Dúo dinámico

Después del impacto, la joven se levantó rápidamente, pero en su sorpresa soltó las riendas de su caballo y el animal, junto con el otro, se alejaron a toda velocidad adentrándose en el bosque. Mientras los observaba con expresión asombrada, escuchó los sonidos de despertar provenientes del chico contra el que había chocado. Sin cambiar su expresión, giró lentamente la cabeza, como una muñeca de una película de terror, y sus ojos asesinos se encontraron con los del chico que recién comenzaba a enfocar.

-¡AAAAAAAAAAAAA!- El grito del chico resonó en el bosque, asustando a las aves cercanas. La joven se acercó rápidamente y le tapó la boca. -Cállate, salvaje - le susurró. El chico decidió callarse, en gran parte debido al adjetivo "salvaje". Ambos asintieron y la chica se alejó un poco.

-¿Quién eres? - preguntó el chico una vez que se hubo calmado. La joven inspeccionaba el terreno y sentía el viento, consciente de que sin el caballo tendría que dirigirse en una dirección específica de inmediato.

-Soy Leanne, una mujer de la tribu de los Vándalos - respondió ella.

-Lo de "mujer" sobraba - replicó el chico.

-¿Y quién eres tú? Un macho escuálido - contraatacó ella.

-Soy León Bonariete De la Vianca Tercero - respondió el chico.

-Hablas de manera extraña. ¿Por qué te persiguen tus amigos "salvajes"? - inquirió ella.

-En primer lugar, no soy un salvaje, y en segundo lugar, me atraparon pidiendo prestado dinero - explicó el chico.

-¿Dinero? ¿Oro? - preguntó curiosa la joven.

-Así es - asintió el chico.

-¿Y qué tiene de malo? ¿Acaso ustedes, los salvajes, se pelean por pedir prestado oro? - indagó la joven con una pizca de ironía en su tono.

-El problema es que pedía dinero prestado en secreto, sin que la gente se diera cuenta - admitió el chico.

-Así que nos persiguen a ambos - dijo Leanne pensativa. -Muy bien, eres una buena carnada. ¡Adiós! - exclamó mientras se alejaba corriendo.

-¡Espera! - exclamó León. -Si crees que el ejército no estará vigilando esa posición, los estás subestimando. - Sus palabras llamaron la atención de Leanne, quien regresó.

-¿Tú conoces las estrategias de guerra de los salvajes? - preguntó ella, intrigada.

-¡Por supuesto! - respondió León sin dudar, La nariz de pinocho le crecía. Pero Leanne tenía poca experiencia tratando con citadinos, así que le creyó fácilmente. En realidad León era un huérfano judío que se había dedicado a estafar a la gente desde una edad temprana utilizando sus habilidades mentales y manuales. Al observar el comportamiento de Leanne, supo de inmediato que debía permanecer a su lado si quería sobrevivir en la vasta naturaleza. Por su parte, Leanne comenzó a interesarse en León, ya que si lograba obtener información sobre las estrategias de guerra, podría intentar regresar a su tribu con una valiosa ofrenda.

Leanne decidió que su primer paso debía ser escapar de los perseguidores, así que comenzó a hacer preguntas a León. Este le orientó sobre la necesidad de dirigirse lo más rápido posible hacia el Noroeste, pero tomando una ruta que rodeara hacia el norte en forma de L.

Hace unos días, León había escuchado rumores de que una gran fuerza romana se estaba concentrando en la ciudad de Isca, debido a algún motivo desconocido para el público en general, pero él se había informado acerca de los misteriosos personajes que habían desaparecido con un arma peligrosa del imperio. Pensó que, si lograban llegar allí, su insignificancia como delincuente frente a lo que estaba buscando el imperio podría hacerlo pasar desapercibido. Con esa idea en mente, convenció a Leanne de liderar el camino hacia Isca, atravesando la cruda naturaleza en su travesía.

Leanne y León emprendieron su travesía hacia Isca, una pareja muy peculiar formada por una joven salvaje y brusca, y un estafador experto y delicado. Juntos, se adentraron en la cruda naturaleza, enfrentándose a todo tipo de desafíos y situaciones cómicas.

Desde el principio, quedó claro que Leanne era una mujer de acción, mientras que León era más astuto y calculador. Mientras ella saltaba sobre los arroyos y trepaba los árboles como si fueran un juego de niños, León buscaba la manera más elegante de sortear los obstáculos, evitando ensuciarse.

En su camino, se encontraron con animales salvajes, como conejos saltarines y zorros astutos. Leanne los perseguía con gran energía y determinación, mientras que León prefería mantenerse a una distancia segura, observando la escena con curiosidad y compartiendo consejos prepotentes sobre cómo atrapar a los escurridizos animalitos cosa que molestaba a Leanne. Muchos fueron los bosques que fueron testigos de los gritos de León después de irritar a la vándala.

