Julián no pudo evitar sonreír cuando se detuvo a controlar su escritura, podía recordar cómo estaba vestida en cada oportunidad. Se vestía de una manera femenina y colorinche para su gusto porque él prefería los colores neutros, pero no podía negar que lo que fuera que se pusiera siempre le quedaba muy sexy y no era una apreciación solo suya, sus amigos también pensaban lo mismo.
Era necesario despejarse de esos pensamientos, sonrió mientras se obligaba a volver a la realidad, se puso a pensar que ropa tenía ayer su mujer y no lo podía recordar, así que tomó la decisión de prestar más atención de ahora en adelante y decirle algo referente a su ropa, esos detalles eran importantes para las mujeres y él nunca se lo había dicho a Romina, bueno supuso que se daba cuenta de lo que le provocaba porque siempre quería desnudarla…
Se acercó a la habitación y vio a Vanina envuelta en una toalla recién salida de la ducha
- Llegué tarde parece… - dijo mientras le señalaba su cuerpo
- No quise molestarte… - dijo sonrojada – pensé que tal vez estabas concentrado
- ¿Estás muy apurada…? – lo decía mientras le comenzaba a quitar las ropas que había tomado para vestirse
- Un poco… - sonreía mientras lo miraba emocionada
- Entonces vamos a bañarnos otra vez… -le quitaba la toalla – me parece que ustedes están muy sucios…
- No me mires… estoy muy gorda…
- Estas embarazada… - le dijo mientras la estiraba al baño – y aunque estuvieras gorda… no me interesa.
- Eres el marido perfecto… - dijo besándolo
Julián no pudo evitar recordar cuando le daba indirectas a Romina sobre que le gustaban los físicos perfectos. Nunca había sido con ella un hombre que la elogiara porque si, aun cuando la había visto vestida despampanante para alguna fiesta, solo se acercaba y le decía al oído “Quisiera raptarte para sacarte toda esta ropa…”
El creía que el mejor piropo que le podría decir era demostrarle cuanto la deseaba y se daba cuenta ahora que eso no era suficiente en muchos casos.
Un buen rato después salieron de la ducha y Julián se dirigió nuevamente a su estudio.
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Cuarta entrada del blog: seguimos como amigos
Siempre me refería a ella en tono de burla, lo que menos quería era que supieran que hacía años la venia vigilando como si fuera un acechador. Cuando me reclamaban que era muy agresivo con ella, yo solo les contestaba: “Es insoportable esa mina”. Siempre alguno saltaba a defenderla: “La polaca es re buena onda… y divertida…”, el problema es que ya me había formado un personaje para tratarla y no podía dar marcha atrás sin notarme interesado.
Era aterrador como recordaba ciertos detalles, no me pasaba lo mismo con las demás que estuvieron antes o después de ella, tal vez fuera por el tiempo que invertí en acercarme y conquistarla.
Luego de las fiestas de fin de año, me olvidé momentáneamente de todos, porque me fui a estudiar a otra ciudad, me gustaba la ingeniería electromecánica y viendo la poca cantidad de mujeres en la carrera, ya me había puesto a observar a las estudiantes de las demás carreras, incluso en la zona donde me había instalado para vivir, había una gran cantidad de casas estudiantiles y pensiones donde había visto varias chicas lindas y había notado que ellas también me habían visto a mí.
Q
Mi personalidad narcisista estaba a full pero nuevamente el destino o la mala suerte se había cruzado en mi camino y todas las universidades del país habían comenzado un reclamo por ajustes salariales y de otras índoles, en realidad no me interesaba mucho la política en aquel entonces. Como consecuencia las universidades anunciaron la suspensión de clases por tiempo indeterminado por lo cual todos comenzamos a irnos a nuestras casas nuevamente.
Cuando llegué lo primero que averigüe fue si ella estaba de novia con alguien y los amigos en común me dijeron que no, necesitaba encontrar una excusa para acercarme y lo más fácil fue usar a los amigos en común que teníamos.
