La noche se cernía sobre la casa de Bety como una pesadilla. Alicia había salido hace unas horas para recoger algunas pertenencias de su casa, pero lo que debía ser una tarea sencilla se había convertido en una espera interminable para Bety. La ansiedad la estaba carcomiendo mientras miraba constantemente por la ventana, buscando cualquier señal del regreso de su amiga. El reloj en la pared parecía moverse más lentamente que nunca.
Las sombras se extendían por la habitación, y la oscuridad de la noche parecía más densa de lo normal. La luz de la luna estaba ausente, y el mundo exterior estaba sumido en una negrura inquietante. Cada rincón de la casa cobraba vida con sombras que se movían y se retorcían de manera incomprensible.
Bety buscó su teléfono para llamar a Alicia y verificar su ubicación, pero no pudo encontrarlo en ninguna parte. La sensación de opresión en su pecho se intensificó, y una inquietante inquietud la invadió por completo.
El eco de la voz de Jony resonaba en la mente de Bety, repitiendo su nombre una y otra vez como una letanía macabra que la llenaba de terror. La figura de Jony, apenas visible en la oscuridad de la noche, permanecía inmóvil frente a la puerta principal de la casa. Su presencia, que normalmente habría sido reconfortante, ahora era aterradora y ominosa.
Bety avanzó hacia Jony con vacilación, su corazón golpeando con fuerza en su pecho mientras se acercaba a la figura en la penumbra. Cuando finalmente alcanzó su mano, experimentó un escalofrío que recorrió su espalda de arriba abajo. La mano de Jony estaba fría como el hielo, húmeda y clammy, como si estuviera empapada en agua helada. La piel de Jony parecía despojada de su color natural, palideciendo aún más ante la tenue luz que emanaba de la casa de Bety.
Y entonces, en un giro de los acontecimientos que parecía sacado de una pesadilla, el cuerpo de Jony se envolvió en llamas. Un grito desgarrador brotó de sus labios mientras el fuego ardiente lo consumía sin piedad. Bety retrocedió con horror, paralizada por la visión espantosa que se desplegaba ante sus ojos. Jony continuaba gritando, su voz llena de agonía, mientras su cuerpo se retorcía en el dolor infernal del fuego que lo devoraba sin piedad. Sus ropas se consumían, y su piel se volvía cenizas en el viento.
Bety no podía hacer nada más que observar impotente mientras su amigo, su querido Jony, se convertía en una antorcha viviente. Las llamas danzaban a su alrededor, iluminando la oscuridad de la noche con un resplandor macabro. El olor a carne quemada llenaba el aire, y el sonido de los gritos de Jony era ensordecedor.
El horror de la escena la paralizó, y Bety no pudo apartar la mirada de la horrenda transformación que estaba presenciando. Era como si estuviera atrapada en un sueño espantoso, pero sabía que esto era real, que Jony estaba siendo consumido por el fuego ante sus propios ojos.
Y entonces, en un instante que pareció una eternidad, la figura en llamas de Jony se desvaneció, dejando solo cenizas y humo en su lugar. La oscuridad de la noche se cerró alrededor de Bety una vez más, y la sensación de opresión en su pecho se hizo insoportable. No había rastro de Jony, solo el eco de sus gritos de agonía resonando en su memoria.
Bety cayó al suelo, temblando y en estado de shock. Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras intentaba asimilar la pesadilla viviente que había presenciado. La casa, que antes había sido su refugio, ahora parecía un lugar de pesadilla, lleno de peligros y horrores desconocidos.
De repente, Bety sintió una mano sobre su hombro, y al volverse, se encontró con los ojos de su amiga Alicia. La luz del sol, que parecía ausente en la pesadilla que había experimentado, iluminaba la calle y la casa. No habían pasado ni dos horas desde que Alicia había salido para recoger algunas pertenencias de su casa, y el contraste entre la oscuridad de su pesadilla y la luz del día era desconcertante.
Alicia se apresuró hacia su amiga, alarmada por el estado en el que la encontró. Bety yacía en el suelo, temblando y en estado de shock, con los ojos llenos de lágrimas y horror. No había manera de ocultar el impacto de la pesadilla que había vivido.
"Bety, Bety, ¿qué pasó?" preguntó Alicia, con urgencia en su voz mientras la abrazaba con fuerza, tratando de calmarla.
Bety, todavía aturdida, apenas podía articular palabras coher
entes. "Lo vi, a Jony... se prendió fuego y gritaba que lo había matado".
Alicia miró a su amiga con preocupación, sin entender completamente la magnitud de lo que había sucedido. Sabía que debían enfrentar algo aterrador y sobrenatural, pero las imágenes vívidas y espeluznantes de las pesadillas que habían experimentado eran difíciles de procesar.
Se aferraron la una a la otra, buscando consuelo y apoyo mutuo en medio de la confusión y el terror. La casa, que antes había sido un refugio, ahora parecía un lugar lleno de peligros desconocidos. La entidad oscura que habían liberado parecía jugar con sus mentes y sus percepciones, sumiéndolos en pesadillas vivas que desafiaban cualquier explicación lógica.
