Mirando de un lado al otro, Ágata no puede dejar de asombrarse por los diferentes locales que se podían encontrar, en la plaza comercial el dorado. La cual se hallaba en medio del pueblo, donde no solo se veían productos exóticos, sino que incluso sus vendedores y clientes eran de otro mundo.
Su pelaje entre marrón y crema que cubría gran parte de su cuerpo, los cuernos y aquella cola que en mucho se le veía adornado con joya. Era característica de algunos de los que se hallaba comprando y vendiendo en la enorme plaza.
A pesar de estar acostumbrada a ver hombres bestias en su antiguo hogar, para ella esto era demasiado, era la primera vez que veía de diferentes especies, conviviendo con otras razas.
- ¡Increíble! -dice mirando la librería repleta de libros de muchos países y de varias tribus a lo largo del mundo. -hay tantos libros antiguos.
-¡Vaya! Qué señorita tan animada. -dice la encargada del local con una sonrisa que dejaba a la vista sus enormes dientes.
La mujer se veía a la vista como una señora entre los 30 a 35 años, con el cabello negro canoso, y unos cuernos con la forma de las raíces de los árboles secos. Sus ojos eran grandes, al igual que su dentadura, pero se notaba a la vista que disfrutaba del entusiasmo que Ágata demostraba al mirar cada estante con asombro.
Por otra parte, Erick y Carlos se las arreglaron para llegar a una herrería de enanos, para no decir que se perdieron en medio de la multitud.
-esta es una catana muy impresionante. -dice Erick, observando el tallado en el mango de la catana.
-tienes buen ojo. -dice uno de los herreros más viejos. -es una de las 7 armas hecha con titanio divino.
-Ha. Qué interesante. -dice con una sonrisa. -Podría. -señala la catana, pidiendo probarla.
-claro. Pero no son muchos los que pueden manejar una espada de este calibre.
Desenvainando la catana, siente como esta empieza a absorber su energía, como si estuviera hambrienta. La hoja se empezó a teñir de un rojo fosforescente, que dejó pálido al herrero y a todos aquellos que se encontraban observando con curiosidad.
-Mm. ¡Ya veo! Es una espada maldita. -dice Erick observando el color de la espada que se volvía cada vez de un rojo intenso.
-¡qué interesante! -dice un orco verde casi de la misma edad que él. - es la primera vez que veo a un humano capaz de usar una espada maldita… normalmente suelen perder el control y volverse algo intensos.
-¡En serio! -dice Erick con firmeza.
Moviendo la catana de un lado al otro con tal agilidad, ase que muchos se sorprendan al ver cómo es capaz de cortar las hojas que caían con la brisa.
-eres mejor de lo que esperaba. -dice el orco con ojos curiosos, queriendo saber que tan fuerte sería como oponente. -que te parece un duelo. -saca su espada de la funda en su espalda.
-muy bien. -responde con una sonrisa, emocionado por probar la catana.
-no deberías al menos pedir permiso primero. -señala Carlos, hacia el herrero.
-puedes usarla. -dice aclarándose la garganta. -pero te advierto, noche roja no es una catana que se deja domar con facilidad… si te confías, puede devorar te por dentro.
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