capitulo 18: bety

La mañana siguiente, como era costumbre, Alicia se preparó para ir a casa de Bety antes de dirigirse juntas al instituto. Sin embargo, al salir de su casa, fue recibida por el sonido estridente de las sirenas de la policía. Una patrulla de control animal pasó velozmente por la calle, con las luces parpadeantes y la sirena resonando en el aire.

La alarma de Alicia se disparó de inmediato. Sabía que algo debía estar terriblemente mal si la policía y los controladores de animales estaban involucrados. Sin perder un segundo, comenzó a correr en dirección a la casa de Bety, con un presentimiento oscuro que la atormentaba.

Al llegar a la casa de su amiga, la escena que se presentó ante sus ojos la dejó sin aliento. Los padres de Bety estaban en la puerta principal, visiblemente perturbados y asustados. Lo que más la impactó fue la puerta destrozada, con marcas profundas de garras que parecían haber sido hechas por un animal salvaje.

Alicia se acercó a los padres de Bety con los ojos llenos de temor y preocupación, preguntando con voz temblorosa qué había sucedido. La madre de Bety, con lágrimas en los ojos, abrazó a Alicia y comenzó a contarle lo que había ocurrido. La historia era aterradora.

Un perro salvaje, del que nadie sabía su origen ni cómo había llegado allí, se había metido a la casa de Bety. Lo que siguió fue un ataque brutal y feroz contra su amiga. Las heridas eran espantosas, y Bety había sido llevada de urgencia al hospital, donde estaba luchando por su vida.

Alicia sintió que su mundo se derrumbaba a su alrededor. La noticia la dejó en estado de shock, incapaz de comprender cómo algo tan horrendo podía haber ocurrido. Los padres de Bety estaban devastados, y Alicia se unió a ellos en su dolor y sufrimiento. La angustia se apoderaba de su corazón mientras imaginaba el sufrimiento que su amiga debía estar experimentando.

Sin embargo, también había algo que no cuadraba en toda esta situación. La idea de que un simple perro salvaje pudiera infligir heridas tan terribles y causar tanto daño parecía irracional. Alicia sabía que debía haber algo más detrás de este espeluznante incidente, algo que iba más allá de la explicación lógica.

Los padres de Bety, desesperados por saber qué había llevado al ataque y cómo habían llegado a esa situación, estaban buscando respuestas. Llamaron a la policía y al control animal para investigar el incidente y tratar de identificar al perro salvaje en cuestión. Mientras tanto, Alicia decidió ir al hospital para estar junto a su amiga y ofrecerle su apoyo en este momento tan oscuro.

Al llegar al hospital, Alicia encontró a Bety en una habitación llena de máquinas y equipos médicos. Su amiga estaba pálida y débil, con vendajes cubriendo las heridas en su cuerpo. El rostro de Bety estaba lleno de dolor, pero también de confusión y miedo.

Alicia se aproximó a la cama de Bety con los ojos vidriosos de lágrimas y con cuidado tomó su mano. Las heridas de su amiga eran extremadamente graves, y había sufrido una pérdida significativa de sangre. Bety se encontraba en coma, su cuerpo yacía inmóvil en la cama del hospital, luchando por sobrevivir mientras las máquinas monitoreaban sus signos vitales.

La policía y los controladores de animales continuaron investigando el incidente, pero las respuestas eran esquivas y confusas. No había señales claras de cómo el perro salvaje había llegado a la casa de Bety ni por qué había atacado de manera tan feroz. Las marcas de garras en la puerta y la destrucción en la casa no se correspondían con el comportamiento típico de un animal salvaje.

La noche avanzaba lentamente mientras Bety se acostaba en su cama, aún con lágrimas en los ojos. El reencuentro con Tyno había sido fugaz y lleno de incertidumbre. Mientras el sueño ganaba terreno, Bety comenzó a sentir un ruido inusualmente fuerte, algo que la hizo sobresaltar en su cama.

Se sentó de golpe y, en medio de la oscuridad de la habitación, vio una figura ominosa: Tyno estaba de pie en el centro de la habitación. Aunque el corazón de Bety latía con alegría por verlo, también estaba lleno de temor. La habitación parecía más oscura de lo normal, y la silueta de Tyno se recortaba de manera espeluznante en la penumbra.

"Tyno, ¿eres realmente tú?", murmuró Bety con voz temblorosa, mientras intentaba discernir si se trataba de su querida mascota o de algo completamente distinto. La única respuesta que recibió fue un gruñido, un gruñido que comenzó suavemente pero que pronto se intensificó, llenando la habitación con una amenaza palpable.

El gruñido de Tyno era aterrador y desgarrador. Bety quería alejarse, gritar, huir de esa pesadilla, pero se sentía paralizada por el miedo. Su pequeño y querido Tyno se estaba transformando frente a sus ojos en algo completamente siniestro y desconocido.

La transformación era aterradora. El pequeño cuerpo de Tyno se estremecía y se retorcía, adoptando una forma cada vez más grotesca y monstruosa. Sus ojos, una vez cálidos y amigables, ahora brillaban con una malicia insondable. La pesadilla que se desplegaba ante Bety no parecía tener fin.

