Hace 6 meses que el bloqueo de inspiración está presente negándose a abandonarlo… El agua corre por su cuerpo, se escurre por los músculos que aún permanecen bastante torneados desde su juventud, aunque ya no los ejercita como antaño. Había cambiado los deportes rudos de su juventud por los que le permitían mantener un equilibrio entre su vida y sus obligaciones… Es decir que cambió el basquetbol y el ocasional rugby por las artes marciales… un cambio abrupto pero que había tomado cuando había cambiado también abruptamente su vida anterior: “Vida nueva, carrera nueva” había dicho a los 21 años, pero representaba mucho más, había incluido cambio de novia y cambio de costumbres…
“Si me quieres me vas a aceptar igual…” la frase que había dicho él mismo hace 20 años atrás, se le vino a la memoria en una fracción de segundo y ahí estaba el problema… todo lo relacionaba últimamente con Romina, la mujer que no lo supo entender ni quiso saber nada sobre él desde ese momento.
Era escritor narrativo de ciencia ficción, pero últimamente los personajes cibernéticos se estaban tornando sosos y sentimentales y eso no cuadraba con los 3 éxitos que ya había publicado. Su editor le había sugerido que mezclara el romance en alguno de sus personajes, pero sistemáticamente se había negado a ello, nada de romance… era una pérdida de tiempo y un gasto de energía que terminaba por hacerlo sentir desanimado.
Salió de la ducha con una toalla envuelta en su cintura, se detuvo frente al espejo y su gesto de tensar los bíceps como un fisiculturista fue instantáneo… a Romina le gustaba cuando lo hacía, eran tan chicos en ese entonces… todo estaba sexualizado… todo pasaba por hacer el amor en el lugar que sea, como si fuera la última vez que tuvieran la oportunidad de hacerlo.
Se peinó con los dedos los mechones cortos de cabello… hacia casi 20 años que lo usaba así, porque a ella le gustaba cuando los tenia semi largo y los podía entrelazar con sus dedos y estirarlos suavemente cuando hacían el amor… o cuando solo tenían sexo… ya no sabía si había diferencia en realidad entre las dos situaciones… así que se cortó el cabello para vengarse por su abandono. En algún rincón rebelde de su mente esto tenía sentido para él.
No quería nada que le recordara a ella… y le estaba funcionando su estrategia, hasta que aparecieron las redes sociales… y los contactos, las fotos y los recuerdos comenzaron a circular sin frenos sorprendiéndolo en cualquier momento.
En un ataque de narcisismo le había enviado solicitud de amistad a todas sus antiguas novias… todas aceptaron y lo saludaron felices por el repentino acercamiento… menos ella. Aunque ella no aceptó su solicitud, las amistades en común con sus posteos o comentarios lo mantenían frecuentemente enterado de sus pasos.
“¿Te puedo escribir…?” le había dicho la noche que habían terminado, y ella contestó con un seco y frio “No” y pareciera que 20 años después seguía sin querer que le escribiera…
Estos últimos años había tomado decisiones importantes en su vida, se había casado con la madre de su hijo y a los pocos días de hacerlo había encontrado una foto que publicaron de la época de la escuela secundaria donde la había conocido, de pronto esa imagen de una Romina adolescente le trajo una infinidad de recuerdos y le escribió al privado, era un mensaje sencillo, solo la felicitó tardíamente por su cumpleaños, sin embargo nunca recibió una respuesta… ¿Quién era tan testaruda que ni siquiera podía contestar un saludo inocente? Sea como sea solo sirvió para que su mujer lo descubriera y su primera crisis conyugal hubiera aparecido de la noche a la mañana.
Le llevó meses convencerla que solo había sido un saludo inocente, sin ninguna otra connotación o intención, sin embargo casi un año después había hecho otro intento, esta vez le preguntó como estaba, como estaba su familia, como cualquier otra comunicación totalmente impersonal, sin embargo tampoco había recibido alguna respuesta, ni siquiera un emoji o algún stiker de estar bien… algo… cualquier cosa que indicara que lo había leído y que reconocía que se merecía una respuesta, aunque solo fuera un simple OK.
El psicoanalista al que lo había mandado su editor para trabajar el bloqueo artístico le había preguntado si le había ocurrido algún evento que lo frustrara de alguna manera… y aunque se le pasó este evento por su mente, solo atinó a negar con la cabeza lentamente.
Desde ese momento, ya llevaban 4 sesiones y no habían avanzado absolutamente nada, ni en el bloqueo, ni en descubrir alguna posible causa.
