La noche pasó sin ningún evento extraño, pero para Bety y Alicia, la calma era solo superficial. Las clases estaban por comenzar, y la idea de no volver a ver a sus amigos los retorcía el corazón y llenaba sus ojos de lágrimas cada vez que lo pensaban. Cada día que pasaba sin noticias de sus amigos desaparecidos aumentaba su ansiedad y su sensación de impotencia.
Durante esa semana de relativa calma, el instituto parecía sumido en un silencio inquietante. Las clases se desarrollaban con normalidad, pero la atmósfera en los pasillos y aulas estaba cargada de una tensión palpable. Los rostros de los estudiantes y profesores reflejaban la tristeza y la preocupación que habían tomado residencia en sus corazones.
La ausencia de sus amigos se hacía más evidente con cada día que pasaba. Bety y Alicia, aunque estaban rodeadas de gente, se sentían solas en su dolor. Cada rincón del instituto les recordaba a los momentos compartidos con sus amigos desaparecidos, y las lágrimas amenazaban con brotar en cualquier momento.
La seremonia en honor a los alumnos desaparecidos fue un evento sombrío que dejó una marca imborrable en sus almas. Los rostros afligidos de los padres y familiares de los estudiantes ausentes eran un testimonio conmovedor del profundo dolor que todos compartían. Bety y Alicia, con el corazón destrozado, se unieron a la ceremonia para rendir homenaje a sus amigos y expresar su solidaridad con aquellos que también habían perdido a sus seres queridos.
El silencio en la sala de actos era opresivo, solo interrumpido por los sollozos de quienes lloraban en silencio. Cada nombre de los estudiantes desaparecidos que se mencionaba durante la ceremonia hacía que el nudo en la garganta de Bety y Alicia se apretara aún más. La tristeza y la impotencia se entrelazaban en sus corazones mientras anhelaban ver de nuevo a sus amigos y desentrañar el misterio que los rodeaba.
Al final de la seremonia, mientras las luces se atenuaban y los asistentes se dispersaban lentamente, Bety y Alicia permanecieron en su lugar, con las lágrimas corriendo por sus mejillas. Se sentían abrumadas por la sensación de pérdida y el peso de la incertidumbre que colgaba sobre sus cabezas.
El regreso a las clases solo aumentó la carga emocional que llevaban consigo. La hostilidad y los rumores que las rodeaban se habían vuelto casi insoportables. A medida que avanzaban por los pasillos, las miradas acusatorias y los susurros maliciosos las perseguían, como sombras que se negaban a desaparecer.
Bety y Alicia se habían convertido en parias en su propio instituto, aisladas de aquellos que alguna vez habían considerado amigos. Cada palabra cruel que se decía a sus espaldas, cada mirada llena de desprecio, socavaba aún más su confianza y les hacía sentir que estaban atrapadas en una pesadilla sin fin.
A medida que los días avanzaban, la tensión en el instituto aumentaba. Las miradas de sospecha y hostilidad se volvían más frecuentes, y Bety y Alicia se encontraban aisladas de la mayoría de sus compañeros. Sus nombres se susurraban en pasillos oscuros, y los rumores se extendían como un incendio forestal, distorsionando la realidad y agregando elementos cada vez más macabros a la historia.
A pesar de su determinación inicial de enfrentar la oscuridad que las rodeaba, Bety y Alicia comenzaron a sentirse abrumadas por la carga de la culpa y el miedo. No solo habían perdido a sus amigos, sino que también estaban siendo acusadas injustamente de ser responsables de su desaparición.
Una tarde, mientras caminaban por el pasillo del instituto, sintieron que los murmullos a su alrededor se intensificaban. Las miradas acusatorias las seguían, y Bety apretó los puños con frustración. No podían soportar más esta situación. Necesitaban respuestas, necesitaban entender lo que estaba sucediendo y encontrar una manera de detener la maldición que parecía haber caído sobre ellos.
Una semana de relativa calma transcurrió sin incidentes sobrenaturales, pero Bety y Alicia seguían atormentadas por la desaparición de sus amigos. Las clases habían comenzado como de costumbre, pero no había día en que no sintieran un dolor punzante en el corazón al no ver a sus amigos de nuevo. La mera idea de que tal vez nunca los volverían a ver les retorcía el alma y hacía que sus ojos se llenaran de lágrimas.
A medida que los días pasaban, la incertidumbre y el dolor se volvían más insoportables. Las risas y los susurros de sus compañeros en el instituto les parecían lejanos y ajenos. Se sentían atrapadas en una burbuja de tristeza y soledad, donde solo los recuerdos de sus amigos desaparecidos les acompañaban.
Cada mañana, al entrar al instituto, un nudo en el estómago las asaltaba al darse cuenta de que sus amigos no estaban allí esperándolas como solían hacerlo. Caminar por los pasillos vacíos donde solían compartir risas y confidencias era una experiencia desgarradora.
