Mi mano envolvió con fuerza el puñal de la espada pequeña que había robado en la armería. Alcé a Ruby con mi brazo derecho, despegándola de mis pechos y mi otra mano envolvió con fuerza la empuñadura de la espada pequeña que había robado.
El caballo se removió alterado en su lugar ante los sonidos y movimientos extraños entre los árboles y la oscuridad de la noche.
Temí lo peor, ¿y si se trataba del emperador y sus hombres? O peor aún… ¿algún animal salvaje peligroso?
Con esos pensamientos mis extremidades comenzaron a temblar. Tal vez las pequeñas llamaradas que Ruby provocaba no sería suficientes en este caso. Era muy pequeña aún como para poner tanta carga sobre sus diminutos hombros.
—¿Quien anda ahí? —me atreví a preguntar con la voz más grave que pude crear.
Inesperadamente los arbustos se abrieron paso y de entre la vegetación apareció un hombre que jamas había visto. Observaba cabizbajo a la tierra y debido a las sombras de la noche no podía ver su rostro, pero su vestimenta era oscura por completo y una capa cubría todo su cuerpo.
Liberé un grito ahogado de lo más profundo de mis pulmones y me preparé para una batalla inminente pero cuando menos lo esperé, el susodicho se detuvo y de la nada su cabeza reventó en mil pedazos, liberando todo tipo de fluidos y pedazos de cráneo.
Incluso hasta salpicó un poco de sangre en mi rostro y por inercia cerré los ojos varios segundos y me limpié con el dorso de la mano.
—¿Pero qué…?
Volví a mirar intentando entender que diantres había pasado. El hombre ahora sin cabeza, se dejó caer de rodillas al suelo y justo detrás de él apareció otra figura haciéndose ver en La Luz que provocaba la fogata.
Anonada lo reconocí de inmediato. Era el esclavo, el cual había comprado. Pensé que ya se había ido para siempre, pero ahora estaba frente a mi, bañado completamente en sangre literalmente y pedazos de sesos goteando de los dedos de su mano derecha.
Todo indicaba que con una sola mano, había aplastado literalmente la cabeza de un hombre. Yo no le acababa de dar sentido a algo como eso. Una persona normal jamás podría hacer algo como eso.
—¿Qué hiciste? —pregunté confundida.
Y por primera vez desde que lo conozco, abrió la boca y habló:
—Gente mala —respondió con algo de dificultad, señalando el cadaver del hombre que había matado. Su voz era algo ronca, pero juvenil— Ellos, vigilar, mujer linda, cosas, malas…
Mis ojos se abrieron como platos y asentí con la cabeza lentamente entendiendo lo que quería decir… o al menos eso creo.
—¿Él… me estaba espiando? —inquirí bajando lentamente mi espada al sentirme fuera de peligro.
El chico esclavo asintió con la cabeza múltiples veces como si fuera un niño pequeño. Eso me enterneció mucho. Se había tomado tantas molestias para protegerme, y yo lo había llamado desagradecido por irse sin decir nada. Suspiré un tanto aliviada.
¿Cómo es que no lo había notado antes?
De no ser por él, no quería ni imaginar que habrían hecho conmigo mientras dormía, o incluso a Ruby.
—Gracias… en verdad… muchas gracias —declaré— Pero no tenías que volver. Te dije que ya eras libre, ya puedes volver a tu hogar…
—No, tener, hoga… —contestó para mi sorpresa— No, tener, donde… i…
Era claro que no estaba acostumbrado a hablar o al menos decir más de dos palabras seguidas, pero no necesitaba que continuara hablando para entender lo que quería decir.
—Entiendo… no tienes a donde ir —bramé y el asintió con la cabeza nuevamente.
—Yo… cuidar… mujer, linda —refutó al final y no pude evitar sonrojarme, a pesar de que ya sabía que se refería a este cuerpo, no a mi como tal. Sin embargo, se sintió bien recibir ese tipo de piropos.
Aunque bueno, en mi vida pasada tampoco me faltaban.
Inhale y exhale profundamente. Llevarlo conmigo sería como adoptar un segundo hijo, pero me convendría tenerlo a mi lado. Más cuando me tenia cierto cariño.
Una bestia rompe-cráneos como él sería una excelente arma de protección.
Y no tendría que depender tanto del poder de Ruby.
Por lo menos hasta que lograra fortalecer este cuerpo, lo suficiente para usar una espada sin problemas.
—De acuerdo, acércate a la fogata. Está haciendo frío —indiqué mientras me acomodaba en mi lugar.
Él al principio dudó, pero al final se acercó lentamente y se sentó a mi lado.
Acomode nuevamente a Ruby entre mis brazos y él no se perdió ni un solo movimiento mío. Lo miré confundida y comprendí que tal vez él no sabía lo que era un bebé.
—Está es mi hija Ruby —se la presenté. Él me miró impactado, como si fuera la primera vez que veía algo así. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios y no pude contenerme. Tuve que acariciar su cabello y eso provocó un poco de tensión en su cuerpo, pero no se apartó jamás— Eres un buen chico.
Luego, sin que lo esperara, así mismo ensangrentado como estaba, se acostó en posición fetal en el suelo apoyando su cabeza en mi regazo. Me paralice completamente por la impresión sin saber que hacer al respecto.
Era como un niño, o tal vez lo era. No estaba segura de cómo funcionaba el metabolismo de un semi ogro. Físicamente podría aparentar ser un adulto en su mejor explendor, pero puede que mentalmente fuese apenas un niño puberto.
Suspiré profundamente y me rendí al hecho de que a partir de ahora mi vida sería siempre ser la madre de alguien más.
No es exactamente lo que quería, pero al menos está familia es mucho mejor que la familia que tenía. No puedo quejarme al respecto.
Los recuerdos de mi fría y estricta madre iluminaron mi mente ensombreciendo mi mirada.
Definitivamente no seré una madre como ella. Prefería morir antes de que pasara eso.
Aunque ahora que recordaba… aún no sabía su nombre.
Mañana me aseguraré de averiguarlo.
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Comments
Aracelis León García
se ve que la escritora nunca a parido el escremento de un resien nacido no yede sino un poco ácido leve
2024-08-19
0
indira avila
que bonita historia, encierra ternura y valentía 🤗
2024-05-27
5
Ivon Caraballo
que bello después de morir sola ahora tiene dos hijos
2023-12-12
25