Al siguiente día, me levanté muy temprano para ir al gimnasio. Me vestí deportiva y agarré mi botella de agua.
En el local estábamos unas pocas personas por el horario. Algunos en caminadora, otros en las pesas y yo estoy en la bicicleta, recorriendo mi vista en cada hombre hasta que mis ojos encontraron una enorme espalda que está en la barra.
— Dios mío, eso es hermoso. — Y no Susurré por su espalda, sino por la fuerza que debía implementar para hacer tantas sesiones de un mismo ejercicio.
Cuando bajó y se dio vuelta para ir a las caminadoras, nuestros ojos se conectaron unas milésimas de segundos. Él.
Se acercó mientras yo seguía pedaleando y me sonrió...
—Me voy a derretir con este hombre. —Pensé.
— Isabella Belmonte, un gusto coincidir contigo — Dijo Pascal ¿Coqueto?
¿Me está coqueteando? ¿En serio? ¿No me ve como una niña? ¿Se siente atraído al igual que yo? ¡Esto es muy interesante y mi álterego está desbordante de alegría!
— Lo mismo opino Chef... Mucha coincidencia — Dije con una sonrisa sincera — Nunca lo había visto por aquí — Mencioné y él se acomodó en la Bici de mi lado.
—Hace varios meses no venía, pero ya lo necesitaba. ¿Y tú?
— ¿Yo? Había dejado de venir por estar de viaje, pero he vuelto hoy a seguir con mi rutina matutina. — Confesé.
— Entonces supongo que vamos a cruzarnos muchas veces. — Me miró y sonrió de costado. Dejándome bastante boba.
— Supongo que sí, chef — Mi voz salió muy sensual, incluso creo que demasiado. Tengo que calmarme o se dará cuenta.
— ¡Gracias por tus lindas palabras, Isabella! — Mencionó y quedé de piedra. Se dio cuenta de lo que pasó recién.
—¿Qué...? — Aclaré mi garganta nerviosa — ¿Qué palabras? — Mis manos están sudando y no es por el ejercicio.
— Las de tu reseña — Me aclaró y respiré con normalidad
— Solo dije cosas que consideraba ciertas. — Respondí natural.
— Eres muy joven para ser Crítica gastronómica ¿No?
— Mmmh — Negué con mi cabeza— No lo creo. Desde los 17 años he estado estudiando culturas, sabores, y muchas más cosas. A los 21 recorrí diferentes países y sé lo que necesito. — Contesté distraída
— Pero, ¿Qué edad tienes ahora? — Preguntó directo
— 24 años, y ¿Tú? — No me iba a quedar con la duda.
— Sí, eres una niña todavía. Yo tengo 32. — Negó con su cabeza mientras sonreía y me enojé, ¿Soy una niña para él?
— Dudo que alguien me considere niña realmente — Estaba muy enojada y ya no sé ni que digo, pero su cara me provoca demostrarle lo que no soy.
¿Y qué no soy? Si realmente soy menor ante él, son 8 años de diferencia.
— Solo por tu edad, no por tu cuerpo — Mencionó y entendí.
Le atrae mi cuerpo, pero no lo deja feliz mi edad, o sea que sí quisiera podría hacerle olvidar lo segundo y que se enfoque solo en lo primero. ¡Bien, juguemos con fuego! ¡Quiero a este hombre y lo tendré! Así como todo en mi vida.
— Creo que la edad solo son números, lo importante es ser centrado y saber lo que quieres — Le sonreí y bajé de la Bicicleta para dejarlo ahí. Abandonado.
Él no tuvo oportunidad de decir nada, pero como yo estaba en la caminadora, se colocó a mi lado, nuevamente.
— ¿Solo son números? ¿Segura? — Preguntó con dudas mientras empezaba a correr.
— Sí. Números insignificantes. Supongo que sí una persona me atrae demasiado, no miraré su edad, directamente voy por él. — Conteste tranquila, a penas camino.
— No... En...tiendo — Dijo agitado mientras seguía en la corrida.
— Chef, le doy un claro ejemplo. Tengo 24 y usted 32, pero no dude que si lo quiero, lo tendré — Confesé mirando al frente — Sé lo que busco, que me interesa y lo que deseo en mi futuro. —Lo miré y él paró la caminadora, quedando estático en su lugar.
