Capitulo 20

Todo estaba listo para el juicio de William y sus cómplices, al ser la máxima autoridad del imperio era mi deber dictar sentencia a los criminales, uno a uno fueron llevados ante la multitud que se había reunido para presenciar el acto.

Sus delitos fueron leídos y el pueblo estaba a la expectativa, la muerte sería un camino muy fácil para ellos, sus crímenes eran de los más bajos y por lo tanto debían obtener el castigo adecuado, el silencio era sepulcral, después de pensarlo por algunos minutos decidí enviarlos a las minas.

Estos eran lugares conocidos por la crueldad que empleaban con los esclavos que trabajaban allí, los peores criminales eran enviados a ese lugar como un esclavo más y sería ese el destino que ellos tendrían, los gritos y súplicas no se hicieron esperar, los familiares de los cómplices pedían clemencia, pero ya mi decisión estaba tomada y no me echaría atrás, William miraba a Emiliano y le suplicaba que abogara por él, no quería ir a las minas, sabía que no duraría mucho en ese lugar, sus suaves manos no estaban adaptadas para ese tipo de trabajos, vociferaba que era de la nobleza y como tal debía ser tratado, Emiliano solo le dio la espalda antes de retirarse de ese lugar.

Sabía que eso era algo que a él le dolía, era su hermano después de todo, pero si quería ser un buen emperador debía hacer ojos ciegos y oídos sordos ante las súplicas de cualquier persona que cometiera un crimen, sin importar de quién se tratara, los guardias se encargaron de subirlos a una carreta antes de partir hacia el lugar que sería su nuevo hogar.

La vida en el Palacio comenzó a cambiar ese mismo día, reunimos a todos los sirvientes en el patio trasero, las reglas de ahora en adelante serían muy diferentes, para empezar las comidas debían tomarlas al mismo tiempo, cada uno de ellos tendría derecho a uno o dos días de descanso cada 15 días, los guardias tendrían rotaciones diariamente, los que trabajarán hoy no lo harían mañana ya que los mercenarios estarían a cargo de ciertos lugares del Castillo, la organización de la subasta debía continuar, el evento se llevaría a cabo dentro de un mes por lo que todo debía estar listo a tiempo mientras que el nombramiento de Emiliano como emperador sería en mes y medio.

Yo por mi parte, debía seguir con mis deberes, ahora más que nunca tenía que estar pendiente al más mínimo detalle, los miembros de la corte estarían con ojos de halcón sobre mí y debia demostrarles que yo sí podía con el cargo, por supuesto sin descuidar a mis esposos y a mi hijo.

Ismael era un niño muy obediente, sus maestros estaban cada día más maravillados con él, dentro de poco iniciaría su entrenamiento con los caballeros, esto por petición de él mismo, sus padres y yo queríamos que aprendiera a defenderse y que él tomara la iniciativa nos hizo muy felices, quería conversar con mis hombres y contarles sobre un entrenamiento especial que yo le daría personalmente, quería convertirlo en un hombre que supiera defenderse no solo en el campo de batalla sino también de las arpias que quisieran meterse en su cama para luego ascender de estatus.

Era mi deber como madre proteger a mi hijo, si bien no estaría de encimosa en cada aspecto de su vida quería que él estuviera bien preparado para cuando sus padres o yo le lleguemos a faltar.

Solo una semana después designé al mejor caballero que había tenido el Imperio para que le enseñara todo lo que sabía a Ismael, esta persona era ni más ni menos que el general que había entrenado a mis hermanos, Humberto Salvatierra, se había retirado hacía poco más de un año ya que su esposa estaba embarazada y su embarazo era riesgoso, era su primogénito y él quería estar pendiente de todo así que pidió la baja, era el mejor en su campo yo sabía que Ismael estaría en buenas manos.

Después de un paseo por el mercado llegó en mis manos un obsequio para mi hijo, solo faltan dos días para que su entrenamiento inicie y quiero que esté bien preparado, mientras daba un recorrido por algunas tiendas vi un atuendo que me gustó mucho, sabía que le quedaría perfecto, lo compré de inmediato junto a una pequeña espada que le daría más adelante, cuando ya tuviera un mejor manejo con las espadas, por ahora debía iniciar con una espada de madera como todo principiante.

Ver su carita de felicidad cuando le entregue el obsequio era todo lo que necesitaba para saber que él estaba igual de emocionado que yo por su entrenamiento, era necesario, siempre habría quien quisiera causar guerras y aunque quisiera evitarlo en algún momento sus padres y yo no estaríamos para él, todo estaba listo para que comenzara a entrenarse, sus padres y yo estaríamos para él en todo momento, sí 100 veces caía 100 veces lo ayudaríamos a levantarse y le daríamos ánimos de continuar.

El día había llegado y en el campo de entrenamiento se encontraba el general y junto a él Ismael, para comenzar con el entremaniento de ese dia el general lo mando a ejercitarse para reforzar sus músculos y ganar resistencia, Ismael cayó tres veces por el cansancio pero en cada una de ellas volvía a levantarse, durante un largo tiempo estuvo haciendo ejercicios y corriendo, cuando ya sus piernas no daban para más el general decidió parar el entrenamiento por ese día y continuarlo al día siguiente.

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Comments

Sol Cito

Sol Cito

me encantó el castigo que revivieron esas ratas la felicito a esa emperatriz

2024-02-04

2

Mitsuki G

Mitsuki G

Si que buen castigo ya que la muerte sería una salida fácil no sufrirían mucho y siendo esclavos como ellos le hacían a los que vendía sentirán en carne propia el dolor aunque Maximiliano se sintió un poco mal al ser su hermano pero veo que las cosas avanza bien hasta su hijo aprende la espada y estaba bien que su madre le enseñe a distinguir a las trepadoras

2023-08-28

9

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