Año 3300: Calendario Humano.
Han pasado exactamente 15 días desde que Alan llegó a la ciudad y hoy era el día en que recibirían la visita del inspector. Exhausto por los largos días de trabajo, Alan se había quedado a dormir en el taller. Los días anteriores trasnocharon en sobremanera junto con Artorias probando nuevas técnicas y medidas para hacer los hilos de plata, estaban cerca de descubrir "algo", eso durante el día; cuando empezaba a atardecer recordaban su deber para con el imperio y retomaban su trabajo haciendo cuerdas de hierro. Ellen, por su parte, no había vuelto a visitar el taller a pesar de vivir relativamente cerca. Ambos intuían que ella estaría sumamente ocupada con sus propias responsabilidades y que probablemente no tendría tiempo para visitarlos en un futuro cercano.
- ¡OYE! -
Una voz aguda despertó al ayudante en el taller de Artorias.
Alan se despertó y mientras enfocaba la visión una sensación de deja vu lo invadió; frente a él estaba Ellen. //Regresó antes de lo esperado//
- ¿Siquiera te has dado un baño en estos días? Donde esta Artorias\, ya debería estar aquí\, el inspector viene en camino-
Alan se levantó rápidamente, todavía somnoliento, y se apresuró a preparar todo lo necesario para recibir al inspector. Sabía que debían tener todo en orden y mostrar su producción de cuerdas de hierro para no levantar sospechas sobre su innovación con los hilos de plata.
Mientras tanto, Artorias llegó al taller por su cuenta. Alan le informó sobre la situación y juntos se pusieron a trabajar en la presentación de sus cuerdas de hierro. Ellen por su lado se dedicaba a dar quejas.
- ¡¿Como es posible que lo olvidaran\, que han estado haciendo ?\, sus ojos\, ¡parecen mapaches! -
- ¿Que se supone que es eso?\, no importa\, deberías ayudarnos a recoger - Al parecer Alan jamás había visto un mapache.
-No me voy a ensuciar este atuendo solo porque tú me lo pides-
Alan y el anciano se empezaban a poner nerviosos, ya escuchaban el galope de un caballo en las afueras. Al final, acomodaron todo en un rincón y allí tiraron el montón de paja donde dormía Alan. Sabían que esa medida no iba a ser suficiente para ocultar bien su "delito" pero aún tenían esperanza. Ellen al ver la cara de los dos salió rápidamente, una vez fuera entabló una conversación con el inspector.
-Buenos días, sr. Inspector-
-Deja de estorbar mujer, vengo con prisa-
- ¿Nuevamente se ha atrasado en su horario? -
El inspector la miró con desprecio.
-Solo lo digo por si existe algo en lo que pueda ayudar-
-No serías capaz de imitar mi trabajo, por última vez, fuera de mi camino-
Ellen se retiró molesta, pero sabía que tenía que hacer algo para distraer al inspector mientras Artorias y Alan preparaban mejor su presentación de cuerdas de hierro y ocultaban bien las cosas. Sonrió torpemente.
-Sr. Inspector\, acabo de encontrar un posible error en los libros contables de nuestro negocio. Pero es demasiado para mí resolverlo\, quería pedirle su grandiosa ayuda\, pero no estoy segura si es algo que pueda manejar con la prisa que lleva\, mejor lo resolveré yo\, aunque tendré que esforzarme demasiado\, *suspira* mi mente va a explotar. -
El inspector, aunque molesto por el retraso en su horario, no podía dejar pasar una posible irregularidad en los libros contables y accedió a la petición de Ellen, la cual rápidamente entró al taller y sacó de allí uno de los cuadernos, escribió algo allí y salió mientras guiñaba un ojo a Alan.
Los dos hombres agradecidos por la presencia de Ellen alcanzaron a limpiar el taller y además de ello a organizar y pulir las últimas cuerdas de hierro que entregarían.
El inspector terminó de "corregir" el supuesto error junto con Ellen y procedió a su trabajo. Observó con detenimiento el taller hasta que sus ojos se toparon con la figura alta y pulcra de Alan Silver, miró sus ojos color negro llenos de vitalidad y su andrajosa cabellera gris, sus manos grandes y gruesas, al igual que las de Artorias; estaban llenas de cicatrices y callos.
