NARRA KILLIAN
Todavía recuerdo el momento que la vi como si fuera la primera vez.
Era una simple campesina, su piel era tostada debido a trabajar tanto debajo del sol y sus manos estaban llenas de cayos. No tenía esa fragilidad y delicadeza que se supone que una dama debe tener, pero por alguna razón me volvía loco, hasta el punto de perder el control.
Su cabello negro era muy largo y lacio. Sus ojos de un color ambarino hipnotizantes y sobre todo sus enormes pechos, eso sí que me volvía más que loco. Ninguna otra dama de la más alta cuna tenía ese cuerpo tan atrayente.
Para mi mayor fortuna, fue elegida para trabajar como una sirvienta principal en el palacio. Yo no podía quitarle el ojo encima, era como un imán que me obligaba a estar cerca de ella todo el tiempo. A pesar de que ya estaba casado, la emperatriz no me proporcionaba ningún tipo de placer. Era una mujer demasiado fría y seria para mi gusto. Ciertamente no era de mi tipo.
Por eso buscaba aquello que me faltaba en otro lugar, fuera de mi vida matrimonial.
Por lo general las mujeres no se atrevían a rechazarme, pero ella fue la única con el suficiente descaro para hacerlo. Eso realmente me encendió e hizo que resurgiera un monstruo que por mucho tiempo había mantenido oculto en mi interior. Una carcaza que absolutamente nadie podía ver.
Al final no pude contenerme. La secuestré y la mantuve encerrada mucho tiempo bajo el palacio. Abusé de ella múltiples veces e hice lo que tantas noches había soñado hacer.
De día era el carismático emperador Killian que siempre mantenía una sonrisa en su rostro y demostraba amor a su hijo y a su esposa, pero de noche era un monstruo con forma humana deseosa del dolor y sufrimiento de esa mujer tan adictiva para mi.
¿Amor? Eso era poco para describir lo que sentía con ella. El hecho de tenerla y dominarla a mi conveniencia, eso era el verdadero “amor” para mi.
Pero cuando descubrí que mi objeto de “amor” había escapado de la pequeña jaula que había creado para ella, literalmente todo mi mundo se derrumbó.
—¡Quemen la casa! —ordené parado justo en la entrada de la habitación donde se suponía que debía estar ella con mi hijo recién nacido. Su olor aún continuaba fresco en el aire.
Mi segundo al mando asintió con la cabeza. Era un caballero alto y robusto de cabello marrón como el fango y espesa barba oscura.
Su altura me superaba, pero su lealtad era más que impecable.
Lentamente me retiré de la cabaña mientras observaba como mis hombres se adentraban con antorchas en las manos y quemaban todo lo que era inflamable.
Unos gritos se alzaron del exterior. Mi fiel caballero arrastraba sosteniendo del cabello a las mujeres que se suponían que debían cuidar y velar por la seguridad de mi mujer. Ambas tenían moretones por todo su cuerpo y sus vestidos estaban sucios por la tierra y el fango del lugar.
—¡Por favor su majestad! —suplicaba una de ellas— ¡Perdónanos! ¡Perdona nuestras vidas por favor!
Las miré con indiferencia e ignorando sus palabras observé mis alrededores.
—Falta una —dije sin una pizca de sentimiento en mi voz. A pesar de la aparente calma que mostraba, en mi interior estaba ardiendo de ira literalmente.
En ese mismo instante, respondiendo a mi pregunta, uno de mis caballeros gritó desde la parte trasera de la casa, anunciando que habían encontrado un cadáver femenino cerca del bosque.
De inmediato yo, acompañado de un séquito de caballeros, nos dirigimos al lugar del hecho. Mi fiel caballero personal no soltó ni una vez a las mujeres que gritaban y suplicaban misericordia mientras las arrastraba por el suelo como sacos de papa.
Efectivamente había un cadáver justo debajo de un frondoso árbol. Su cabeza estaba completamente destrozada y sus sesos desperdigados por todas partes. Había una enorme piedra cerca del cuerpo que por todas las manchas de sangre que tenía, asumí que era el arma utilizada por el asesino.
—Está es la que faltaba —inquiero un tanto confundido y me dirigí a las otras dos mujeres en el suelo— ¿Quién hizo esto?
Ambas mujeres se miraron entre ellas confundidas y la que parecía ser la mayor habló finalmente.
—Fué ella —admitió— Fué la señora que nos ordenó que vigiláramos.
—Eso es imposible —declaré incrédulo con el ceño fruncido— Ella no sería capaz de hacer esto.
Era verdad, yo mejor que nadie la conocía. No importa cuánto daño le ocasionasen o cuan herida esté, ella nunca tendría el valor suficiente para defenderse o devolver el golpe. Era una mujer patética y débil que ni siquiera podía levantar una mísera piedra.
—¡Pero es la verdad! —bramó la otra mujer más joven— ¡Yo lo vi todo desde la ventana! ¡Parecía una desquiciada! ¡No dejaba de golpearla con la piedra, incluso cuando dejó de moverse!
Fruncí el espacio entre mis cejas. No parecía mentir, pero seguía siendo un tanto escéptico.
«Esa no era la Claire que conocía, algo cambió»
Luego de pensarlo bien, me dirigí a mi mano derecha y le ordené que las matara y lanzara sus cuerpos a la casa en llamas. Enseguida ambas mujeres gritaron presas del pánico y comenzaron a forcejear cuando vieron que mi caballero envolvía sus cuellos con sus enormes brazos musculosos y de un solo movimiento les rompió la nuca como si se tratara de madera.
Los gritos se detuvieron en cuestiones de segundos y sus cuerpos dejaron de moverse, como muñecas sin cuerdas.
—¿Qué hacemos ahora su majestad? —preguntó otro de mis fieles caballeros.
Lo miré un tanto pensativo y luego de unos segundos contesté.
—Busquen en las cercanías, no debería haber ido muy lejos, menos con un bebé recién nacido en brazos.
—¡Si! —espetaron todos mis caballeros al unísono y enseguida procedieron a cumplir mis órdenes.
No importa cuánto tiempo me lleve o donde estén, las encontraré sin importar cuánta sangre deba derramar.
«Y volverá a ser mía»
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 77 Episodes
Comments
indira avila
cerdo asqueroso, mejor mantente lejos porque si no saldrás perdiendo 😡
2024-05-27
6
Elalet
a ser*
2024-03-11
0
Alma Delia Morales
maldito perro infeliz
2024-01-29
5