Capítulo ocho - Semana de incripciones
—La Academia Nueva Era posee un refugio antibombas. Fue pensada para soportar cualquier clase de acontecimiento catastrófico.
—¿Por qué? —pregunté al fin.
—Porque aquí, en este colegio se encuentra el futuro del mundo —dijo y después de aplaudir las luces se encendieron, dejando ante nosotras un sitio inmenso que se encontraba completamente vacío. Las paredes eran blancas, pero estábamos bajo tierra, por lo que no había ventanas, sin embargo, se notaba que se encontraba ventilado.
—¿Por qué me trajiste aquí? —pregunté nerviosa.
—Eres una de las alumnas más inteligentes que entraron en la academia. Y no queremos que tu talento se desperdicie —dijo y después de abrir una puerta que parecía oculta en la pared, me mostró un equipo que se parecía al que yo había hecho para hacer que plantas sobrevivan, para el concurso en mi colegio. Solo que este era mucho más grande—. Pocas personas saben que esto existe.
—Es increíble —dije y presioné un botón y se abrió. Una persona podía entrar ahí.
—Es para humanos, una persona puede vivir ahí y su cuerpo no envejece. Nuestros científicos tardaron casi un día completo en poder entender cuál era el botón para que se abriera —me dijo Amanda y me sorprendí.
—Nos gustaría que una vez a la semana trabajaras con nosotros. Trataremos de no impedir tu desarrollo en las otras áreas de tu vida. Te ofrecemos a cambio una respuesta a tu enfermedad. Pondré a los mejores a investigar —dijo Amanda y sonreí.
—Eso es imposible, porque los mejores serían mi madre y mis tíos Frederick y Dala —dije y Amanda me pidió que me diera vuelta. Mi madre estaba ahí.
—Mamá. —Casi grito de la emoción, y la abracé.
—Hola, cariño —dijo mi madre y casi me puse a llorar.
—Dijiste que no nos veríamos en nueve meses —le reclamé.
—Lo sé, pero tenía que ser así. Es un secreto que estoy aquí con Frederick y Dala —dijo mi madre sorprendiéndome. Amanda había dicho la verdad, los mejores me tratarían.
—Acepto, Amanda —dije y mamá sonrió.
Me hicieron prometer que no le diría a mi hermana que mamá estaba en la academia. Por lo que al regresar al dormitorio le dije a Emma que me encontraba mejor de salud. Y le expliqué que no podríamos estar juntas en varias de las materias.
—Me lo imaginaba, tú eres mucho más inteligente —dijo ella mientras buscaba algo en su bolso—. ¿Viste las perlas de la abuela?
A veces sentía que era yo la que quería estar con ella, y me ponía triste el pensar que Emma estaba bien sin mí.
—Lo tengo en mi valija, pero está roto, por lo que te pediría que no lo sacaras —dije y busqué un libro, saldría al patio a leer un rato. Sofí era una buena chica, pero demasiado ruidosa para mí. Aunque nuestro dormitorio era amplio y teníamos cada una nuestro cuarto, ella se la pasaba cantando y escuchando música y se escuchaba en todos lados.
—¿A dónde vas? —me preguntó Emma y le dije que a leer.
—¿No quieres que te acompañemos? —me preguntó, pero Sofí le recordó que debían ir a ver el club de teatro.
—Hablamos en la cena —le dije y me fui.
A mi móvil me llegó un mensaje de Amanda, me pedía que pasara por la oficina de su madre para que me dieran algo de información sobre el proyecto para que la leyera. Me coloqué los cascos y puse música en el móvil de camino a la dirección. La música clásica me ayudaba que los dolores de cabeza desaparecieran. No me gustaba tener que tomar todo el tiempo las pastillas que mi madre me había dado.
—Augusto, debes entender quién eres. No puedes hacer lo que quieras. Sabes lo importante que es mantener nuestra reputación —escuché a un hombre hablar antes de golpear la puerta de la dirección. Por lo que me detuve.