La metamorfosis de Tyno fue un espectáculo de horror que se desarrolló ante los ojos aterrados de Bety. Su pequeño cuerpo se estremeció y retorció de manera grotesca, como si estuviera siendo moldeado por fuerzas demoníacas. Las extremidades de Tyno se alargaron y sus huesos crujieron de manera espeluznante mientras su tamaño crecía exponencialmente.

La criatura que surgía de la piel de Tyno ya no tenía nada que ver con el adorable perrito que Bety conocía y amaba. Ahora se asemejaba más a una bestia de pesadilla, con pelaje oscuro y enmarañado que se erizaba como espinas en su espalda. Sus fauces se abrieron de par en par, y de ellas sobresalían dientes afilados y goteantes de saliva viscosa. El hedor fétido que emanaba de la criatura llenó la habitación, mezclándose con el olor metálico de la sangre que había empezado a derramarse.

El gruñido de Tyno se transformó en un rugido gutural y ensordecedor que parecía sacudir las paredes de la habitación. La criatura se abalanzó hacia Bety, con ojos inyectados en sangre y un deseo insaciable de destrucción. Bety intentó gritar, pero su voz quedó atrapada en su garganta, sofocada por el pánico que la paralizaba.

La pesadilla que se desplegó en la habitación fue una sinfonía de horrores. Los aullidos de la criatura se mezclaron con los gritos silenciosos de Bety mientras era atacada sin piedad. Los sonidos de carne desgarrada y huesos quebrándose llenaron el aire, creando una cacofonía de sufrimiento y terror.

La habitación se convirtió en un escenario dantesco de lucha entre la indefensa Bety y la criatura que una vez había sido su amado Tyno. La sangre brotaba de las heridas de Bety mientras luchaba por protegerse, pero la fuerza y la ferocidad de la criatura eran abrumadoras. Cada intento de Bety por defenderse era respondido con violencia, y sus fuerzas se desvanecían rápidamente.

Finalmente, la criatura logró someter a Bety, sus fauces se cerraron sobre su garganta en un ataque final y mortal. La visión se oscureció mientras la vida de Bety se desvanecía, y todo lo que quedó fue el silencio, roto solo por la respiración pesada y voraz de la criatura que había sido Tyno.

La habitación quedó impregnada de un aura de horror y desolación. La pesadilla que había ocurrido allí dejó cicatrices indelebles en las paredes y en la mente de cualquier testigo. El precio del deseo de Bety había sido mucho más alto de lo que jamás podría haber imaginado.

Nuevamente en el hospital, Alicia se quedo dormida sosteniendo la mano de su amiga, El sueño de Alicia fue una pesadilla de proporciones infernales. Se encontró persiguiendo la figura de Bety en una penumbra interminable, mientras su amiga se alejaba cada vez más. La impotencia la atormentaba mientras intentaba alcanzarla, pero una fuerza invisible parecía separarlas de manera inexorable.

Cuando finalmente logró acercarse lo suficiente a Bety, lo que vio la llenó de un horror indescriptible. El rostro de su amiga estaba completamente desfigurado, una máscara grotesca de sufrimiento y tormento. Los ojos de Bety, llenos de un dolor insondable, se encontraron con los de Alicia, y susurros incomprensibles y aterradores escapaban de sus labios mutilados.

Alicia sintió un nudo en el estómago mientras Bety le decía, entre gemidos y balbuceos, que ya había pagado el precio de su deseo. La imagen de su amiga se volvió aún más retorcida y grotesca, como si su piel se estuviera derritiendo. Un grito agónico rasgó el aire, y Alicia se despertó de golpe, con el corazón latiendo descontroladamente.

El sonido estridente de un pitido la sacó de su pesadilla, y se encontró rodeada por médicos y enfermeras que ingresaron apresuradamente en la habitación de Bety. Alicia fue sacada de la habitación abruptamente, sin entender del todo lo que estaba sucediendo. La noticia era devastadora: Bety había entrado en paro cardíaco y, a pesar de los esfuerzos del personal médico, finalmente había fallecido.

La conmoción y el dolor se apoderaron de Alicia. La pérdida de su amiga, junto con la pesadilla que había experimentado, la sumieron en una profunda angustia. La vida de Bety había sido arrebatada de manera brutal y misteriosa, y Alicia se encontraba en medio de un torbellino de emociones abrumadoras mientras intentaba comprender lo ocurrido.

La sensación de que algo oscuro y siniestro había estado rondando sus vidas se intensificó, y Alicia sabía que debía enfrentar la verdad detrás de los horrores que habían vivido. La pérdida de Bety era una herida que nunca sanaría por completo, pero su memoria la impulsaba a descubrir el secreto que había llevado a su trágico destino. La oscuridad que acechaba en las sombras debía ser enfrentada, y Alicia estaba decidida a encontrar respuestas, incluso si eso la llevaba a adentrarse en el abismo del horror más profundo.

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