Llegando al restaurante BELT, hice lo que debía hacer Demian, supervisar el trabajo de los remodeladores. Las planchas que necesitaba en la cocina, ya están colocadas, las mesadas también y solo les falta colocar tres enormes hornos.
Me fui a mi oficina y ahí miré algunos documentos de los nuevos integrantes, además de darme cuenta que un ayudante de cocina estaba a punto de jubilarse, por lo que debía realizar unas cuentas más.
Aproximadamente, en una semana ya podría reinaugurar el Restaurante.
— Buenas tardes, princesa — Una voz resonó a unos pasos de mí y cuando levante la vista de los papeles, me di cuenta.
— Papi, ¿Qué haces aquí? — Estoy algo confundida.
— Vine a ver como va todo. — Sé sentó en frente de mi escritorio.
— Bien, en unos días empezaré a organizar una fiesta para abrir nuevamente las puertas.
— Excelente, vi todo lo que has hecho y me encantó
— Bueno, fue con tu dinero — Dije riendo.
Papá asintió y también rió conmigo...
— Fue una gran inversión — Admitió
—Te devolveré cada dólar— Prometí con seguridad.
— Es tu herencia en vida, no debes devolver nada, cariño. — Hizo un gesto con las manos, restándole importancia.
— Suena feo...
— Pero es la verdad —Me interrumpió y prosiguió— Eres la única que desde chica ha querido tener algo que ver con la comida.
—Siempre me gustó comer — Bromeé
— Es cierto, te gustaba hacer inventos en la cocina, mezclar sabores, paseabas en restaurantes con tu abuela... Y aquí estás metida desde que tienes 12 años, porque antes no te lo permitimos.
— No les gustaba la idea de verme cerca de un utensilio filoso, pero el abuelo me trajo a escondidas de ustedes — Recordé con cariño.
El abuelo Eduardo siempre decía que yo debía averiguar si la cocina era lo que en realidad a mí me gustaba y que no fuera un simple capricho, pero el amor por lo gourmet se volvió más intenso cuando él me traía a escondidas de mis padres, porque según ellos, yo seguía siendo chiquita para agarrar un cortador de papas, un cuchillo o algo más grande, por lo que sus cuidados eran extremos y mi abue no estaba de acuerdo.
Por otro lado, la abuela Fátima me llevaba a sus almuerzos o cenas con amigas, por diferentes locales para que yo probara platos distintivos e ir expandiendo sabores nuevos, además de reconocer que NO debía hacer, preparar o poner.
Ellos, mis abuelitos hermosos, fueron quienes desde mi adolescencia, me dejaron abusar de ellos en cuestiones "laborales". Ya ambos estaban libres de todo trabajo, por lo que su tiempo era ilimitado para consentirme.
— Papá siempre te malcrió— Dijo en voz baja. — Sabes que eras su favorita, aunque no se lo digas a tus hermanos— rió un poco.
— Lo sé, también soy tu favorita — Bromeé y papi solo asintió.
— Es cierto, cariño. Conquistaste mi corazón a penas te vi. — Se levantó y yo copié su acción para caminar hasta él.
— Siempre te voy a agradecer eso, aunque no soy tu hija, me has querido como tal. — Lo abracé.
— ¡ISABELLA BELMONTE! ¿QUÉ HAS DICHO?— Me preguntó enojado, alejándose
— Que no... — Iba a repetirlo, pero él me interrumpió
— Admito que no tienes mi ADN, pero eres mi hija, tienes mi apellido, y me dices "papá" desde tus cinco años, así que no vuelvas a decir algo tan estúpido como eso. Eres una Belmonte, la primera de tu generación, la mayor de tus hermanos y de tus primos. ¿Quedó claro? — Me retó
— Sí, papi, perdón por decir tonterías— Bajé la cabeza un poco avergonzada por mis anteriores palabras, cuando es cierto que me ha dado y ha hecho de TODO por mí.
— Eres quién me va a provocar un infarto — Se palmeó el pecho un par de veces antes de continuar. — Vine más que nada a hablar contigo de algo importante.
— Dime, papá
— Ayer comentaste que... — Sé aclaró la garganta— Te gusta un hombre mayor que tú. ¿Es en serio? Quiero la verdad, sin bromas. — Pidió
Pensé en mentirle, pero la verdad es que la reinauguración se hará la semana que viene y seguro verá a Pascal, además no sabemos que puede pasar ese día, no quiero que papá malinterprete nada o si sucede algo atrevido, entienda quién es.
