Alan tomó la llave de las manos de Ellen y terminó de abrir la puerta del taller. Una vez dentro, Alan observó el pequeño taller, el olor familiar a paja y quemado le restauró el ánimo.
- ¿El taller es tuyo\, ¿verdad? -
-Se podría decir, aunque no lo uso yo, lo usa Artorias -
- ¿Así que trabajas con el imperio Romano? -
-Algo así, no es algo que necesites saber -
-Qué pasaría si creáramos lo que busco aquí -
-Eso es algo que el imperio Romano tampoco necesita saber -
- ¿Estás diciéndome que guardarías el secreto? -
- Dependiendo de la rentabilidad... suenas muy arrogante\, solo he hecho esto porque el viejo necesita un ayudante\, con tu nivel dudo que puedas crear "hilos de metal"\, mejor confórmate con solo dormir aquí. -
Alan sintió una mezcla de frustración y determinación ante la respuesta de la mujer. Sabía que podía lograr lo que se proponía y no iba a dejar que su falta de confianza lo detuviera.
-Entiendo que no confíes en mí, pero te aseguro que puedo lograrlo -dijo Alan con firmeza-. Si me das una oportunidad, puedo demostrarte mi habilidad.
Ellen pareció considerar la propuesta de Alan por un momento antes de hablar.
-Bueno, quizás sea un poco impulsiva de mi parte, pero si logras hacerlo, estaría dispuesta a mantener tu secreto -dijo finalmente.
Alan sintió un alivio al escuchar la respuesta de Ellen y se dispuso a trabajar de inmediato.
- ¿No vas a dormir? -
-Esta noche es mi entrevista de trabajo, ¿cómo puedo dormir? -
Alan encendió las antorchas y el crisol. Buscó plata entre los metales y la puso a calentar.
- ¿Eso es caro sabes? - Ellen\, al fin y al cabo\, se quedó a observar. Admitió internamente que el joven tenía un buen conocimiento. Pero se notaba la falta de una experiencia como la de Artorias.
Comenzó a trabajar en el metal fundido, agregando algunos compuestos en pequeñas cantidades para modificar sus propiedades y hacerlo más maleable. Usó todas las técnicas que conocía, desde martillar y estirar el metal hasta calentarlo y enfriarlo rápidamente, buscando crear un hilo de plata perfecto.
Después de horas de trabajo Ellen ya se había dormido cerca de Alan mientras lo observaba. Alan finalmente tuvo algo que se parecía a un hilo. Con cuidado, lo levantó de la mesa y lo examinó con atención, pero para su decepción, el hilo de plata que había creado era débil y quebradizo, y se partió en varios pedazos cuando intentó estirarlo; pero antes de poder lamentarse cayó al suelo inconsciente.
Ellen despertó sobresaltada al oír el ruido. Corrió hacia Alan y lo encontró en el suelo, inconsciente. Lo examinó rápidamente y descubrió que había inhalado demasiado humo del crisol, lo que lo había dejado inconsciente. Lo llevó a un montón de paja que ella había reunido con antelación y lo hizo descansar mientras ella se aseguraba de que el taller estuviera ventilado.
. . .
A la mañana siguiente Alan abrió los ojos al oír un golpe del martillo con el metal, pero antes de poder levantarse para ver quien habría llegado al taller, sintió un poco de peso en su pecho; cuando hubo enfocado la vista descubrió a Ellen dormida a su lado. Su cara se puso roja al instante, °clanck!° el siguiente golpe pareció despertar a Ellen, Alan se escabulló rápidamente y se levantó para encontrarse luego con la figura del señor Artorias martillando en la misma mesa donde él había estado martillando la noche anterior.
Alan se rascó la cabeza, aun sintiendo un poco de vergüenza por lo que había pasado -Bue... Buenos días, señor Artorias ¿Cómo estuvo su siesta? -
Artorias no contestó, sólo le hizo un ademán para que se acercara a la mesa donde él se encontraba. Alan se empezó a acercar muy avergonzado pero se detuvo al escuchar los bostezos de Ellen.
-Buenos días anciano... Ayer tu nuevo aprendiz fracasó estrepitosamente tratando de demostrarme de lo que era capaz- Dijo Ellen mientras bostezaba. Estaba un poco avergonzada por haberse quedado dormida después de cargar a Alan hasta el lugar que le había preparado.
-Así que estás de acuerdo-
Alan escuchó por primera vez la voz de Artorias. Una voz suave.
- ¿Como no estarlo?; te has quedado sin ayudantes por tu actitud silenciosa\, debes rendir en tu trabajo para contentar por lo menos al inspector-
-...-
-"Más cuerdas de hierro, anciano." Eso dijeron, sólo me las puedes entregar a mí, el inspector vendrá dentro de dos días-
Alan comprendió la situación de inmediato. El patrocinio del imperio Romano tenía un costo, y ahora las invenciones y obras del taller Artorias pertenecían al César. Suspiró, sabía que no tenía otra opción que seguir trabajando para Artorias y cumplir con las demandas del imperio. Pero en su interior, se sentía atrapado y deseaba tener la libertad de crear y experimentar sin restricciones.
Mientras Alan se perdía en sus pensamientos, Ellen se acercó a la mesa donde martillaba Artorias, encontró un papel con tachones y números, los restos del experimento de Alan y a Artorias guiándose por las ideas de su nuevo aprendiz. Sintió algo de envidia y rio entre dientes. //Nunca haces lo que te digo anciano//.
Ellen venía de una familia noble en Isca, desde joven tuvo excelentes habilidades administrativas, lo cual enriqueció aún más los negocios familiares; el éxito llegó a oídos de altos mandos del imperio. Por lo que fue elegida para ocupar un puesto público, dicho puesto consistía en la contaduría absoluta de negocios bajo la jurisdicción del imperio, una vez con un rol en el imperio su familia se alejó por completo de ella. La publicación de los avances de Artorias no fue algo planeado, sino una medida que había tomado el inspector al percatarse que Artorias había estado investigando por su cuenta aplicaciones del hierro diferentes a las especificadas por el imperio, algo que claramente estaba prohibido. Ellen fue sancionada monetariamente por "no percatarse"; afortunadamente gracias a sus habilidades, nadie notó que muchos de los materiales que usaba Artorias habían sido adquiridos a cuenta de ella. Las sanciones sobre el herrero fueron más "crudas", se le prohibió hacer algo diferente a trabajar el hierro en moldes prediseñados, si no cumplía con estas normas; sería declarado como traición.
- ¿No vas a ayudar vagabundo? - Gritó a Alan mientras se retiraba del taller. Estaba decidida a ocultar "sin tacha" la actividad innovadora de esos dos. //Sin innovación\, no hay progreso...ni riqueza//.
Alan se sobresaltó al escuchar la voz de Ellen y se apresuró a retomar su trabajo en el taller. Él sabía que ella tenía un carácter fuerte y no le agradaba mucho su presencia en el taller, pero seguía siendo alguien de corazón amable. Ambos se cruzaron caminando direcciones opuestas.
Alan observó el largo cabello negro y la escotada espalda de Ellen. -Gracias... haré las mejores cuerdas de hierro por el momento. -
Ellen solo siguió su camino. Su última vista antes de cerrar la puerta, fue el rostro lleno de una felicidad indescriptible de Alan mientras observaba las correcciones escritas por Artorias en el papel sobre la mesa donde había estado trabajando.
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