-No dejaría de aprender del señor Artorias solo por dinero-
-Veo que no te interesan mucho las riquezas, que joven tan integro…-
En ese mismo instante el sol que se ocultaba se reflejó por un segundo en una esquirla que se encontraba dentro de la carreta.
-…Entonces tampoco te molestaría mostrarme lo que han estado haciendo sin autorización del imperio- El aire estaba cargado de tensión mientras el inspector se acercaba cada vez más a los restos de metal en la carreta. Alan sentía que su sueño y todo lo que había trabajado estaban en peligro. El último rayo de sol del día se filtró a través de una rendija entre las nubes, bañando el taller en una luz dorada y cálida.
En ese preciso instante, el rayo de sol encontró su camino y se reflejó en los ojos de Alan. Sus iris, normalmente suaves y llenos de vitalidad, se volvieron oscuros y penetrantes.
El semblante de Alan se transformó. La calma y la amabilidad que había mostrado hasta ese momento dieron paso a una determinación férrea y a una confianza inquebrantable. Se plantó firmemente frente al inspector, sin dejar que este se acercara más a los restos de metal.
En ese momento, el silencio se hizo presente, solo interrumpido por la suave brisa que acariciaba el taller. El inspector, aún desconcertado por la mirada desafiante de Alan, decidió tomar distancia y reconsiderar sus movimientos.
Alan se mantuvo firme, sin bajar la guardia, mientras el último rayo de sol se desvanecía lentamente, sumiéndolo todo en la penumbra. Pero el brillo en sus ojos y su determinación no se apagaron.
Era evidente que algo había cambiado en Alan en ese instante. Ellen que había estado observando en silencio, reconoció esa actitud de cuando se conocieron. Si el inspector se daba cuenta de que el taller Artorias habría estado trabajando otros metales aparte del hierro había una gran probabilidad de que encarcelaran al anciano y no quería ni imaginar lo que le pasaría a ella. Alan, por ser el aprendiz podría hallarse en una mejor posición, pero su actitud frente al inspector lo estaba comprometiendo.
-H…- Iba a hablar, pero antes de poder decir algo, una voz suave detrás de ella le interrumpió.
-Con gusto te mostraré el nuevo descubrimiento- Artorias entró súbitamente y tumbó la carretilla. De entre los restos sacó un pequeño trozo de plata sucio, lo limpió y lo mostró al inspector.
-Necesitamos luz del sol, pero limado brilla muy bien, es un artículo decorativo-
El inspector empezó a reír.
- ¿Esto es todo? ¿el anciano Artorias arriesgó su libertad por esto? Básicamente la estúpida contadora también perderá su puesto por ¿esto? –
El inspector silbó increíblemente fuerte.
-Artorias Silver, ¿Admite estar trabajando en proyectos científicos sin permisos del imperio? –
-Admito buscar el progreso para mejorar la vida de todos, ¿no está su emperador interesado en el bienestar del avance tecnológico? O es tan ignorante como para ignorar su importancia –
-El césar Adriano ha sido muy específico, todo invento le pertenece a él y sólo a él, nadie del montón puede usar la ciencia sin su excelentísimo permiso. De esta manera mi césar evita que el populacho siquiera tenga acceso a herramientas que los puedan ayudar a rebelarse. Justo como lo haces tú ahora. – Los galopes de unos cuantos guardias ya resonaban en la calle. -Nadie sale de este taller hasta nuevo aviso- terminadas las últimas palabras un potente relámpago anunció la llegada de una noche lluviosa. Como si hubiesen sido invocadas las nubes desataron una lluvia torrencial inmediata sobre el lugar. Ellen empezaba a entrar en pánico, había llegado a la conclusión de que la única manera de que el inspector sospechara algo se debería a un error suyo ocultando la adquisición de plata u ocultando posibles testigos oculares circundantes.
-Ellos dos no tienen nada que ver, soy el responsable de este establecimiento-
-Repito, nadie sale de este local- El plan de Artorias fracasó.
Los guardias estaban entrando. La tensión en el taller era palpable mientras los guardias se acercaban con paso firme. Ellen miraba a Alan con preocupación, esperando una respuesta o alguna acción que pudiera cambiar la situación, pero él permanecía en silencio, con una mirada determinada pero tranquila.