— Es cierto — Asentí — El chef que me gusta se llama Pascal Carmona, y sí, es mayor que yo por ocho años, pero todavía no ha pasado nada entre nosotros. — Aseguré.
— "Todavía"... Algo me dice que casi, pero hubo interrupciones — Entrecerró los ojos —O es que ¿tú estás demostrándole interés y él te ignora?
— Acertaste en la primera, aunque la segunda en parte es cierto. Le demostré mi interés y él, el suyo. Es mutuo.
— ¿Es un buen hombre o debo preocuparme de que sea un pervertido? — Se cruzó de brazos
— Es un buen hombre — Defendí, aunque la idea de que sea pervertido me gusta, mientras a él no le moleste mi inexperiencia.
— Mira, hija. Hay muchos hombres que parecen ser buenos, tranquilos y educados, pero son muy mano larga, pervertidos de primera — Me Advirtió. — ¿Él no será de esos?
— No, papito, Pascal no es ningún pervertido — Él no, pero yo sí. Esta mañana me lo quería comer completo cuando veía ese cuerpo tan trabajado, mientras las gotas de sudor recorrían esos músculos que yo deseaba tocar, morder...
— ¿Estás bien? — Pasó su mano por delante de mi cara, llamando mi atención. — Estabas en las nubes, ¿Qué pensabas? O mejor reformulo la pregunta, ¿En quién pensabas? ¿En ese tal Pascal?
—No, solo repasaba cuál sería la mejor opción para cocinar el día que vuelva a abrir las puertas del restaurante. — Mentí descaradamente para cambiar el tema de conversación.
— Entiendo, es mucho trabajo — Negó con su cabeza mientras reía — Como no quieres admitir que estás enamorada de ese hombre, no me queda otra que esperar hasta que formalicen. — me descubrió.
— Yo no... — ¿Qué puedo negar? Si ni sé que decir.
—A tu padre no puedes mentirle, Bella. Muchos chicos has conocido, pero ninguno te atrajo. Estuviste de viaje sola durante tres años y jamás te acercaste a un hombre. — Abrí la boca para reclamar, pero él continuó— Sí, me contaban todo lo que tú hacías porque eres mi hija, eres chica y yo debía cuidarte aunque sea en la distancia. Dime sobreprotector, pero un día vas a entenderme. Cuando tengas tus propios hijos, vas a saber por qué lo hice.
— Sé que me cuidabas, aunque no sabía que también te interesaba mi situación sentimental. — Bromeé
— Ese crédito es de tu abuelo, él me repetía cada día que tú te enamorarías de una bestia, un hombre feo y cruel, que te ibas a casar o vendrías con hijos, por eso estaba un poco asustado y preguntaba por tus pretendientes. Aunque no había ninguno, nunca.
— Es cierto, el abuelito y sus chistes feos. No me acercaba a hombres, solo si era necesario, pero nada más. No me interesaba conocer a nadie, ni tener contacto carnal — Me reí y papá quedó rojo.
— No digas eso porque ahora supongo que este tal Pascal te gusta como para tener contacto y no me agrada... Solo, no sigas hablando, creo que correré a golpearlo si dices algo más.
— Pero... — Me sorprendí de las conclusiones que sacaba papá.
—No sigas, hija, por favor. — Levantó una mano y me dio un beso en la frente — Nos vemos en casa. — Dijo dando la vuelta para irse
— Papi, ¿Me ayudas a conseguir departamento? — Recordé que quería independencia y esta era la mejor oportunidad... O no.
Papá volteó a mirarme un poco asombrado y habló.
—¿Ya quieres abandonar la casa?
— Sí, desde que llegué del viaje pensaba hacerlo, pero la verdad es que con lo del abuelo, lo pospuse— Admití
— Bue... Bueno, veré que... consigo — Dijo no muy convencido.
— Gracias, papá, te quiero.
— Yo también, princesa. — Se fue con la cabeza baja y quedé un poco incómoda.
Creo que dañé sus sentimientos, fue mucha información.
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Comments
Cinzia Cantú
Es cierto es mucha información para asimilar de golpe
2025-02-28
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Yazmin Gómez
Brandon no está listo para dejarla volar
2025-03-04
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Mis nones 🌸🦋
Ufsss se me chispoteo , me pase de información
2024-12-30
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