, la tranquilidad de la noche no llegó tan fácilmente como esperaba. Sus sueños estaban plagados de imágenes perturbadoras, como sombras que se retorcían en las esquinas de su mente. En uno de esos sueños, se encontraba atrapado en la casa abandonada, rodeado por un oscuro abismo. El libro celta descansaba abierto frente a él, sus páginas emitían un murmullo inquietante mientras susurros ininteligibles llenaban el aire.
Jony intentaba huir, pero sus piernas se sentían como si estuvieran sumergidas en plomo, incapaces de moverse. La casa parecía cobrar vida propia, sus paredes se estiraban y encogían, como si estuviera respirando. La sensación de que algo lo acechaba en las sombras lo llenaba de terror.
De repente, las palabras del libro comenzaron a danzar en las páginas, formando frases que no podía entender. Intentaba alejarse, pero una fuerza invisible lo mantenía atrapado, sus ojos seguían fijos en las palabras que se retorcían ante él. La frase ominosa, "Cumpliré todos tus deseos, pero todo tiene un precio", se repetía una y otra vez, como un mantra que lo hipnotizaba.
El sueño se volvió aún más aterrador cuando vio las sombras que habían estado acechando en las esquinas de su mente tomar forma. Figuras oscuras y retorcidas se materializaron, rodeándolo, sus ojos sin vida fijos en él. Intentaba gritar, pero su voz se había desvanecido en la pesadilla.
Finalmente, Jony se despertó con un grito ahogado, empapado en sudor y con el corazón galopando. La pesadilla lo había dejado con una sensación inquietante de que el libro y la casa tenían un poder mucho más oscuro de lo que habían imaginado.
Cuando finalmente despertó, el sol brillaba en su habitación, y la luz del día disipó momentáneamente sus preocupaciones nocturnas. Sin embargo, el libro seguía ahí, esperando, recordándole la promesa que contenía. La tentación de explorar su poder era casi abrumadora, pero Jony sabía que necesitaba la opinión de sus amigos antes de tomar una decisión tan trascendental.
Tomó su teléfono y llamó a Ben, el más cercano a él en espíritu aventurero. Ben, siempre dispuesto a enfrentar desafíos, escuchó con creciente interés mientras Jony compartía cada detalle sobre el libro, la escritura celta y la promesa de cumplir deseos. La emoción en la voz de Jony era palpable, y Ben no pudo evitar contagiarse de su entusiasmo. Ben, siempre dispuesto a enfrentar desafíos y aventuras, no pudo evitar emocionarse ante la idea de probar si el libro era verdadero o simplemente un objeto antiguo con letras celtas.
"¡Debemos probar si es verdad o no!" exclamó Ben, su voz llena de emoción. La perspectiva de que los deseos se cumplieran ante sus ojos era demasiado intrigante para resistirse.
La reunión se llevó a cabo en la casa abandonada, el lugar que ahora se había convertido en el epicentro de sus preocupaciones y aventuras. Se sentaron en el suelo, formando un círculo con el libro celta en el centro, como si este tuviera vida propia y estuviera observándolos con sus páginas en blanco llenas de misterio.
Bety, con su experiencia en investigación, fue la primera en tomar la palabra. Compartió lo que había descubierto sobre la historia de la casa, sus propietarios anteriores y cualquier conexión que pudiera tener con el libro. Sin embargo, sus investigaciones habían arrojado pocos resultados sólidos, y la casa aún guardaba la mayoría de sus secretos.
Ben, quien había sido el primero en probar el poder del libro, compartió su experiencia de ganar la lotería. Aunque había sido una sorpresa agradable, también sentía que algo no cuadraba del todo. La velocidad con la que su deseo se había cumplido había sido demasiado repentina para ser considerada una casualidad, lo que solo alimentaba su inquietud.