No dijo nada, solo me miraba intenso y entonces actué más atrevida para que el mensaje le quedara registrado en su memoria. Apagué mi caminadora y subí a la de él que también estaba apagada. Me acerqué a él y mirándolo a los ojos proseguí...
— ¿Lo duda? — Su cuerpo estaba sudando, por lo que podía ver las gotas que resbalaban por su pecho. Una imagen muy sensual y provocadora.
Él negó con su cabeza y me sostuvo de la cintura.
— ¡Justamente esto es lo que quiero! — Pensé.
— No, ya veo que... — Empezó diciendo, pero fue interrumpido por alguien.
— La princesa pasó de degustar comida a hombres — Dijo una voz masculina.
Pascal apretó su agarré y yo me di vuelta, encontrándome con el chef que trabajará conmigo en BELT, mi restaurante.
— Demian, ¿Qué haces aquí? — Preguntó por qué él tendría que estar vigilando los arreglos en la cocina.
— Estoy por hacer ejercicio, Jefecita. — Mostró su toalla
— ¿No tendrías que estar en el Restaurante? — Alzó una ceja y me cruzó de brazos.
— Tendría, sí, pero me han pedido salir porque si no, no trabajan bien. — Le restó importancia y usó mi caminadora.
— Eso es una idiotez, solo tienen que agregar planchas y mesadas, si te quedas en un rincón no molestas— Dije enojada. Se tomó la mañana libre para ejercitarse cuando no debería hacerlo.
— ¿No nos presentas? — Sonó la voz de Pascal en mi oído y me puse a temblar por su cercanía. La valentía se había esfumado, cuando minutos atrás quería besarlo.
— Claro... Pascal Carmona, él es mi chef compañero, Demian Leon— Los Señalé.
Demian solo lo miró y no saludó, pero agregó una frase completamente ofensiva.
— El dueño de PCARM queriéndose comer a la dueña de BELT, buena estrategia para derrotar a su competencia.
—¿Tú quién eres para decir eso? — Dijo enojado Pascal.
— El chef secundario de BELT y conocedor del pensamiento masculino. — Dijo altanero Demian.
— Será tu pensamiento y te creo capaz de insultar, para eliminar a quién podría ser tu competencia en tema de mujeres. — Dijo tranquilo — Creo que ser SECUNDARIO no es tan emocionante como ser principal o dueño de un Restaurante. ¿No será que tú quieres a Isabella para quedarte con esos puestos? — Se burló— Claramente no necesito de ella, ni siquiera me considero competencia, total, dejaría que me gane en todo. Sé lo merece, sabe más que yo.
Estaba muy tranquila, sentí sinceras las palabras de Pascal, mientras que Demian solo quería provocar problemas. Se quitó la remera para quedar en igualdad de condiciones que Pascal y este último se rió de tan acción, ya que nos dimos cuenta que quería demostrar que era un buen oponente, pero mis ojos solo estaban ocupados por el hermoso Chefcito que tengo detrás de mí.
—¿Sabes lo que quieres? — Pascal susurró en mi oído y asentí — Yo también, niña — Apretó mi cintura y continuó— Por eso recuerda estas palabras... Tienes razón, la edad son números y consigo lo que quiero. — Me dio un beso en la mejilla y se fue.
Demian estaba parado a mi lado, encima de la caminadora todavía, sin decir nada, pero mirándome bastante.
—¿Qué? — Le hablé mal.
— Es viejo a tu lado — Contestó grosero.
— Y tú inmaduro. Crear disputas en un gimnasio y no hacerte cargo de tu trabajo es de irresponsable. Única vez que te paso esta falta, la siguiente estarás despedido.
—¡No puedes hacerlo! — Me agarró del brazo.
— Puedo, soy dueña y chef. Recuérdalo — Terminé con eso, agarré mis cosas y salí de allí.
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Comments
Cinzia Cantú
Ese fue un pequeño empujoncito para que el chefcito tomara impulso 😉😉😉😉😉😉😉
2025-02-28
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Yazmin Gómez
y aquí empieza lo bueno, esta receta se está cocinando
2025-03-04
0
Sonia Mendoza
me super encanta 😊😊
2024-06-25
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