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-no queremos problemas. -le dice Víctor a los señores con arma en mano.

-nosotros tampoco. -le responde Jonathan dándole señas con las manos a los muchachos para que retrocedieran. -solo le damos la bienvenida.

-pues. No es necesario. -Ágata mueve la sombra en sus manos.

-es suficiente. -le advierte Víctor para que parase.

Ágata no tiene más remedio que deshacer el control, haciendo que las sombras vuelvan a su forma original. Sin embargo, sigue en guardia, por la sofocante presencia que emitía el joven lobo.

-son personas muy curiosas. -comenta Jonathan mirando a cada uno de los Stanley, hasta terminar en Víctor quien se coloca frente a Ágata.

-mis hijos son muy imperativos, e imprudente. No saben cuándo parar a pesar de estar grandecito. -dice percatándose de un curioso hombre que los miraba desde la azotea de uno de los edificios frente a ellos.

-nunca creí escuchar esas palabras salir de tu boca. -comenta aquella persona apareciendo a un lado de Jonathan. -cuantos siglos ha pasado desde la última vez que estuvimos en el mismo lugar, mago oscuro.

-¡Baya! Así que eras tú. -le responde Víctor disimulando estar sorprendido.

-no finjas, estúpido anciano. -exclama con desagrado.

-ja, ja, ja. -se ríe. -no te enfades, es solo que me alegra ver una cara familiar.

-veo que no has cambiado, en estos últimos siglos. -mira a Erick, Carlos y por último a Ágata a un lado de Víctor. - ¿realmente son tus hijos?

-así es. Son mis retoños. -dice orgulloso.

-nunca creí que eso fuera posible. -comentó desconcertado al ver a la linda chica de cabello oscuro, y ojos plateados, que le decía papá al anciano. No podía aceptar que aquella señorita hubiera salido de él. - ¿de sangre? -dice casi como un susurro.

- eso importa? -le responde Víctor, con un tono más serio.

-solo es curiosidad. -dice decepcionado. -por lo visto, los tienes bien entrenados. -cambia de tema.

-Así es mejor, no lo crees, pero veo que tú también. -mira a Jonathan quien se quedó callado con la llegada de su viejo amigo.

-algo así. -dice mirando de reojo a Jonathan. -por qué no nos presentamos, ya que estamos aquí. -indicó sin poder quitarle la mirada a Ágata. -mi nombre es Gabriel, pero todos me conocen como Gael. Mucho gusto. -ase una reverencia. -y este joven guerrero es Jonathan Monroe. Y ya deben conocer a Adrián.

-es un placer. -responde Víctor. -soy Víctor Stanley, un mago antiguo. Y ellos son mis hijos. Erick, Carlos y Ágata. -dice haciéndole señas con las manos para que sus hijos saluden. -también tengo una hija pequeña llamada Lilith, pero el día de hoy no pudo venir.

-Entonces son 4 hijos. -comenta Gael.

-sí. Lo que me recuerda que ya se está haciendo tarde, y no me gustaría dejarla más tiempo sola, en casa.

Gael suspira antes de decirle. -Parece que si has cambiado un poco.

-soy padre, que te puedo decir. -dice sonriendo.

La charla terminó en ese momento, ya que Gael hizo que los chicos dejaran ir a los Stanley. Los cuales se marcharon en silencio hasta llegar al carro, el cual había dejado estacionado cerca de la entrada de la plaza.

-nos dirás qué fue todo eso. -comenta Erick sentándose en el puesto del copiloto.

-Preferiría no hacerlo. -es lo único que responde Víctor antes de echar andar el carro.

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