Jony, por su parte, detalló su experiencia de sentirse observado y perseguido después de dejar la casa la noche anterior. Explicó cómo había corrido en busca de refugio, incapaz de sacarse la sensación de que algo lo acechaba de la cabeza. Su pesadilla también fue compartida en detalle, lo que dejó a sus amigos con escalofríos.
Alicia, que inicialmente había estado en contra de interactuar con el libro debido a sus temores, expresó sus preocupaciones nuevamente. Había visto de cerca el miedo que había experimentado Jony, y eso la hacía dudar aún más de las intenciones del libro.
Sin embargo, Ben, conocido por su valentía y su personalidad audaz, estaba decidido a poner a prueba el libro. Con una expresión desafiante, tomó una pluma y escribió en una de las páginas: "Quiero ganar la lotería".
La risa se extendió por la habitación mientras Jony se burlaba de Ben por su elección. "¿Cómo planeas ganar la lotería si nunca juegas?" preguntó entre risas.
Ben, sin inmutarse, respondió con confianza: "Bueno, si el libro cumple deseos, ¡entonces eso no debería ser un problema!".
La noche transcurrió en medio de risas y bromas, pero también con una sensación de anticipación. Después de escribir su deseo en el libro, Ben miró hacia sus amigos con una sonrisa expectante, como si estuviera seguro de que el libro cumpliría su pedido. A pesar de la emoción, un cierto aire de incredulidad flotaba en la habitación. ¿Podría un antiguo libro realmente otorgar deseos?
La velada continuó con conversaciones animadas sobre lo que cada uno de ellos desearía si el libro resultaba ser auténtico. Cada uno tenía sus propios sueños y anhelos, y la perspectiva de que se hicieran realidad era emocionante y, al mismo tiempo, aterradora.
Cuando finalmente se despidieron y cada uno regresó a su casa, la mente de Ben estaba llena de pensamientos sobre cómo gastaría el dinero que ganaría en la lotería. Soñaba con mansiones, autos deportivos y viajes exóticos. Pero también había una vocecita en su interior que le recordaba la advertencia del libro: "Todo tiene un precio". La idea de que podría haber consecuencias desconocidas lo inquietaba, pero su deseo de riqueza lo hacía seguir adelante.
Mientras Ben se dirigía a su casa después de la reunión en la casa abandonada, una sorpresa inesperada lo aguardaba. Al pasar por un puesto de promoción de raspaditas, recibió una de ellas como parte de la campaña publicitaria. Sin mucha expectativa, rasgó la tarjeta para descubrir si había ganado algo. Para su asombro, el símbolo ganador apareció en la casilla correspondiente al premio mayor: 500.000 pesos.
La emoción lo invadió de inmediato. Era difícil de creer que su deseo, escrito en el misterioso libro celta la noche anterior, se hubiera cumplido tan rápido y de una manera tan inusual. Sintiendo una mezcla de incredulidad y alegría, Ben sacó su teléfono y comenzó a enviar mensajes a sus amigos para compartir la noticia.
Los mensajes llegaron a sus amigos uno por uno, y sus respuestas no se hicieron esperar. Todos estaban sorprendidos y emocionados por la noticia, pero también se preguntaban si la coincidencia de ganar en la lotería tan repentinamente podía ser una mera casualidad.
Alicia sugirió que tal vez todo había sido obra del destino, una alineación de eventos que llevaron a la sorpresa de la lotería. Ben, aunque intrigado por la idea, no podía evitar sentir que el libro celta tenía algo que ver con su suerte inusual. La promesa de cumplir deseos y la rapidez con la que sucedió todo le parecían demasiado sospechosas para ser simples casualidades.
La noticia del premio de Ben solo agregó más misterio a la situación y aumentó la ansiedad del grupo por probar el libro celta. Ahora, con una prueba de que las cosas podrían suceder tan rápido como lo deseaban, la tentación de escribir sus propios deseos era aún mayor. La casa abandonada y el libro antiguo esperaban su próxima visita, donde enfrentarían decisiones cruciales que podrían cambiar sus vidas de maneras que ni siquiera podían imaginar.
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