Los guardias, empapados por la lluvia encendieron las antorchas del local. Una vez hubo luz la expresión de Alan cambió y empezó a reírse.
-Joven Alan, parece que has perdido tu cordura-
- ¿Enserio creíste que vine aquí a ser discípulo de un anciano que solo sabe hacer decoraciones? -
Artorias y Ellen quedaron desconcertados, miraron la expresión de Alan, parecía ser otra persona.
-Mis innovaciones son mucho más imponentes que ese trozo de metal que tienes ahí señor inspector-
-De que hablas…-
-Mi invento puede hacer que todos aquí muriesen sin saber siquiera cómo-
Los tres soldados presentes sacaron sus armas por las amenazantes palabras. Pero el inspector los retuvo.
- ¿Estas alucinando? Trae tal cosa aquí\, si no es lo suficiente\, puedo ejecutarte aquí mismo-
Alan se dirigió a la estantería donde había guardado los hilos de plata y las instrucciones. Las tomó en sus manos y se encaminó hacia el inspector. Seguía sonriendo como un loco. Cuando estuvo a mitad de camino tropezó y dejó caer lo que llevaba en las manos, el destello metálico capturó la atención de todos en la habitación, y el aire pareció vibrar con una energía eléctrica. una vez los hilos de plata tocaron el piso escabulléndose entre la paja, hubo un relámpago que desató el sonido ensordecedor de un trueno, los hilos de plata que recogió Alan le generaron una descarga eléctrica. Con un rugido impetuoso, el viento se coló por las rendijas de la madera, agitando la paja y las telas, y arrastrando consigo hojas y ramitas que habían sido arrancadas de los árboles por la tormenta. Los objetos livianos se elevaban en el aire, girando en una danza caótica y frenética. Las antorchas se apagaron y otro relámpago alumbró por un corto periodo de tiempo la oscuridad que ahora reinaba en el taller. Alan seguía sonriendo y sus ojos parecían brillar, pero en su mente rezaba por un milagro que les permitiera escapar. Todos estaban confundidos y el inspector se llenó de un misterioso sentimiento de terror.
Año 1301: Calendario Espiritual:(A esa misma hora)
- ¿mmm? – Bálita\, la deidad de las barreras se encontraba en su pequeño dominio\, cuando tuvo una extraña sensación. - ¿un “éntise”\, ha migrado? imposible; debe ser mi imaginación-
*Año 3301: *Calendario humano-Taller de Artorias:
Después del repentino relámpago los guardias quedaron a la expectativa del sonido del trueno, pero tardaba.
- ¿Qué haces...? Pronunció Ellen.
Los guardias buscaron encender las antorchas.
El temor del inspector se transformó en ira e indignación. Con voz rugiente exclamó.
-Alan Silver, hoy, tú serás ejecutado ¡EN EL NOMBRE DEL CÉ…! – Un poderoso rayo rompió el techo del taller y cayó justo sobre el inspector, la onda expansiva levantó a todos los presentes, en ese instante, el tiempo pareció ralentizarse, creando un efecto de cámara lenta.
La mirada de Alan se encontró con los hilos de plata en pleno vuelo, suspendidos en el aire como si desafiara las leyes de la gravedad. Centelleaban con una energía cautivadora y emitían destellos brillantes que iluminaban su rostro y el entorno circundante.
En ese breve lapso de tiempo suspendido, Alan pudo apreciar la belleza etérea de los hilos de plata en movimiento. Parecían cobrar vida propia, danzando y retorciéndose en el aire como serpientes de luz plateada. Su brillo se intensificó, irradiando un resplandor deslumbrante que llenaba la sala. Y en ese mismo momento tomó la determinación de buscar la manera de observar esa escena nuevamente costara lo que costara.
Aturdido, y con un sonido incómodo resonando en su oído se levantó y observó los soldados gravemente quemados por el rayo, quejándose en el suelo. La paja se había encendido también, convirtiendo la escena en un desastre total.
- ¡Artorias!- Se escuchó un pequeño grito ahogado.
.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 34 Episodes
Comments