“-es un gusto conocerle.” -responde Erick de forma formal como su padre le había enseñado.
Quien pensaría que las clases sin sentido que debía tomar durante su niñez, lo ayudaría por primera vez en su 23 años de vida.
-veo que tu padre te ha educado muy bien. -lo halaga con una sonrisa asimétrica. O, en otras palabras, falsa.
“-me gustaría dar una explicación. Pero antes…” -hace una pausa, para pensar cómo decir lo que haría a continuación. “-es un poco difícil de explicar, pero me gustaría regresar a mi forma humana, si me lo permite.”
Edwin lo piensa por un momento, antes de aceptar su petición.
-trae le una toalla. -ordena a uno de los sirvientes.
“-no es necesario. Lo que pueden ver, es parte de mí, como si tuviera un velo sobre mi cuerpo.”
Dice mientras la sombra que lo cubría, cambia de forma a la de una masa negra, que empieza a darle una figura más humana, con todo y ropa.
-no provengo de ningún clan. A pesar de ser de una raza demoniaca, soy uno de los pocos demonios de sombra, que aún cree que hay una posibilidad de convivir con otras razas. -hace una reverencia. -después de todo, no soy alguien que hace las cosas sin una razón.
-si no mal recuerdo, se dice que las razas demoniacas habían sido erradicadas por los nefilim hace dos siglos atrás. Y que los pocos descendientes que lograron sobrevivir en este plano, fueron cazadas uno por uno. Nunca creí que llegaría a tener frente a mí a alguien tan problemático… -ase una pausa ante de decir. -y bien. Me puedes decir cómo escapaste de las garras de las dríadas.
Erick no sabía por dónde comenzar, así que habló con precisión y claridad sin omitir el hecho de que su hermana se hallaba inconsciente en su sombra.
-así que… tu hermano fue secuestrado y tu hermana herida. Y por pura casualidad del destino llegaste a nuestras tierras.
-se puede decir que sí.
-y tu hermana, cómo se encuentra. -pregunta con curiosidad.
-por ahora está estable. Su cuerpo permanece en reposo dentro de las sombras. Pero no le aseguro que esté muy contenta que digamos.
-¡Qué interesante! -dice Edwin con una sonrisa más verdadera. -y dime, piensas ir a rescatar a tu hermano, cuando tú hermana se despierte.
-ese es el plan.
-y de verdad piensas poder hacer eso.
-si no lo intento, no lo sabré. Además, es mejor morir aquí, a que tener que pedirle ayuda a mi padre.
-debo admitirlo. Me empiezas a caer bien.
-es bueno saber eso… -inclina la cabeza por un momento. -no pido su ayuda, solo le pido que sea comprensible y me permita ir de su territorio.
-Mmm. Tu petición será muy difícil de cumplir, lo sabes. -dice a rascándose con un dedo su mandíbula. -por normas, todo aquello que entre en el territorio de un clan sin permiso debe ser castigado.
-lo entiendo muy bien. -responde apretando los nudillos.
-sin embargo, solo por esta ocasión te dejaré ir. -esta decisión no solo sorprende a Erick, sino que hasta a los demás, alrededor de la plaza. -quiero saber si de verdad eres diferente a los demonios que me he enfrentado. -ase una pausa para mirar la sombra de Erick. -por ahora, puedes dejar salir a tu hermana para que se recupere por completo.
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