La serenidad aparente del instituto se rompió una mañana cuando se celebró una emotiva ceremonia en honor a los alumnos desaparecidos. La sala de actos estaba llena de padres, familiares y estudiantes que compartían el mismo dolor. Bety y Alicia se encontraban en la audiencia, sus ojos llenos de lágrimas y sus corazones llenos de pesar.
La lectura de los nombres de los alumnos desaparecidos resonaba en sus oídos como un recordatorio constante de la tragedia que les había golpeado. Cada nombre pronunciado les hacía sentir la ausencia de sus amigos de manera más aguda. Sus lágrimas se unieron a las de los demás mientras compartían el dolor y la angustia.
Al final de la seremonia, cuando las luces se atenuaron y los asistentes comenzaron a retirarse, Bety y Alicia permanecieron en su lugar, incapaces de moverse. Sus rostros estaban empapados de lágrimas, y sus manos temblaban mientras se aferraban a la esperanza de que algún día verían a sus amigos de nuevo.
El regreso a las clases solo acentuó la carga emocional que llevaban consigo. Las miradas acusatorias de algunos compañeros y los rumores maliciosos que circulaban por el instituto las herían profundamente. Se sentían incomprendidas y excluidas, como si estuvieran atrapadas en un mundo que las había vuelto enemigas.
El dolor y la soledad se apoderaron de ellas, y cada día se volvía una lucha para enfrentar el juicio y el rechazo de quienes alguna vez consideraron amigos. Las palabras hirientes y los comentarios crueles pesaban sobre sus corazones y minaban su autoestima. Cada mirada llena de desprecio les hacía sentirse más pequeñas y vulnerables.
Decididas a descubrir la verdad y limpiar sus nombres, Bety y Alicia se embarcaron en una búsqueda exhaustiva de información. Se sumergieron en libros antiguos y oscuros sobre mitología celta, escudriñando las páginas en busca de pistas que pudieran arrojar luz sobre la entidad oscura que habían liberado.
Las noches se convirtieron en maratones de lectura, con lámparas tenues iluminando sus rostros concentrados. Las páginas gastadas de los textos antiguos se volvieron su refugio, y cada anotación en los márgenes era un paso más hacia la comprensión. A pesar de no saber a quién acudir ni en quién confiar, estaban dispuestas a enfrentar cualquier peligro con tal de recuperar a sus amigos y restaurar su reputación.
Con cada descubrimiento, su determinación crecía. Las leyendas celtas hablaban de seres oscuros y maldiciones ancestrales que podían ser convocados involuntariamente, y Bety y Alicia comenzaron a atar cabos sueltos que antes les habían pasado desapercibidos. Cada página leída les acercaba un poco más a desentrañar el enigma que se cernía sobre ellos, sin importar cuán aterradora pudiera ser la verdad que aguardaba en las sombras del pasado.
Sus conversaciones se llenaron de teorías y suposiciones, y no pasaba un día sin que compartieran sus hallazgos e inquietudes. Cada nuevo fragmento de información los acercaba un paso más a la solución, y aunque el camino estaba lleno de obstáculos y peligros, no había vuelta atrás. Estaban decididas a seguir adelante, a enfrentar la oscuridad que habían desencadenado y a traer de vuelta a sus amigos, sin importar las consecuencias que ello conllevara.
El camino hacia la redención y la liberación de sus amigos estaba plagado de obstáculos y desafíos que parecían insuperables, pero juntas, Bety y Alicia estaban decididas a enfrentar cada uno de ellos con coraje y determinación. A medida que avanzaban en su búsqueda de respuestas, la sensación de urgencia se volvía más apremiante. El silencio inquietante que había caído sobre el instituto solo aumentaba su determinación.
Cada noche, después de las clases y las investigaciones exhaustivas, se reunían en la habitación de Bety, iluminada solo por la tenue luz de una lámpara de escritorio. Allí, rodeadas de libros antiguos y pergaminos llenos de símbolos misteriosos, compartían sus descubrimientos y debatían sobre las teorías que habían desarrollado.
El estrés y la tensión de la situación comenzaban a hacer mella en ellas, pero no permitían que eso las detuviera. Sabían que la oscuridad acechante no descansaría fácilmente, y su determinación se fortalecía con cada noche de investigación. Estaban dispuestas a luchar hasta el final, sin importar cuán aterrador o desconocido fuera el enemigo que tenían ante ellas.
A medida que profundizaban en el mundo de la mitología celta y las leyendas oscuras, se dieron cuenta de que su búsqueda no solo les estaba proporcionando pistas cruciales, sino que también las estaba conectando con una realidad oculta y aterradora. No se trataba solo de rescatar a sus amigos, sino de enfrentar lo desconocido y de desafiar las fuerzas que habían sido liberadas.
Cada paso que daban las acercaba un poco más al corazón de la oscuridad, y aunque el camino estaba lleno de incertidumbre y peligros, no había vuelta atrás. Bety y Alicia se aferraban a la esperanza de que, al final de su travesía, encontrarían la manera de liberar a sus amigos de las garras de la entidad oscura y de restaurar la paz en sus vidas y en su instituto.
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