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Novena entrada del blog: Ya eres mía
Comenzamos a salir y fue un shock para unos cuantos, incluyendo nuestras amistades, la mitad de ellos creían que estábamos cometiendo un error, algunos porque pensaban que yo no era adecuado para ella y otros, especialmente los más allegados a mí, pensaban que ella no me convenía. Como fuera, poco a poco nos fueron dejando solos, pero ni siquiera parecíamos darnos cuenta de ello… como si no necesitáramos a nadie más…
Íbamos al río con frecuencia, ella amaba tomar sol y para mí era un buen motivo para presumirla, realmente era del tipo de mujer que llamaba la atención sin proponérselo y me encantaba la manera en que respondía cuando yo me acercaba a ella. Me besaba de una manera que me volvía posesivo, pero nunca se lo dije… me sonreía casi todo el tiempo que me miraba y amaba la forma en que se pegaba a mi cuerpo cuando me abrazaba.
Comencé a necesitarla casi sin darme cuenta, mis celos enfermizos me hicieron el boicot perfecto porque a medida que me ponía más posesivo con ella, más me obsesionaba con que ella no tuviera vida más allá de mí. Mis amigos dejaron de frecuentarla porque ella nunca estaba en su casa, yo la tenía ocupada casi todo el tiempo y a ella nunca pareció molestarle.
Se la presenté primero a mi papá y a mi hermano mayor, la llevé al negocio de reparación de televisores con la excusa de ir a decirle el recado que le había mandado mi madre, no había celulares en esa época y los mensajes se daban personalmente.
Vi como ella sonreía encantadoramente cuando le pasaba la mano a mi padre que se había acercado a ella para saludarla
- Papá… ella es Rocío… - dije mirándola
- Hola Rocío – dijo mi papá mientras nos miraba alternativamente y le pasaba la mano a modo de saludo
- Encantada de conocerlo señor… - dijo ella mientras le estrechaba la mano
- Nada de señor… - mi padre parecía encantado de verdad – soy solo Horacio o Nono como me llaman todos
- Él es mi hermano… - dije señalando a Horacio que la miraba de una forma extraña pero que no se había movido de su lugar.
Ella simplemente le agitó una mano saludándolo de lejos… vi como mi padre la contempló por unos segundos y luego me miró a mí con una sonrisa de satisfacción. Le había gustado… y esa mirada de satisfacción se fue repitiendo cada vez que la veía, incluso cuando la presentaba a sus propios amigos…”Es la novia de mi hijo Juan…” hubo una complicidad entre ellos desde el primer momento.
No tardó mucho tiempo en llegar el reclamo de mi mamá… “¿Por qué no la conozco todavía?” así que la invite a ir a mi casa por primera vez… se puso nerviosa y se sonrojó como nunca… llevábamos un poco más de un mes saliendo.
- Mi mamá quiere que te lleve a casa… - le dije de pronto como si no tuviera importancia – que vayas a tomar un mate con ella así te conoce…
- ¿Es brava tu mamá? –dijo preocupada mientras me abrazaba y se recostaba en mi pecho
- Mucho… - apoyé mi mandíbula sobre su cabeza, sin tacones ella me llegaba en altura a un poco más arriba del hombro y cuando se abrazaba a mí, especialmente cuando estaba nerviosa, escondía su rostro en mi cuello.
- ¿Cómo trataba a tus ex novias…? – dijo en un susurro
- Salvo a Julia que era hija de su amiga… - le comencé a decir – nunca le he presentado a nadie…
- ¿Ni a Laura…? – dijo incrédula – saliste mucho tiempo con ella…
- No es cuestión del tiempo… - dije mientras la obligaba a verme levantando su rostro
- ¿Y si le caigo mal…?- dijo insegura
- Te va a prohibir que me toques… dije bromeando
- Entonces te voy a tocar ahora que todavía puedo…
Y comenzó a acariciarme… ya no era tan tímida como los primeros días…sin levantarse de mi pecho comenzó a acariciarme el cuello… el pecho… los brazos que tenía totalmente tensionados en ese momento con la exploración… palpaba suavemente cada musculo y eso hacía que mi corazón se desbocara rápidamente.