La casa, que antes había sido un refugio, ahora parecía un lugar lleno de peligros desconocidos. Las amigas se aferraron una a la otra, sabiendo que debían encontrar una manera de enfrentar esta oscuridad que las acechaba y salvar a sus amigos desaparecidos. Pero la pregunta seguía siendo: ¿cómo detener algo que parecía estar en todas partes y en ninguna parte al mismo tiempo?
Bety y Alicia se abrazaron con fuerza, buscando consuelo en la presencia mutua mientras intentaban procesar la horrenda pesadilla que habían vivido. Las lágrimas seguían fluyendo, y el miedo se había apoderado de ellas de una manera que nunca habían experimentado antes. La casa que antes les había brindado comodidad y seguridad ahora parecía un lugar sombrío y amenazador.
El ruido sordo que había interrumpido su abrazo resonó en la habitación con una intensidad inquietante. A medida que las notas se desvanecían, el silencio que se cernía sobre ellas parecía aún más ominoso. Sus corazones latían con fuerza mientras buscaban la fuente del sonido, sus ojos escudriñando cada rincón del dormitorio de Bety.
El mobiliario parecía estar en su lugar, y no había señales evidentes de intrusos ni de objetos que pudieran haber causado el ruido. Sin embargo, la atmósfera en la habitación se volvía cada vez más densa, como si el aire mismo estuviera impregnado de un malestar palpable. Un escalofrío recorrió sus espinas mientras el miedo se apoderaba de ellas.
Decidieron avanzar con precaución hacia el dormitorio de Bety, donde el sonido había sido más fuerte. La puerta, que habían dejado abierta, se balanceaba suavemente como si una brisa invisible la hubiera movido. Bety la empujó con cautela, y la habitación se reveló ante ellas.
La tenue luz de la luna se filtraba por las cortinas, creando un juego de sombras en la habitación. Sus ojos se posaron en la figura de la cama de Bety, que parecía estar en silencio y en orden. Sin embargo, algo llamó su atención. El espejo de cuerpo entero que se encontraba en una esquina de la habitación reflejaba una imagen inquietante.
En el reflejo, sus propias figuras se veían diminutas y distorsionadas, mientras que detrás de ellas, en las sombras, parecía haber una presencia oscura y borrosa. Una sensación de pánico las envolvió mientras observaban cómo la figura en el espejo se movía, como si estuviera acechando en el rincón más oscuro de la habitación.
El ruido sordo volvió a resonar en sus oídos, esta vez más cerca. Se volvieron rápidamente hacia la cama de Bety, y sus ojos se abrieron con horror. El libro celta que habían intentado quemar y destruir estaba allí, sobre la cama, en perfecto estado. No había un solo rasguño ni señal de que hubiera sido tocado por el fuego.
El miedo las paralizó mientras observaban el libro, y un susurro incomprensible llenó la habitación. Las palabras en celtas en las páginas del libro parecían cobrar vida propia, brillando con un resplandor siniestro en medio
de la penumbra. Era como si el libro estuviera burlándose de ellas, desafiándolas con su presencia ominosa.
Alicia y Bety sintieron que estaban atrapadas en una pesadilla viva. Habían intentado destruir el libro para poner fin a la maldición que habían desencadenado, pero en lugar de eso, parecía haber regresado con más fuerza y determinación. La entidad oscura que habitaba en sus páginas parecía estar dispuesta a todo con tal de mantener su influencia sobre ellas.
El miedo se apoderó de ellas nuevamente. Habían esperado que el acto de quemar el libro pondría fin a la pesadilla que habían desencadenado, pero ahora se enfrentaban a la evidencia de que algo mucho más oscuro estaba en juego. La entidad oscura que habitaba en el libro parecía burlarse de sus esfuerzos y regresar con más fuerza que nunca.
Bety tomó el libro con manos temblorosas y lo examinó con incredulidad. No había duda de que era el mismo libro que habían intentado destruir, pero estaba completamente ileso. El fuego no parecía haberle afectado en absoluto. Las palabras celtas en su interior brillaban con un tenue resplandor, como si estuvieran impregnadas con una energía misteriosa.
Alicia miró el libro con un escalofrío recorriendo su espalda. "Esto no puede ser real", murmuró. "Debemos estar soñando o algo peor".
Bety asintió, incapaz de apartar la vista del libro. "No sé qué está pasando, Alicia, pero tenemos que encontrar una manera de detener esto de una vez por todas. No podemos permitir que siga causando más dolor y sufrimiento".
Decididas a enfrentar la oscuridad que las rodeaba, Bety y Alicia tomaron el libro celta con determinación. Sabían que debían encontrar respuestas y una forma de liberar a sus amigos de la maldición que habían desencadenado. Pero el camino por delante parecía más peligroso y lleno de enigmas que nunca, y no tenían idea de lo que les esperaba mientras se adentraban en lo desconocido.
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