Se vistió y luego salió rumbo a su quinta sesión… otra hora de pérdida de tiempo pensó con una sonrisa sarcástica. A veces se pasaba la mitad del tiempo en silencio, ni siquiera se molestaba en contestar las preguntas que le hacía, le había planteado que no le veía el sentido a lo que estaban haciendo y el psicólogo le había dicho que era normal, era una reticencia a abrirse como un rechazo al tratamiento y que tarde o temprano cedería al entender que estaba tratando de ayudarlo y no intentaba meterse porque si en su vida y en su intimidad.
Cuando en la última sesión le había preguntado por su vida sexual, le había dicho que no tenía problema con el sexo, que cumplía con su mujer todo lo que ella le demandaba. El psicólogo lo había mirado por un largo rato y luego le había preguntado. “¿Y cuándo fue la última vez que hizo el amor…?”
Le había sorprendido la pregunta, no tenía una respuesta para eso… así que contestó: “Es lo mismo”. “No, no lo es… pero dejemos eso por ahora” fue la respuesta del profesional cuando notó nuevamente la resistencia.
Ahora nuevamente estaba en la sala de espera, un salón monocromático para reducir el estrés y con sillones cómodos para esperar más relajados, sin embargo a Julián nunca le había resultado… el estrés y la incomodidad estaba presente como el primer día, pero se había comprometido a acudir 10 sesiones sin quejarse ni reclamar, aunque fuera la tortura que estaba siendo. Miraba distraído su teléfono cuando la puerta del consultorio se abrió…
- Señor Ledesma… - dijo sonriéndole cálidamente – buenos días, pase por favor…
- Buenos días… - contestó mientras pasaba a su lado
La primera vez que ingresó al consultorio notó un diván… y lo quedó mirando…
“Puede ocupar el sillón… el diván… puede sentarse… o recostarse… lo que le haga sentir más cómodo” le había dicho y no pudo evitar la tentación de recostarse en el diván… era igual al que tenía Romina en su casa… donde habían hecho el amor infinidad de veces a escondidas de sus padres… pero le era imposible concentrarse en lo que decía el psicólogo así que se había levantado y se había sentado en el sillón con los brazos cruzados. Las siguientes sesiones se sentaba directamente en el sillón, pero el psicólogo había notado que evitaba mirar al diván sistemáticamente.
- Muy bien – dijo el psicólogo – he estado interiorizándome en su trabajo – Julián lo miró curioso – noté que es muy marcada las características de sus personajes, sobre todo de los malos de la historia… todas son hembras… una androide asesina… una extraterrestre traicionera… y en la ultima una directivo de la empresa mentirosa… - lo vio bajar la cabeza y concentrarse en sus zapatos repentinamente…
- Vaya… - Julián usaba el sarcasmo para tratar de evitar el tema – ni mi editor me había dicho que era reiterativo…
- ¿Su mujer cual representa…? – preguntó de pronto…
- Ninguna… - contestó seco – son personajes nada más…
- ¿Y ha existido alguna mujer en su vida que haya representado o con quien asocie indefectiblemente con la traición y la mentira…, no quiero pensar en el asesinato, pero también si la hay…
Julián no contestó y sin querer por una fracción de segundo desvió al vista hacia el diván… el psicólogo lo notó y decidió profundizar hacia ese rumbo.
- Noté también que había estudiado otra carrera antes… - Julián lo miró detenidamente y asintió lentamente con la cabeza - ¿Qué lo hizo cambiar de carrera…? cambiar de ingeniería a letras no es algo muy usual…
- Había decidido cambiar mi vida completamente… - dijo con voz ronca
- ¿Y qué le había pasado para que quisiera hacer un cambio tan drástico…? – lo miraba sin perder detalle de su lenguaje corporal
Julián quedó mirando hacia un costado del psicólogo, como si hubiera alguien sentado detrás de él. La mirada era tan intensa que el profesional miró hacia atrás y volvió a mirarlo…
- Solo usted tiene la respuesta… - dijo suavemente – yo no puedo ayudarlo si no me deja hacerlo… le prometo que si me responde sin evasivas… termino la sesión…
Lentamente Julián miró todo a su alrededor mientras se paraba y caminaba lentamente, se paró delante del diván aunque no lo miraba… por lo menos directamente no lo hacía… se aproximó a la puerta y mientras que tomaba el picaporte de la puerta dijo sin voltearse a mirarlo.
- Me abandonó la que era mi novia en ese entonces…
Y salió sin despedirse… no hubiera podido hacerlo de todas maneras…
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