IDA

Hubo un tiempo en el que la dimensión IDA se sumergía en un caos absoluto. Los éntises que la habitaban se movían sin rumbo, sin estructura ni propósito. Pero todo cambiaría cuando 500 años después cinco poderosos seres surgieron del caos, trayendo consigo el orden y la estabilidad que tanto se necesitaba.

La primera encarnaba la pura racionalidad. Su mente analítica y lógica se convirtieron en los cimientos del orden en IDA. Al darse cuenta de la necesidad de estructura, creó su dominio, un espacio en el que el espacio mismo se doblegaba a su voluntad. Dentro de su dominio, las leyes del espacio eran regidas por su poder, asegurando que ningún ente pudiera desafiar su autoridad.

El segundo, un joven prepotente y aventurero, poseía una energía inmensa y un espíritu indomable. Con su llegada, IDA se llenó de movimiento y vitalidad. Forjó su dominio a través del control de las fuerzas vectoriales, donde podía manipular la dirección y magnitud de las energías que fluían por IDA. Su dominio era un escenario siempre cambiante, lleno de desafíos y pruebas que solo los más valientes podían superar.

El tercero y cuarto eran gemelos, seres extremadamente territoriales en forma de dragones terrestres y con un fuerte sentido de pertenencia. Juntos, establecieron dos dominios, uno, un vasto territorio dominado por la solidez y la materia en estado sólido. otro, un territorio dominado por las aguas y materia en estado liquido. Dentro de sus dominios, las montañas se alzaban imponentes, los valles eran profundos y las formaciones rocosas se erigían como monumentos de su poder. Cualquier ente que intentara invadir sus dominios era enfrentado con ferocidad y determinación.

Por último, un ser enigmático, fue el encargado de velar por el tiempo en IDA. Su dominio era un lugar misterioso y sombrío, donde las horas se retorcían y las sombras se alargaban. Con sus múltiples sombras siguiéndole, aseguraba que el flujo temporal en IDA se mantuviera en equilibrio, evitando anomalías o distorsiones.

Con el tiempo, los soberanos adquirieron una comprensión más profunda de su propósito en IDA. Se dieron cuenta de que su poder estaba más allá de sus dominios, pero que salir de ellos era peligroso. Cualquier otro soberano o deidad podía cazarlos mientras estuvieran fuera de su territorio seguro. Por lo tanto, se convirtieron en guardianes de sus propios dominios, asegurando que su poder se manifestara en todo su esplendor desde sus reinos.

Comprendieron que el caos no podía reinar eternamente fuera de sus dominios en IDA. En lugar de enfrentarse unos a otros, decidieron forjar acuerdos de paz para establecer el orden. Reconocieron que cada uno tenía un papel vital en la estructura de la dimensión y que, juntos, podían crear un equilibrio perfecto.

Los acuerdos de paz se sellaron mediante rituales ancestrales, en los cuales cada soberano juró respetar los dominios de los demás y colaborar en beneficio del orden. El acuerdo tuvo vigencia hacia el año 1000 (calendario espiritual), cuando con la llegada de las deidades IDA estableció su orden por completo, ya que nacieron numerosos dominios. Además, fuera de los dominios, surgieron reinos naturales llenos de paisajes peculiares y extraordinarios. Estos reinos estaban habitados por animales y criaturas fantásticas neutrales, creando diversidad en la dimensión.

Las deidades que se formaron, relacionadas con conceptos como el pasado, el presente, el futuro, el cielo, la luz, la oscuridad, las nubes y gases, el sol, la luna, los ciclos, los bosques, la vegetación y el fuego, entre otros.  también se establecieron en sus propios dominios. Desde allí, ejercían su influencia sobre IDA, otorgando poder y forma a los diferentes aspectos de la existencia.

No obstante, las deidades y los soberanos eran conscientes de su propia mortalidad ya que obtienen su poder de los éntises relacionados con su tipo. Esto significa que, aunque fuera arriesgado, podían buscar energía fuera de sus dominios al interactuar con éntises afines. Sin embargo, por un lado, podría ser atacado por un enemigo y por el otro, si pasaba mucho tiempo sin poder absorber éntises de su mismo tipo, corría el riesgo de que se formara otra deidad con su mismo rol en IDA, lo que podría convertirse en un potencial enemigo capaz de entrar en su dominio y absorber su poder. Algunas deidades, como la relacionada con la muerte, morían cada 500 años sin poder evitarlo, y eran reemplazadas por nuevas entidades divinas. Era un ciclo constante de renacimiento y cambio en la estructura de IDA.

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