Año 3313 día 6 calendario humano:
-Ya no aguanto- Dijo Alan mientras tomaba sus pertenencias más importantes para viajar.
-Piénsalo bien Alan si sales es peligroso que te encuentren-
-shhhhh vas a alertar a Ellen- Ya iban varios intentos de Alan por salir de la mansión sin que Ellen lo notara para buscar a Leanne, pero siempre terminaba siendo descubierto ya fuera por; la actitud sospechosa de León, sospechas de la misma Ellen o acoso por parte de los niños que ahora vivían allí con ellos. El mayor de los 4 tenía 12 años, 6 uno, 4 la otra y 2 la bebé. El mayor solo recordaba su nombre, se llamaba Marly. En cuanto a sus hermanos, les decía mocoso 1, mocosa 2 y mocosa 3 respectivamente. Venían de "muy lejos" y habían estado sirviendo como esclavos para el hombre que estaba en la subasta, lo más probable es que quisiera revenderlos.
Alan ya estaba ansioso por no haber cazado una tormenta los últimos días y ahora determinado partiría hacia la dirección en que León le comentó que la había visto dirigirse. Por suerte esta vez Ellen estaría en cocina distrayendo con historias a los niños, León se dedicaría a cocinar y Alan saliendo por la puerta principal dijo que iría a revisar si de casualidad caería una tormenta en la montaña cercana.
...
Alan, montado en su caballo y con determinación en su rostro, cabalgaba a toda velocidad a través del paisaje agreste. El sol ardiente del mediodía se reflejaba en su cabellera gris, pero su mente estaba concentrada en una sola cosa: encontrar a su radar salvaje de rayos.
Después de varias horas de cabalgata incesante, Alan comenzó a escuchar ruidos y alboroto a lo lejos. Se acercaba a un área donde parecía haber una gran actividad. Intrigado y esperanzado de encontrar alguna pista sobre el paradero de Leanne, aceleró el paso de su caballo.
Al llegar al lugar, se encontró con una escena surrealista. Un grupo de vándalos se había congregado para "migrar". En medio de ellos, vestida de manera decorosa y rodeada de respeto, se encontraba Leanne. Su cabello estaba peinado con elegancia y llevaba una túnica adornada con símbolos tribales.
Alan se sintió aliviado y emocionado al verla sana y salva, pero también confundido por el repentino cambio en su apariencia y la actitud de los vándalos. Alan observó a Leanne en medio de la multitud de vándalos y supo que necesitaba captar su atención de una manera discreta pero efectiva. Recordando sus habilidades con los hilos de plata, decidió utilizarlos para crear una herramienta que reflejara el sol de manera potente y en muchas direcciones, llamando así la atención de Leanne y también de todos los vándalos presentes.
Con manos hábiles, Alan comenzó a tejer rápidamente hilos de plata en una estructura ligera y brillante. Mientras tejía, moldeó cuidadosamente el material para que reflejara la luz del sol de manera intensa y dispersa. Cada hilo plateado estaba estratégicamente ubicado para crear múltiples destellos y destellos de luz.
Una vez que la herramienta estuvo lista, Alan la sostuvo en alto y la movió con cuidado, permitiendo que los rayos del sol fueran capturados y reflejados en todas direcciones. Pronto, los destellos de luz se deslizaron a través del área, captando la atención de todos los presentes, incluida Leanne.
Los vándalos, sorprendidos por el brillo deslumbrante y la belleza de los destellos, se detuvieron en sus conversaciones y se giraron hacia la fuente de la luz. Sus murmullos de asombro llenaron el aire mientras seguían los destellos con la mirada.
Leanne, también cautivada por el resplandor y reconocido el sutil mensaje de Alan, se volvió hacia él con los ojos brillantes de emoción. Aprovechando la oportunidad, Alan se acercó rápidamente a ella, cuidando de no perturbar demasiado a los vándalos mientras lo hacía.
"Leanne, necesitamos hablar", susurró Alan con urgencia, tratando de asegurarse de que solo ella pudiera escucharlo en medio del alboroto.
Leanne asintió, entendiendo el mensaje y siguiendo a Alan a un lugar más apartado donde pudieran conversar en privado.
Mientras tanto, los vándalos quedaron fascinados por los destellos de luz y comenzaron a especular sobre su origen. Algunos murmuraban sobre la posibilidad de que fueran signos divinos, mientras que otros se maravillaban ante la habilidad y el poder de Leanne, a quien asociaban con los hilos de plata y su resplandor.
El brillo de los hilos de plata había capturado la atención de todos, permitiendo a Alan y Leanne tener un momento de privacidad en medio del tumulto.
- ¿No que te habían echado? ¿Ahora te reciben como reina? ¿Es algún tipo de ritual de sacrificio? -
-Aquí no hacemos eso-
- ¿Porque has dejado la mansión? -
-Yo no abandono a mi gente, ni a ellos ni a ustedes, todos son mi gente ahora-
- ¿Cómo es que te aceptaron? ¿Hacia dónde viajan? -
Mientras Alan y Leanne se encontraban en su momento de privacidad, los vándalos observaron con asombro cómo Alan apareció junto a Leanne después de captar su atención con los destellos de luz de los hilos de plata. Los murmullos de sorpresa se transformaron rápidamente en aclamaciones y gritos de júbilo cuando los vándalos creyeron que el propio León Salvaje había aparecido de la nada frente a su amada.