A medida que avanzaban, también tuvieron que lidiar con los elementos naturales. En una ocasión, una fuerte lluvia los sorprendió sin aviso. Leanne, acostumbrada a los climas adversos, se reía mientras dejaba que la lluvia la empapara por completo. Por otro lado, León se escondía rápidamente bajo hojas tratando de mantenerse seco y elegante en medio del diluvio, aunque terminaba siendo salpicado por todas partes.

La comida también fue un desafío en su viaje. Leanne se las arreglaba para cazar y recolectar frutas y bayas, disfrutando de una alimentación rústica y satisfactoria. León, por su parte, mostraba su destreza en el arte del engaño al intercambiar sus monedas de oro por exquisitos manjares en las aldeas que encontraban en su camino. A veces, sus artimañas eran descubiertas, lo que los llevaba a situaciones donde tenían que escapar de los aldeanos enfadados.

Finalmente, después de muchas peripecias y risas para nada compartidas (Esta es una historia para otro día), Leanne y León llegaron a Isca, la ciudad que tanto ansiaban alcanzar.

Año 3312 Mansión Silver:

Espera un momento, Alan - interrumpió Ellen, frunciendo el ceño -. ¿Estás diciendo que necesitarás exponerte a situaciones peligrosas? No estoy dispuesta a arriesgarte de esa manera. Tenemos una familia ahora, y debemos priorizar nuestra seguridad.

Alan miró a Ellen, comprendiendo sus preocupaciones y sintiéndose dividido entre su pasión por su trabajo y la responsabilidad hacia su familia.

- ¿Alan? - Ellen esperaba respuesta.

-Está bien, buscaré otra manera-

El método que Alan encontró consistía en crear una red muy gruesa de hilos de plata en lugares altos y tormentosos, y apilar muchos metales parecidos en forma de torre para estar más cerca del cielo. Sin embargo, si dejaba establecidas dichas redes en lugares aleatorios sería muy costoso y poco eficiente, ya que sus resultados solo dependerían de la suerte. Estaba seguro, debía emprender un viaje a la ciudad en busca de personal que le

pudiese ayudar a él y a Ellen. Determinado, tomó suficientes herramientas, una capa y partió de inmediato esa misma tarde.

Ciudad de Isca:

Leanne y León, conscientes de la seguridad y la vigilancia en la ciudad de Isca, adoptaron un enfoque cauteloso para evitar cualquier contacto innecesario con los guardias del imperio. Con sus habilidades y experiencia combinadas, trazaron un plan meticuloso para ingresar sin levantar sospechas.

En primer lugar, se aseguraron de llegar a las afueras de Isca durante la noche, aprovechando la oscuridad para camuflarse entre las sombras. Con movimientos sigilosos, se deslizaron por los callejones menos transitados, evitando las rutas principales donde los guardias patrullaban con mayor frecuencia.

Leanne, con su instinto salvaje y conocimiento del entorno, lideró el camino, encontrando atajos y escondites estratégicos. Guiados por su intuición, evitaron las zonas más vigiladas y se movieron hacia el corazón de la ciudad con extrema precaución.

León, por su parte... En medio de la calle iba pasando un señor de baja estatura, llevaba consigo un buen traje. Nuestro experto estafador salió a su paso y lo saludó. En menos de nada ya le estaba ofreciendo una suma de oro ridícula como solución a todos sus problemas si tan solo intercambiaban de ropas. El señor se estaba debatiendo internamente si aceptar o no.

-No mejor no- Se negó.

-¿Como se llama usted buen señor?- Leanne que observaba la escena, como tenía prisa se lanzó sigilosamente detrás del señor.

-León Bonariete De la Vianca Terce...- Justo en ese momento Leanne lo pateó, incapacitándolo. Dejó escapar un pequeño grito.

-¿Se llamaban igual?, no puede ser no puede ser, acabamos de golpear a tu familia-

Acabamos?...- Replicó León con un rostro irónico. También algo sorprendido por la coincidencia.

-No dirás que entrar en la ciudad de los salvajes fue idea mía-  La mirada de asesina volvió sobre Leanne.

"León" se puso nervioso -No es mi familia- Dijo mientras se cambiaba de ropa. Ya había llegado a donde quería y ahora estaba pensando en cómo deshacerse de Leanne la cual le había seguido incluso hasta la ciudad.

-Bueno, ya que nuestra huida ha sido un éxito, te llevaré con mi tri...- Leanne se calló. - Hay soldados cerca-

No pasa nada, no creo que nos reconozcan aquí- Dijo León tranquilo.

Ah, si cierto- Los dos se quedaron estáticos sonriendo como tontos. El soldado en el caballo se asomó por la calle. El primero en cambiar su expresión fué León. //Acabamos de noquear a un señor con traje, lo había olvidado//. Un silbido resonó en el lugar. León se echó a correr y junto a él Leanne.

-No que aquí no nos reconocían los salvajes? -

-¡Acabas de Golpear a mi familia!-

//a, ya//

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