El vuelo fue largo y cansador, ya que dura trece horas. Nos entretuvimos lo más que pudimos, pero también descansamos, por supuesto.
Aterrizamos a mi país natal siendo más de las dos de la madrugada, por lo que nos quedamos en un hotel para no ir a molestar a la mansión.
Por ahora no tengo un departamento para mí, pero compraré uno apenas tenga tiempo.
...
Al otro día super energética, fui directo a la Mansión, incluso sin desayunar.
— Bienvenida, señorita— Dice la empleada cuando abre la puerta.
— Buenos días, muchas gracias. —Ingresé a casa y busqué a mi familia.
—No están, señorita— Dijo la misma mujer que abrió la puerta — El señor fue a trabajar, los jóvenes a sus estudios y la señora está en el hospital; no la esperábamos.
—Lo sé, ¿Qué hace mi madre en el hospital?
— Cuida al señor Eduardo
—¿Qué tiene? — Pregunté preocupada
— La edad, señorita... Ya sabe... Tiene 94 años — Dijo con cuidado
—¿Qué quieres decir? — ¿Eso significa que se acerca su deceso?
— Los señores Belmonte son los únicos que han vivido tanto, sin enfermedades. —Mencionó la mujer.
—Entiendo, ¿Dónde está?
— En el Hospital Universitario de la Paz
— Gracias —Salí de la Mansión y utilicé nuevamente a mi chófer.
Ese hospital es el mejor que hay en España y está calificado dentro de los mejores 60 internacionalmente.
Al llegar, fui a preguntar en recepción cual era la habitación y al decirme, me dirigí allí.
Ya su edad es muy avanzada, pero nadie me dijo nada sobre su salud por lo que creí que todo estaba bien, aunque ahora no sé cómo actuar, ya que quisiera entrar de sorpresa gritando que he vuelto, pero lo más seguro es que eso afecte su salud por la emoción.
A pocos pasos decido ser muy cautelosa y actuar como en mi niñez, tranquila y algo tímida.
Golpeé con toques suaves la puerta y mi madre fue la que abrió.
—¡Hija! — Mamá se sorprendió tanto que cubrió su boca y empezó a llorar.
— Mami, no llores —Pedí con un poco de culpa. Me he comunicado con cada integrante de mi familia, pero estuve tres años lejos sin visitas, por lo que no es lo mismo tenerme virtualmente que personalmente.
— Mi reina, has cortado tu cabello — Dijo Abrazándome y acariciándolo.
—Hay que hacer cambios de vez en cuando. — Dije riendo. — Fui por la Mansión y me dijeron que el abuelo está aquí
— Sí, hija, ya es muy viejito, pero se pondrá muy feliz de verte.
—¿Cómo está? — Pregunté temiendo lo peor
— Serán sus últimos días, cariño — Dijo con ternura — Él quiere volver a su Mansión o viajar a un lugar que le brinde tranquilidad, no quiere fallecer aquí— Me dejó entrar y pude verlo bien.
El abuelo está muy delgado, como si no hubiese comido en mucho tiempo, pero es obvio en su edad, donde el cuerpo empieza a actuar de diferentes formas.
Sus ojos cerrados y postura pareciera de una persona que ya cumplió con su propósito en esta vida, por lo que merece descansar y sé bien que sí es así. La empresa fue dirigida por él muchos años. A mí me aceptó y adoptó como su nieta incluso cuando nadie lo sabía, mucho antes de que su hijo se hiciera cargo de los negocios. Es más, desde que estoy en la familia, sé que él no ha hecho ningún viaje a solas, solo familiares, por lo que si desea un viaje para irse en paz, lo tendrá.
No quiero ni imaginar como estarán los tíos o la abuela, ya con más de 80 años todos, faltará poco para su triste partida.
Me senté con mamá en la habitación, esperando que el abuelo despertara.
— Hija, ¿Puedes vigilar aquí? Necesito descansar, he estado toda la noche en vela.
— Ve a la mansión para ducharte y descansar, má.