—Amadeo, eres demasiado estricto. Augusto no volverá a equivocarse. ¿Verdad, cariño? —preguntaba una mujer.
Golpee la puerta, ya que empezaba a sentirme incómoda.
—Debe ser Hanna —dijo la mujer y me abrió la puerta—. Querida, te estábamos esperando.
Me sorprendí de ver al presidente de mi país en la oficina de la señora Li.
—Buenas tardes, Hanna. Eres muy parecida a tu padre —dijo el presidente y sonrió.
—Disculpen, no sé qué hago aquí —dije al notar que estaban en medio de algo. Augusto parecía serio, ni siquiera me miraba.
—Deja que me disculpe en nombre de mi hijo. Las cámaras vieron que él estuvo en tu dormitorio ayer por la noche. Agradecemos que no lo denunciaras —dijo el hombre mirando a su hijo con severidad.
—La culpa no es de él —dije y les mostré la venda en mi mano—. Solo quiso ayudarme a curarme, pero después alguien golpeo la puerta. Y por miedo a que nos llamaran la atención, le pedí que se quedara en el baño hasta que esa persona se fuera.
—¿Eso es cierto? —le preguntó Tania de modo amable a Augusto.
—El tío Fernando me pidió que le devolviera la chamarra a Hanna y le llevara una medicación para que se curara la herida —dijo el muchacho como si no deseara responder a su padre y su tía.
—Entonces todo fue un malentendido —indicó Tania quitándole peso al asunto.
—Solo aléjate de ella y no tendremos problemas con su familia —dijo el presidente y salió de la dirección.
—Amanda me envió, pero si están ocupados puedo irme —aseguré entendiendo que estaba de más ahí.
—Tranquila, Augusto te mostrará lo que necesitas saber. Si tienes alguna duda, envíame un mensaje. Te agradecemos la ayuda —dijo Tania y seguí a Augusto.
—¿Qué fue eso? —pregunté cuando salimos de la oficina de la directora.
—Mi padre pensó que me acerqué a Sofí, por eso me reprendió —dijo Augusto mientras caminábamos por un pasillo poco concurrido. Parecía tratar de sonar amable, aunque no podía.
—¿Por qué eso es malo? —pregunté confundida.
—Nuestras familias no se llevan bien. Y mi padre no quiere ofender a los de Sofí. ¿Podríamos dejar el tema? —me preguntó y sonrió.
—No hagas eso —le pedí.
—¿Qué cosa? —preguntó mientras entrábamos a un sitio enorme y lleno de libros. Era la biblioteca de la academia.
—Fingir que te caigo bien —dije mientras miraba los libros sonriendo.
—¿Por qué consideras que no me agradas? —preguntó él mientras tomaba mi mano y me llevaba frente a una computadora—. Lo que necesitas saber se encuentra aquí.
Puso la contraseña y entré a los archivos del proyecto que me habían mostrado.
—Estás triste o enojado por lo que ocurrió en la oficina de tu tía. Por lo que no necesitas sonreír fingiendo que eres amable conmigo, porque lo deseas y no porque te lo pidieron —dije, mientras miraba las imágenes y los planos del proyecto.
—Nadie me obliga a hacer nada. Mi familia no es así. Mi padre incluso aceptaría si le dijera que me gusta Sofí, si así fuera —dijo y me sorprendí—. Es solo que si se pueden evitar los malos entendidos con su familia debemos hacerlo. Además, yo me ofrecí a ayudarte con esto.
Me parecía extraño escuchar eso.
¿Por qué se habría ofrecido?
Autora: Osaku
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Updated 90 Episodes
Comments
Cinzia Cantú
El tiempo dirá lo que pasará entre ellos. Me parece que Augusto es un buen chico
2024-04-09
2
Linilda Tibisay Aguilera Romero
ha Augusto le gusta Hanna y ella no lo quiere ver
2023-12-16
2
mary
POBRE AUGUSTO PARECE MENTIRA QUE POR CULPA DE LOS ADULTOS PAGEN LOS CHICOS
2023-10-02
2