- Por fin este anciano insurgente consiguió un aprendiz decente - Dijo con desdén. - ¿Como te llamas\, de dónde vienes? -
Alan tardó un poco en reaccionar, pero al final respondió. -Me llamo Alan Silver, vengo de las afueras de Roma-
- ¿Son familiares? -
-Así es- Respondió con voz pacífica el señor Artorias. Alan solo permaneció en silencio.
- ¿Si sabes que por esa razón se te seguirá pagando lo mismo? -
Artorias asintió. Luego de ello el enviado del imperio se dispuso a verificar la realización de las cuerdas de hierro. Después de estudiarlas un poco, dio por terminada su revisión y salió del local.
- Necesitaremos más para la próxima\, el hierro se le enviará una vez haga la petición la torpe contadora -
Tomó su caballo, y se marchó.
Alan suspiró. - ¿Porque decir que somos familia? - De hecho, su padre no le habría hablado mucho sobre la familia en general, así que por apellido había gran probabilidad de que fueran familiares lejanos.
- Si lo hubieras negado\, te empezarían a investigar y te reclutarían oficialmente\, los datos personales son mucho más valiosos de lo que crees Alan - Interrumpió Ellen. - ¿Han avanzado?-
Las caras largas de los dos dijeron todo.
- Todavía falta perfeccionar algunos detalles- respondió Alan.
Los tres siguieron trabajando en silencio por un rato, cada uno inmerso en sus propias tareas. Alan no pudo evitar preguntarle a Ellen sobre su trabajo, ya que no la había visto en el taller los últimos dos días.
- ¿Y cómo va todo con tu trabajo\, Ellen? ¿Sigue siendo tan agotador como siempre? - preguntó.
- ¿No eres muy popular eh? -
Ellen suspiró, sabía que Alan no estaba muy interesado en su trabajo, pero decidió contestarle de todas formas. - Sí, sigue siendo bastante agotador. Pero me gusta lo que hago, así que no me importa tanto- respondió.
-Eres asombrosa, puedes inclinar por completo la situación a favor de otros aún en contra de las leyes del imperio-
Ellen levantó sus ojos grises para mirar fijamente a Alan, su cara denotaba admiración, sintió la necesidad de apartar la mirada por el halago, pero contestó por primera vez con una sonrisa. -Tu solo preocúpate por lograr tu sueño-
Alan sintió un extraño cosquilleo en el estómago que no había experimentado antes. Bajó la mirada y regresó al trabajo. Desde el fondo el anciano Artorias observaba la escena con un rostro apacible, luego sonrió pícaramente a Ellen desde lejos.
Ese día Alan se negó a dormir temprano y continuó experimentando hasta medianoche. Tanto Artorias, como él, sabían que el error se encontraba en la cantidad de metal fundido, los tiempos entre las técnicas de temperatura y la forma de aplicar la fuerza. Esa misma noche corrigió de manera exacta la medida de metal a fundir. Emocionado fue a la casa de Artorias y le contó, luego, se quedó dormido mientras le explicaba como lo había logrado.
A la mañana siguiente Alan se encontraba concentrado en su trabajo en el taller cuando Ellen entró con una sonrisa en el rostro, algo poco común para Alan. Se percató de que ella llevaba un vestido azul que resaltaba sus curvas, y su cabello castaño-negro estaba suelto y desordenado, lo que le daba un aire despreocupado y natural.
-El anciano me contó una buena noticia...muéstrame-
Mientras hablaban, Alan no podía evitar mirarla furtivamente, y cada vez que su mano rozaba la de ella al pasarle alguna herramienta o nota, sentía un calambre eléctrico que lo hacía estremecer. De repente, se dio cuenta de que se sentía atraído por Ellen de una manera que no podía explicar. Su sonrisa, su voz, su presencia, todo en ella lo hacía sentir vivo y emocionado.
A partir de ese momento, cada vez que Ellen entraba al taller, Alan se ponía nervioso y ansioso por verla. Trataba de impresionarla con su trabajo y sus habilidades, y se esforzaba por explicarle los avances de los hilos de plata.
Así pasaron 6 largos meses, finalmente, el único error en el proceso de creación de hilos de plata solo se encontraba en la forma de la fuerza aplicada sobre el metal.
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