- Vamos… - le dije suavemente
- ¿A tu casa…? – se aterró de pronto
- No… te quiero mostrar un lugar… confía en mi…
Ella solo asintió y cuando le tomé de la mano para ir hacia la camioneta, solo me siguió…
La llevé a un mirador desde donde se podía ver el rio, si bien no se podía ver mucho porque era de noche, algunas barcas pescando y las luces de la ciudad le daban cierto encanto.
Me estacioné, no había nadie más en la zona… la vi con cierto temor… sabía que yo la asustaba en cierta manera…
- La semana que viene es la última que voy a estar acá… - dije con voz ronca – viajo el domingo que viene…
Rocío bajó la vista y comenzó a restregar sus manos muy lentamente pero no dijo ni una palabra, la miré por unos segundos y no pude evitar querer abrazarla.
- Ven aquí… - le dije suavemente – abrázame…
Se acomodó entre mi cuerpo y el volante, apoyó su cabeza en mi hombro y esa cercanía la ponía nerviosa, pero no se negó… le sonreí y le acaricié el rostro
- ¿Me vas a mirar o no…? – le dije riendo – todavía no me fui…
- ¿Cómo vamos a hacer…? – tenía los ojos con lagrimas
- Te voy a escribir… - dije estrechándola fuerte – y voy a volver lo antes posible… ¿me vas a extrañar…?
Romina por fin me miró a los ojos pero solo me asintió lentamente con la cabeza y cuando quise darme cuenta la tenía abrazada como si la estuviera acunando, le comencé a besar en la sien, en la nariz, en la mejilla… con el brazo que tenía libre comencé a acariciarla por arriba de la ropa, hasta ese momento solo había habido besos, abrazos y caricias bastantes inocentes para lo que yo estaba acostumbrado.
En cierta manera tenía algo de miedo, si avanzaba a algo más sexual y a ella no le gustaba podía echarlo todo a perder. Fui desprendiendo los botones de su camisa sin que ella se diera cuenta, la tenía entretenida con los pequeños besos que le daba, sin embargo en un momento se estremeció de pronto y bajó la vista hasta su pecho, se veía su sostén y sus senos moviéndose al ritmo de su respiración. Por un segundo pensé que me detendría, pero completamente ruborizada volvió a mirarme…
- Tranquila… - le dije sonriéndole – solo voy a tocarte…
Ella volvió a mirar mi mano que lentamente fue subiendo desde su abdomen hasta sus senos, con el dedo índice recorrí lentamente todo el borde del sostén, la sentía respirar cada vez más agitada, la acaricie con la palma hasta que logré que sus pezones se endurecieran, primero uno y luego el otro…
La deseaba en ese mismo momento, pero ella no estaba lista todavía, fue raro viniendo de mí, mi conciencia casi inexistente hasta ese momento me decía que era más importante ganarme su confianza que tratar de forzarla a una situación que por su poca experiencia no podría manejar. Pero mi lujuria me empujaba a querer marcar un nuevo límite. Comencé a acariciarle su cintura, todo el costado y luego la espalda y mientras lo hacía le desprendí el sostén.
La reacomodé en mi brazo para poder tener más acceso.
- ¿Te peso mucho…? – me dijo avergonzada
- Para nada…
Y la besé para que dejara de preocuparse. La besé lento, la besé tan lento que era una tortura para ambos, fui bajando por su cuello, dejaba un rastro húmedo, la sentí temblar pero no me detuvo, la levante un poco más, trabé mi brazo en el volante así que no hacia ningún esfuerzo, seguí besando su piel y la mano libre la deslicé muy suavemente por debajo del sostén hasta cubrirle completamente el seno, siempre había pensado que tenía hermosos senos, pero ahora que los estaba tocando, lo que me había imaginado quedaba obsoleto, empujé el sostén hacia arriba y seguí acariciándola y besándola hasta que la escuché gemir suavemente, entonces me detuve y la miré a los ojos, ella se avergonzó y trató de cubrirse…
- No lo hagas… - le dije con la voz ronca – te juro que no voy a avanzar más… pero déjame verte…
La oscuridad completa a nuestro alrededor… pero su piel pálida brillaba a la luz de la luna
Comencé a escribir mi nombre entre sus senos y con una maquiavélica sonrisa le solté un mandamiento
- Tienes escrito mi nombre en tu pecho… - ella miró mi mano desconcertada – eres mía… siempre serás mía…
Ella solo asintió antes que la volviera a besar.
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