"LEÓN SALVAJE, LEÓN SALVAJE", comenzaron a corear los vándalos en medio del alboroto. La noticia de la aparición de León Salvaje se propagó rápidamente entre ellos, y la tribu se postró ante Alan, creyendo que era el dios al que Leanne se había casado. El resplandor de los hilos de plata y el misterio que los rodeaba habían reforzado aún más la creencia en el poder y las habilidades sobrenaturales de León Salvaje.
Alan, sorprendido por la abrumadora reacción de los vándalos, se encontraba en medio de un torbellino de emociones. La veneración equivocada que le mostraban le dejó perplejo y dividido en su interior. No estaba seguro de si debía aceptar esa veneración, ya que sabía que no era el verdadero León Salvaje al que adoraban, pero a la vez se sentía cautivado por la magnitud del momento.
En ese instante, Alan buscó la mirada de Leanne, buscando en sus ojos una respuesta a la situación que se había creado. Leanne, con una expresión serena y determinada, le indicó que se dirigían a la mansión Silver. Alan sintió un nudo en su estómago al pensar en las posibles consecuencias de acoger a Leanne y León en su mansión. Temía que su decisión pudiera llevar al declive de la majestuosa mansión Silver, o tal vez, por alguna extraña razón, desencadenar una nueva era de exaltación y grandeza.
Un suspiro escapó de los labios de Alan mientras un torrente de emociones lo embargaba. Recordó a su mentor, Artorias, su escape en londinium. Se llenó de nostalgia al recordar los momentos difíciles que había vivido junto a Ellen, cuando la hambruna, el cansancio, la sed y la pobreza eran su compañía constante. Pero también recordó las noches de incansables experimentos, las sospechas lunáticas que lo atormentaban y estaban ligadas a su ser.
Miró las herramientas y creaciones que llevaba consigo, testigos de su ingenio y perseverancia. Alan alzó los brazos, cerró los ojos y, con una postura orgullosa, recibió la ovación de los tribales. En ese momento, sin quererlo, todos los hilos de plata que llevaba consigo salieron en un estallido de luz y se entrelazaron en un juego de luces con el sol. El resplandor de los hilos de plata bailaba en el aire, creando un espectáculo deslumbrante y mágico.
Alan se dejó llevar por el éxtasis del momento, asumiendo el papel que le había sido impuesto, pero al mismo tiempo, dejando fluir su propio poder y creatividad. En ese instante, se sintió conectado con algo más grande que él mismo. Era como si su pasado y su presente se fusionaran en un instante de trascendencia, y el destino lo hubiera llevado a este punto crucial de su vida.
Después de haber sido ovacionado Alan, con el corazón lleno de sentimientos encontrados, se adelantó en su caballo para llegar a la mansión Silver lo más rápido posible. Su mente trabajaba sin descanso, intentando idear la forma de convencer a los vándalos de que lo siguieran sin levantar sospechas sobre la farsa que había montado junto a Leanne. Sabía que debía ser cauteloso para mantener su liderazgo sobre ellos y evitar cualquier conflicto que pudiera poner en peligro la seguridad de todos.
Al llegar a la mansión la siguiente mañana, Alan se encontró con León esperándolo en la sala. Su mirada era penetrante y en sus ojos se vislumbraba una mezcla de curiosidad y expectativa. A su lado, Ellen dormía con los ojos enrojecidos, evidencia del sufrimiento que había experimentado durante la noche. Un nudo se formó en la garganta de Alan al darse cuenta del daño que le había causado a su amada esposa, pero sabía que en ese momento debía concentrarse en preparar la mansión y a sí mismo para recibir adecuadamente a la tribu de Leanne, que anhelaba seguirlos como si fueran dioses en sus "aventuras" y así convertirse en parte de la historia.
-Así que la has encontrado- Dijo León
Alan asintió. Ellen despertó y se levantó. Alan se acercó a ella y le dió un abrazo. Ella no dijo nada.
¿Dónde está? -
Viene en camino- Alan no encontraba la manera de hablarles lo que había pasado e iba a pasar.
-Trae visitantes importantes consigo, necesitamos preparar la mansión -
Ellen y León a pesar del sueño comenzaron a ayudar a Alan, incluso después de despertar, los dos niños mayores al ver la seriedad en la cara de Alan decidieron ayudarle cuidando de las dos menores de manera ordenada.
Con determinación, Alan se sumergió en los preparativos. Ordenó y limpió cada rincón de la mansión junto a los demás, asegurándose de que todo estuviera en perfecto estado. En su laboratorio, revisó sus experimentos y creaciones, buscando encontrar la manera de impresionar y asombrar a los vándalos con su conocimiento y habilidades. Al final decidió dejar su vida en manos de la suerte una vez más.
A medida que los preparativos en la mansión Silver llegaban a su fin, el momento tan esperado finalmente llegó.
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