Hoy amaneció siendo un día precioso, he decidido salir a explorar el mundo que me rodea despues de tantos días de encierro voluntario, le pedí a Carolina que me buscara un bonito vestido, es verano y no quiero que sea algo exagerado, preferiblemente desearía que fuera de un material fresco pero elegante.
Después de estar lista salí al jardín y pedí que me sirvieran un vaso de limonada debajo de mi árbol favorito, mientras lo disfrutaba. llegó ante mi una visita inesperada pero sobre todo indeseada, se trataba de mi flamante esposo en compañia de su amante favorita, al verme se acercó con hipocresía a saludarme y como siempre su z*rra intentó hacerme menos por la ropa que decidí usar.
- Que pésimo gusto tienes Eileen, esas no son fachas en las que debe estar la emperatriz, pareces una plebeya, no la mujer más importante del imperio, que vergüenza.
- Que bueno que te des cuenta que soy la mujer más importante del imperio, no te he dado permiso para tutearme así como tampoco he visto que hagas la reverencia que deberias hacer ante mi, la emperatriz, yo puedo usar cualquier cosa que me apetezca, soy una mujer hermosa y sobre todo con clase, algo que tu nunca podrás tener, ahora donde quedaron tus modales, ¿es acaso así como te educaron en tu familia?.
Ana no podía ocultar su rabia, había intentado menospreciarme una vez más y al no lograrlo solo pudo poner una expresión dolida para mirar al inútil y pedirle que me corrigiera, argumentando que solo quería hacerme ver que no era el atuendo adecuado para mí, de inmediato él me miró e intentó reclamarme por la falta de respeto que había tenido con su amada concubina, estaban acostumbrados a que yo solo bajara la cabeza ante cualquier cosa que ellos dijeran pero eso había cambiado.
- Eileen, Ana solo quiere lo mejor para ti y tu imagen, no está bien visto que lleves esos atuendos.
- Alto ahí, en primer lugar no somos tan cercanos como para que me llame por mi nombre, de ahora en adelante para usted soy la emperatriz o Su Majestad, segundo, a quién debería decirle esas cosas es a su amante y tercero, si usted no me da el lugar que me corresponde en este castillo lo tomaré yo misma, de ahora en adelante espero que todas sus concubinas realicen el debido saludo al verme y no dirigirme a la palabra a menos que así yo lo solicite, que se enreden entre sus pantalones no quiere decir que pueden tratarme de tú a mí, soy por mucho superior a ellas y como tal deben mostrarme respeto, si no tenía nada más que decirme me retiro, se me quitaron las ganas de continuar disfrutando mi bebida.
Con la cabeza en alto y la espalda recta me dirigí a mi oficina, al entrar me di cuenta que había mucho trabajo acumulado, debía organizar las ayudas a las aldeas y gestionar los gastos mensuales de las concubinas, así como el pago de los obreros que estaban trabajando en el jardín que había mandado hacer la verdadera Eileen en el patio trasero del castillo de luna, que es dónde actualmente vivía, cada uno tenía su castillo aparte, donde vivía William era el castillo del sol y donde vivían las concubinas tenia el nombre de castillo de nubes.
Decidí organizar las ayudas y enviarlas lo más pronto posible con mi asistente, cuándo tuve todo listo cerré con llave mi oficina y me dirigí al comedor de mi castillo, era hora del almuerzo y yo estaba muriendo de hambre, por la tarde le dije al contador que necesitaba los libros de los gastos de los últimos 5 meses para crear un balance, había algo entre los gastos de las concubinas que no terminaba de comprender, habían cifras que no cuadraban con los informes que el ministro de moneda me había entregado y debía saber que era.
Después de la hora del almuerzo regresé a mi oficina a continuar con mi trabajo, organizando los deberes que había acumulado durante los días que estuve en cama, toda la tarde la pasé entre papeles y al caer la noche regresé a mi habitación, estaba exhausta, quería darme un baño y descansar.
Para la mañana siguiente, después de tomar mi desayuno me dispuse a ir a mi oficina nuevamente, aún tenía muchas cosas pendientes, lo primero que revisé fue la distribución de frazadas, cobijas, bolsas de dormir entre muchas otras cosas que necesitaban los habitantes de una aldea que recientemente habían parecido daños en sus hogares gracias a las fuertes lluvias e inundaciones, al tener todo listo le pedí a mi asistente que se encargará de repartirlas a las familias, cuando dieron las 10 de la mañana yo aún estaba esperando los libros de contabilidad de las concubinas y al no tenerlos en mis manos todavía me dirigí personalmente a buscarlos.
Al llegar a la oficina del ministro de finanzas me llevé una gran sorpresa, los documentos que había pedido aún no estaban en mis manos porque la concubina favorita del inútil de mi esposo no le permitía al ministro salir de su despacho, desde el pasillo se podían escuchar los sonidos obscenos qué estos hacian dentro de la oficina, no necesitaba entrar para saber lo que allí sucedía, sin embargo, irrumpí en el lugar tomandolos por sorpresa, con una mirada fría en mis ojos y sin expresión alguna en mi rostro le pedí al hombre que me entregara los libros junto con los documentos que contenían los últimos gastos de las concubinas, Ana intentó negarse, pero de nada sirvieron sus intentos por frenar que llegaran a mis manos.
Al verme salir del lugar quiso amenazarme diciendo que si yo le contaba a William sobre su aventura esta vez haría mucho más que tirarme por las escaleras, en ese momento una carcajada salió de mis labios, me giré hacia ella y rápidamente la tomé por el cuello antes de estamparla contra la pared, abrió sus ojos al sentir el impacto contra el duro material.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 27 Episodes
Comments
Lita Wellington
Esa mujer no pierde sus costumbres
2024-12-18
0
Guadalupe Flores
llévala arrastrando hasta con el rey para que se le quite lo imbecil
2024-09-13
0
Yazmin Gonzalez
Estoy amando tu forma de ir contando la historia... excelente narradora ❤️ Atrapas con rapidez
2024-07-23
0