Capítulo cinco - Día de ingreso
—Mi tío Fer dijo que debes curarte para que no se te infecte la herida. Déjame ayudarte —dijo Augusto y tomó mi mano.
—Estoy bien, ya me curé —mentí.
—Aún tienes la misma venda, no creo que lo hicieras —espetó y me obligó a sentarme.
—Te dije que estoy bien —le aseguré, pero me quitó la venda—. No me toques.
Me asusté al darme cuenta de que me había visto la herida.
—No puede ser. Te partiste los nudillos. Esto debería ser un desastre —dijo sorprendido.
—Era mucha sangre, no viste bien —mentí y él me miró por un momento.
—Sé perfectamente cómo se ven unos nudillos rotos —dijo y me mostró su mano, tenía una cicatriz en la mano dominante.
—Eso ya no importa, entraste a mi cuarto sin permiso. Mejor vete, por favor —dije y él tomó mi mano.
—¿Cómo hiciste para curarte tan rápido? —me preguntó, parecía que descubriría algo sobre mi enfermedad—. Tus padres son dueños de farmacéuticas Stephen Son. ¿A caso tienes una crema especial?
—Sí, pero no puedo hablar de ella —mentí para tratar de salvarme.
—Eso es increíble —dijo y rozó mi mano con su índice.
—Me haces cosquillas —reconocí avergonzada y quité la mano.
—Lo siento, solo quería ayudarte. Aunque parece que no sirvió de nada —dijo como si se sintiera frustrado y se puso de pie. Tenía algo de razón, yo lo había tratado muy descortés durante todo el día.
—Lo lamento, no quise ser grosera contigo. No suelo ser buena para socializar —dije y sonrió, se vio más tranquilo—. Aun así, no quiero problemas. ¿Podrías marcharte?
—Entiendo —dijo y se dirigió a la puerta.
Sin embargo, antes de que se fuera alguien golpeó. Ambos nos miramos, iban a llamarme la atención si nos veían a los dos solos en mi dormitorio. Por lo que le pedí que se escondiera en el baño.
—¿Qué? No voy a hacer eso —susurró.
—Por favor, no quiero problemas. Solo unos minutos —le supliqué mientras él me hacía señas con su rostro de que no estaba dispuesto a hacerlo—. Te deberé una.
—¿Lo que sea? —me preguntó susurrando.
—Lo que sea —dije con temor al sentir que volvían a golpear.
—Bien, solo cinco minutos y saldré. No me importa quién esté en la puerta, tienes que lograr que se vaya —dijo sonriendo. Ese chico era muy extraño.
Una vez que se encerró en el baño fui a abrir. Esperaba que fuera una de las chicas, pero no. Era Freddy, por lo que el alma me volvió al cuerpo.
—Eres tú —dije calmando mis miedos.
—¿Estás bien? Emma me contó lo que te pasó —parecía un poco preocupado.
—Sí, ya hablé con mamá. Es solo cansancio —aseguré sin dejar que vea el interior de la habitación.
—¿Estás con alguien? —me preguntó y le mentí—. Puedo quedarme contigo hasta que las chicas regresen.
—Te perderás la fiesta —le dije, de nuevo nerviosa. Augusto me había dado solo cinco minutos.
¿Sería capaz de salir del baño si me demoraba más?
—Es solamente una fiesta de bienvenida. Tendremos una cada año hasta que nos graduemos —dijo y se escuchó un ruido que venía desde el baño. ¿Qué rayos hacia ese chico ahí? —. ¿Qué fue eso? Ese tonto de Augusto había tirado algo, y tuve que darme prisa en inventar una excusa.
—Había un gatito y las chicas lo metieron al baño, les dije que nos iban a castigar, pero no me prestaron atención. Por favor, no se lo digas a nadie —le mentí esperando que me creyera, era demasiado absurdo, pero lo único que se me había ocurrido.
—¿No quieres que me lo lleve? —me preguntó, me había creído. Eso era bueno.
—No, prometo convencerlas de dejarlo ir —dije sonriendo, pero algo nerviosa.
—Bien, si Emma no te hace caso, solo avísame y hablaré con ella. Ahora descansa y nos vemos mañana —dijo Freddy y después de darme un abrazo se marchó.
Fui hasta el baño y al abrir la puerta me encontré con Augusto, levantando del suelo las perlas de un collar roto. Me miró y sonrió.
—Puedo comprar otro —dijo y se lo saqué de las manos. Mi padre me lo había regalado, ya que pertenecía a mi abuela. Seguramente Emma lo había sacado de mi maleta para usarlo en la fiesta.
—No lo toques —dije y lo puse en mi mano. Tendría que pedir que me lo arreglaran.
—No te preocupes, lo haré reparar. Es un simple collar de perlas —dijo él sonriendo de manera extraña.
¿Por qué siempre tenía que mostrarse tan amable?
—Era de mi abuela, devuélvemelas, por favor —le pedí y después de tenerlas todas las metí en su estuché y recordé que infringíamos una de las reglas, por lo que me volví a poner nerviosa—. Mejor vete de mi cuarto, antes de que venga alguien más.
—¿Ese chico es tu novio? —me preguntó, el descarado. Acababa de romper el collar de mi abuela, había dicho que era una baratija y encima quería darme conversación. Pronto perdería la paciencia con esa persona.
—¿Qué chico? —pregunté mientras guardaba el collar.
—El que vino a verte. Por eso no querías que me viera. ¿Sales con alguien y temes que se ponga celoso? —No sé por qué sacaba esa clase de conclusiones.
Freddy y yo éramos muy buenos amigos. Siempre hacíamos cosas juntos, incluso nos gustaban las mismas materias en nuestros colegios anteriores. Una vez me había ayudado con un proyecto de robótica para un concurso en el colegio. Hablamos logrado meter en una especie de cabina varias unas plantas y curarlas de enfermedades y plagas. Por eso yo había decidido venir a estudiar a este colegio. Papá decía que tienen las mejores técnicas y yo deseaba aprender mucho más.
—Es mi primo —dije y le abrí la puerta para que se fuera.
—Entonces, no sales con nadie, ¿o solo no sales con él? —me preguntó algo insistente y puse los ojos en blanco.
—Gracias por alcanzarme mi abrigo. Buenas noches —dije y le cerré la puerta en la cara. ¿Quién se pensaba que era él para preguntarme esa clase de cosas?
Autora: Osaku
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Comments
Cinzia Cantú
Hanna no seas tan grosera, al parecer le caíste bien y querrá conocerte mejor
2024-04-09
2
mary
AUGUSTO SE ENAMORO ME ENCANTO CUANDO DIJO HANNA UN GATITO 😅😅🤭🤭
2023-10-02
2
Marita Peña
CREO QUE EMMA LE GUSTA AUGUSTO Y EL LE GUSTA HANNA
2023-10-02
2