— ¿Segura? — Preguntó no muy convencida.
— Claro que sí, estoy acá, no me iré nunca más, por lo que llamaré si algo sucede.
— Bueno, hija, estaré pendiente del celular.
—Sí, mami. — Nos abrazamos y se fue.
El silencio de la habitación es aterradora, el frío que empieza a sentirse hace maquinar tu mente con pensamientos negativos, donde esto es lo que recibirás en tu último suspiro y no, el abuelo no lo merece; en sí, nadie lo merece.
Agarré mi celular y busqué en Google cual era el lugar más tranquilo para visitar, donde podrías despedirte del mundo, y de las pocas o agradables opciones, apareció un Lago en Canadá, precioso con solo verlo. Sus imágenes realmente transmiten muchas emociones y la paz está en medio de esa naturaleza, más en primavera.
— Debo estar muerto para ver tan bello ángel— Sonó una voz demasiado gruesa que al principio me asustó.
Levanté mi vista dándome cuenta que el abuelo Eduardo estaba mirándome con sus ojos azules, intentando sonreír.
— Abuelito, precioso, estoy aquí personalmente, pero todavía no es tiempo de que te vayas... Debo contarte todas mis aventuras y vivirlas contigo. — Le di un beso en la frente y luego agarré su mano.
— ¿Has vuelto con una bestia de novio? — Frunció su seño investigando mi situación sentimental.
Reí al recordar que eso le preocupaba cuando estaba a punto se subir al Jet.
— No, abuelito, tu nieta no ha tenido ningún novio. Vine sola. — Sonreí y él también.
— El corazón de mi bella nieta debe ser especial para un verdadero hombre que se atreva a aguantar tu personalidad
— ¡Ey! Me ofendes — Me crucé de brazos fingiendo dramatismo
— Lo siento, cariño... ¿Cuándo llegaste? — Preguntó con interés
— Anoche, pero era demasiado tarde, por lo que no quise ver a nadie. Hoy fui a la mansión y me informaron de tu salud, así que vine directo.
— Que viejas chismosas esas empleadas. — Volteó los ojos.
—¿Cómo sabes que fueron ellas? —La curiosidad me entró, yo no dije quién fue.
— Es obvio, además de limpiar, tienen toda la información, son peores que un canal de Chisme.
Asentí y Reclamé —¿Por qué no me llamaste?
— No quería hacerlo, me encantaba saber que tú estabas viajando por el mundo, lo que yo no pude hacer. No te darían noticias tristes.
—¿Darían? ¿Hace cuánto estás internado? — Presiento que odiaré la respuesta.
— Hace dos semanas, cariño. La familia lo sabe, pero prometieron no molestarte.
—Cuando los vea, los regañaré. ¿Ha pasado algo más que deba saber?
— mmmh sí, Paola y Santiago están en silla de ruedas porque sus caderas no aguantan más. Marina enloquece a tu padre con sus compañeros de clase y Emilio será padre.
—¿Qué? — Mis ojos están casi abandonando mi cabeza, así como mi cerebro. —¿Seré tía? — No quiero saber lo que pensará mamá.
Uno de los cuatrillizos, con 18 años, será padre. ¡Dios! De no creerse.
— Efectivamente, tiene dos años y medio en una relación con una compañera de estudios, pero los métodos no funcionaron muy bien, por lo que ahora serán padres.
—Bueno, ya no queda otra que aceptar lo que se viene, pero ¿Es buena chica?
— No sabemos, para todos es desconocida. Sólo Isaías la ha visto y no le agradó.
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Comments
Gilma Graciano
el abuelo eduardo me conmovió a esa edad murió mi padre me lo hizo recordar esta novela promete ser buena esa personalidad de bella es impresionante 😲 💕 ♥️ 💖
2025-03-28
1
Cinzia Cantú
Noticias de todo tipo, algunas felices y otras no tanto
2025-02-28
0
Yazmin Gómez
el abuelo siempre con buena actitud
2025-03-03
0