Julián se sentó frente a su ordenador, había creado el blog “Mi historia con ella” y se había identificado simplemente como Juan, lo dejó libre por si algún internauta perdido algún día se cruzaba y se interesaba en leerlo.
...“Tengo la necesidad de contarles mi historia con ella, ...
...porque yo nunca la he podido entender, ...
...quizás contándola después de tanto tiempo,...
... descubra por qué eligió romperme el corazón …”...
Esa fue la introducción al blog y en la portada la imagen de una fotografía en la mano de un hombre, como si la estuviera contemplando. La fotografía correspondía a una pareja ella sentada sobre una baranda de madera en un paisaje montañoso y él parado al lado, recostado en esa baranda y con la mano apoyada en la pierna de ella. Una foto a la que se le había aplicado filtros para desdibujarla y no poder reconocer más allá de las siluetas.
No pudo evitar pensar en esa foto, la habían tomado en un viaje de egresados, cuando todos los que terminan el nivel educativo secundario viajan a un destino común para festejar por unos días, habían coincidido en el viaje pero ella lo trataba como simple amigo aunque él había intentado acercarse de otra manera durante los 3 años que la conocía. La foto original incluía a dos chicas más, en realidad ellas estaban paseando y observando el paisaje y él se había sumado con la intención de lograr un acercamiento, pero que no había tenido un resultado positivo al final.
Ya había sido novio de varias de sus amigas y en ese mismo viaje ella había mostrado interés por otro de los jóvenes del contingente. Incluso la noche anterior Julián se había estado besando con una de las chicas de la foto, por lo cual Romina nunca había relacionado su presencia en ese paseo con ella. Simplemente no lo veía como pareja, ni siquiera como amigo en realidad. Lo veía como muy narcisista y pedante para su gusto.
Lo llamaron a cenar, por lo que apagó el ordenador por el momento, no había apuro en escribir, pero la ansiedad de recordarlo todo era lo que lo estaba apurando inconscientemente.
Vanina le contaba muy animada sobre su día laboral y él sonreía escuchándola, eran muchos años juntos en realidad, un hijo preadolescente y uno en camino marcaba sin dudas las prioridades que debía tener en su vida. Por momentos se quedaba pensativo y Vanina le tenía que reiterar su pregunta.
- ¿Te sientes bien…? – se preocupó de pronto - ¿Cómo estuvo tu sesión?
- Igual que siempre… - dijo con tono cansado – me mandó a escribir algunas cosas
- ¿Sobre qué…? – la curiosidad era real
- De mi vida… - no podía decirle sobre que escribiría – de mis padres… de mis hermanos…
- Típico de los psicólogos ¿no? – le sonreía mientras que se sentaba sobre sus piernas - Te puedo distraer si te interesa… – lo besaba seductoramente
Julián se levantó con ella en brazos y se dirigió a su dormitorio, era cierto lo que le había dicho al psicólogo, satisfacía todas las demandas sexuales de su mujer, especialmente ahora que estaba embarazada.
Cuando ella se durmió completamente relajada, Julián se levantó y se fue a su despacho, ese era su santuario, nadie entraba sin su permiso y en cierta manera era donde se permitía tener pensamientos sobre su pasado, por lo menos ese era el lugar donde la pensaba antes de su bloqueo artístico, ahora la pensaba en cualquier momento. Incluso después de su ruptura había cambiado su forma de hacer el amor, con Vanina siempre fue más delicado, más romántico quizás, pero con Romina la lujuria había prevalecido siempre, más que nada su placer personal, si era sincero consigo mismo.
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Primer entrada del blog: El día que la conocí
Tenía 16 años, había asistido a una fiesta de 15, era un cumpleaños que en muchas culturas latinas se festeja especialmente, la cumpleañera era mi amiga, había que presentar tarjeta en la entrada y ahí estaba ella…
Vestida de rojo y negro, peleaba con uno de mis amigos que quería ingresar y ella no le dejaba porque no tenía tarjeta. Me llamó la atención, porque era inflexible en su condición para ingresar, pero no había dejado de sonreír encantadoramente, eso daba una doble señal, mi amigo creía que la estaba convenciendo con sus encantos, pero no era así en realidad.
La miré por un largo tiempo y me divertía al ver fracasar una y otra vez en sus intentos a mi amigo. En un momento se corre de la puerta y se acerca a mí.
- No me deja pasar… - reía asombrado – es brava… pero muy linda…
- Te juego un cajón de cerveza que hoy me la levanto… - dije entusiasmado por el desafío de triunfar donde mi amigo había fallado.
- Ni siquiera entraste… - reía mientras le pasaba la mano – pero acepto la apuesta
- Vas a ver como se entra sin tarjeta… - dije abriendo la campera de cuero que tenía y mostrándole la tarjeta en el bolsillo interno – si entro te la paso para que puedas ingresar.
Cuando Oscar se acercó a mí, ella lo había seguido con la mirada y vio que estaba charlando conmigo, sabía que estábamos juntos, así que pensaría que yo tampoco tendría la tarjeta. Mi estrategia era justamente que ella me atacara.
Me recosté al lado de la puerta, no le decía absolutamente nada, simplemente escuchaba su bonita manera de rechazar a todos y de paso la miraba con más detenimiento. Cabello castaño claro, en una melena hasta el hombro, una nariz recta levemente respingada en la punta, piel muy clara, bastante maquillada como era la moda en ese entonces, no podía dejar de mirarle la boca y la expresión de sus ojos cuando sonreía a cada uno de los que rechazaba.
En un momento me mira, como yo estaba recostado su altura era solo un poco inferior a la mía, así que tuvo que mirar levemente hacia arriba para verme a la cara.
- Si no tenés tarjeta, no entrás…
Lo mismo que venía escuchando decirle a todos, solo que a mí no me lo dijo sonriendo, miré su boca por unos segundos y luego levanté la vista hasta sus ojos… eran verdes… un verde raro… como verde musgo… o tal vez era solo un efecto de las luces.
- No te dije que quería ingresar… - le dije sonriendo y alternando mi mirada entre sus ojos y su boca, se puso furiosa… y eso me divertía…
Seguí parado en el mismo lugar, recostado contra el vidrio del ventanal y simplemente mirándola y mirando a los pobres mortales que eran rechazados una y otra vez… podía notar que le molestaba que yo estuviera allí… Entonces noté que la cumpleañera se acercaba, me incorporé, me paré delante de ella, me aproximé para gritar por arriba de su cabeza, así que ella momentáneamente quedo estampada contra mi pecho. Aproveche esos segundos de aturdimiento que le provoqué y grite fuerte
- Mariela… ¿No es cierto que si estoy invitado…?
Mariela me miró y sonrió encantadoramente
- Si “Juancito…” – dijo gritando también – déjalo pasar Ro…
Ninguno de los dos se había apartado, no podía verle los ojos porque su cabeza llegaba a mi mentón, y no movió la cabeza de esa postura todo el tiempo que lentamente me desplace hacia un costado sin dejar de rozarla.
- Permiso… - le dije en voz baja a la altura de su oído – ahora si quiero entrar…
Y pasé, luego ingresó mi amigo con mi tarjeta. A los pocos minutos un hombre que había llegado tarde la relevó de su odiosa tarea y ella se fue a reunir con sus amigas. Oscar y yo quedamos riéndonos a un costado, con él ella era simpática… conmigo no.
Cuando comenzaron a bailar luego de la cena, Oscar fue a invitarla y estuvo a su lado el resto de la noche para evitar que yo me acercara. Nuestra apuesta había quedado pendiente, por lo menos momentáneamente.
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