Comenzamos a organizar salidas en grupo, era verano todavía así que esas salidas incluían actividades al aire libre principalmente y por supuesto que también incluía al grupo de amigas de Rocio, por lo tanto solían estar presentes 2 o 3 de mis ex novias siempre. No podía evitarlo.
Cuando salíamos me ofrecía a llevar a todas las chicas a sus casas para que estuvieran seguras, por supuesto siempre la dejaba por ultimo aunque ella nunca estaba sola, porque Carolina su mejor amiga siempre dormía en su casa. Rechacé a un par de sus amigas, que habían sido mis ex, quería tener otra imagen, aunque costaría mucho borrar ese perfil de “baboso” que ella tenía de mí. Por lo menos con el paso de los días y de las diversas salidas que hicimos dejó de llamarme por ese apodo y comenzó a llamarme por mi nombre.
Cada vez que se despedían todas me daban besos en la mejilla, ella solo me movía con mucho entusiasmo la mano mientras me regalaba una hermosa sonrisa, era un cambio teniendo en cuenta que me había acostumbrado a sus “fuck you”. Buscaba excusas para tener contacto con ella: le daba mi buzo para que me lo sostuviera y no se ensuciara, le pasaba mi reloj con la excusa que no podía jugar al vóley si lo tenía puesto.
Yo siempre llevaba la vieja camioneta doble cabina de papá, por eso siempre había lugar para llevar a todas las chicas, pero cada vez que Rocio subía siempre lo hacía en el asiento de atrás y se ponía detrás de mí, así que ni siquiera la podía ver por el espejo retrovisor. En una de esas salidas nos fuimos a un parque que quedaba a las afuera de la ciudad y llevamos una bolsa enorme de mandarinas, la vi quitándole minuciosamente la cascara y todos los filamentos de residuos a cada una de las gajos de la fruta y me acerque a ella y le dije: “yo quiero la tuya que esta pelada” y cuando me miró como para decirme que me la pelara yo agregué con cara de inocente: “me encanta la mandarina pero soy alérgico al acido de la cascara, se me irritan los dedos…”, el rostro de ella pasó por varias expresiones, incluyendo la duda y la lastima para finalmente pasarme su mandarina con una gran sonrisa: “decime cuando querés comer otra”, le asentí con la cabeza y le dije “gracias”. Nuestra manera de tratarnos había cambiado radicalmente y no pasó desapercibido para algunos de los que estaban ahí.
Volvimos a subir a la camioneta cuando regresábamos, ella nuevamente detrás de mi asiento, así que me acerque a su ventanilla y le dije: “¿me podrías pelar otra…?”, ella asintió con una sonrisa, le pasé lo que quedaba en la bolsa. “Pásame de a 2 o 3 gajitos porque tengo que manejar y no la puedo sostener”, así conseguí que se sentara en el borde de su asiento para pasar su brazo hacia adelante y acercarme los gajitos a la boca. Cada vez que las tomaba de su mano, ella trataba de evitar que le tocara los dedos. Nunca supe si era por rechazo o si era porque yo la afectaba de alguna manera.
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Terminó el posteo y sintió la imperiosa necesidad de comer mandarinas, afortunadamente estaban en la época, así que fue a sentarse en el patio con una media docena y poco a poco las fue pelando y comiendo. Su supuesta alergia era solo una mentira para que ella no se negara, y durante todo el tiempo que estuvieron juntos ella siguió pelándolas y dándoselas en la boca de a 2 o 3 gajitos… para ella él era alérgico y lo que menos quería era que tuviera una reacción por no hacer ese pequeño gesto.
Recordó también que él nunca había tenido que hacer algo así por ella y eso era otra cosa que había cambiado con Vanina, cuando cocinaban él se encargaba del ajo y las cebollas para evitar que el olor se le quedara a ella.
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