Julián buscó algunas fotos que tenia de ese viaje, la primer foto fue cuando ni bien salió el autobús de la ciudad, fue a donde ella y su amiga estaban sentadas y literalmente se tiró sobre ella de espaldas con la excusa de fotografiarse, hoy sería una selfie volteando la cámara, pero en aquella época, las maquinas con rollo de 35 milímetros era lo que se usaba y las fotos o las tomaban o tenían que apuntar a ciegas.
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Tercer entrada del blog: El viaje de fin de curso.
Mi estrategia de acercarme a ella ni bien salimos en el viaje de egresados no funcionó porque ella ya estaba interesada en otro de mis compañeros, con el que había comenzado a charlar en las pequeñas fiestas que habían celebrado desde unos meses antes para que todos los que viajábamos nos conociéramos. Yo a esas fiestas no iba porque estaba casi siempre con Laura. Habían comenzado a tratarse para compartir el horrible vicio de fumar. A mí no me gustaba ni el olor ni el sabor del cigarrillo en la boca de las chicas, tuve el impulso de decirle que si fumaba yo no la besaría pero me contuve porque estaba seguro que si se lo decía se hubiera echado a reír y me diría que podría esperar tranquilo porque no le interesaba que la besara.
Tuve que aguantarme de verla a los besos con él y fue algo que me molestó desde ese día para siempre. Afortunadamente ese romance no duró más de 3 días y luego comencé a tener esperanzas otra vez, comencé a estar más cerca de ella esperando por una oportunidad, ahí fue cuando nos tomamos la foto que está en la portada, sin embargo no me daba pie para absolutamente nada más que conocido, ni siquiera podía decir que me consideraba un amigo, porque no confiaba en mí en absoluto.
Me reconfortaba que a ella tampoco le estaba yendo bien con el objeto de su interés, sin embargo a mí no me faltaron mis encuentros sexuales durante todo el viaje.
Aprovechaba cada oportunidad para tocarla y abrazarla inocentemente, jugando con la nieve o bailando en grupo, aunque seguía rechazándome, ya no se molestaba tanto. Dos días antes de volver, fue su cumpleaños número 17 y con los más allegados a ella, fuimos a sorprenderla, por supuesto yo me ofrecí a sujetarla a la fuerza para que la pudieran pintar y llenar de talco. La sujete por las muñecas y crucé los brazos estrechándola de espaldas contra mi pecho, primero trató de soltarse, pero luego de que terminaran de pintarla, llenarla de pasta dental y de talco para los pies, yo me seguía negando a soltarla, nunca la había tenido tan cerca y realmente me gustaba tenerla así.
Le hablé al oído. “No te voy a soltar hasta que no te quedes quieta…”, ella giró su rostro para verme, cuando pensé que se enojaría que fuera yo quien la retenía, me sonrió y parpadeó seguido muchas veces… “Límpiame los ojos...” me dijo, nuestras bocas a no más de 10 centímetros de distancia…, la miré a los ojos, luego a la boca y la solté con la esperanza de que me dejara limpiarle para seguir tocándola… se giró y cuando yo empezaba a levantar mis manos para correrle los cabellos de la cara, ella se puso en puntas de pie y se restregó la pintura contra mi cuello, y mi mejilla…
Cuando quise reaccionar, ya se había separado de mi alcance y yo estaba casi tan sucio como ella. Cuando amagué que la seguiría, me dijo riendo a las carcajadas… “vos empezaste… ahora báncate el escarmiento…”
Esa noche fuimos al boliche, pero ella no me dejó acercarme y se fue a bailar con un chico que conoció en el bar.
Viajé de regreso muy ocupado besándome con una de sus amigas, en el asiento adelante de ella, sin embargo pareció no importarle en absoluto. A los 2 días de llegar nuevamente nos reunimos todos, yo fui con Laura… ella estaba sola, después me enteré por amigos en común que ese día había roto su noviazgo con el chico de la otra escuela.
Pasaron meses y ya todo fue muy vertiginoso, los exámenes finales, yo era abanderado, tenía muchas responsabilidades, mis amigos prácticamente no la dejaban sola, incluso iban a la playa todos los días para que estuviera bronceada para su graduación. Cuando algún galán quería acercarse a ella, ellos se encargaban de espantarlo. Me contaban “La polaca usa unas bikinis que llaman mucho la atención… la polaca se puso esto… lo otro… nunca eran vestidos recatados, o eran minifaldas, o escotes pronunciados o tajos en las piernas y yo me perdía de verla porque aún estaba con Laura y ella no asistía a lugares donde Roció pudiera estar.
Casi a fin de año, ella organizó una fiesta en su casa, yo no le dije a Laura y cuando la dejé en su casa luego de salir, me fui directamente para allá. La vi con un vestido largo con un tajo en una de las piernas que le llegaba hasta casi su cadera y un top ajustado sin breteles que no dejaba mucho a la imaginación, lastimosamente cuando llegué estaba bailando una música lenta con el mismo objeto de interés del viaje, que mi propio mejor amigo había intermediado para que ocurriera. Quería matarlo, pero no le podía reconocer que me moría de celos porque nadie lo sabía. Fui y encendí las luces para exponerlo a él más que a ella y dio resultado porque dejaron de bailar, igualmente ni me miró, porque tenía ojos solo para él.
Vi que mis amigos estaban escribiendo dedicatorias en varios uniformes (otra costumbre estudiantil de la época) y comencé a mirar cual era el de ella. Le puse una dedicatoria que nunca supe si la vio o que le pareció, pero decía: “Eres una mujer excepcional. Con Amor Juan”
A los pocos días nuevamente nos reunimos por fin de año, mi mejor amigo me descubrió mirándola de una manera muy intensa y me lo dijo. Primero me sorprendió pero me recuperé rápidamente. Ella tenía un jean claro súper ajustado y un pequeño top tejido con espalda totalmente descubierta. No podía dejar de mirarla… Pero me salió decir: “No sé si tiene o no sostén... averigüémoslo…”
Le grite “Polaca” y cuando se giró´ para ver quien la llamaba le hice señas que se acercara a nosotros. Cuando llegó con toda la inocencia, le tome del hombro y la hice girar para ver su espalda, antes que pudiera entender lo que hacía, le pasé la mano por la columna desde el cuello hasta la cintura para ver si había alguna cinta transparente, pero no tenía nada. Cuando se giró sorprendida y me empujó en el pecho diciendo “¿Qué estás haciendo?”, yo me acerqué más a ella y le dije mirando sin disimulos su escote “no tienes puesto sostén… ¿Cómo diablos no se te ven las tetas por los agujeros del tejido…? y ella sonriendo encantadoramente me dijo “No es algo que deba interesarte…”, caminó 2 pasos en reversa para alejarse de mí y con otra sonrisa me dijo señalando sus pechos: “el forro esta cosido directamente al tejido…” se rio con una carcajada y se giró para volver con el grupo con el que estaba antes.
Le miré a mi amigo y le dije “que buenas tetas tiene…” y no hizo falta justificarme más… actuaba exactamente como siempre lo hacía… como el baboso de siempre… sin embargo no dejaba de pensar en la piel que había tocado desvergonzadamente.
Traté de llevarla a su casa, pero me dijo que volvía con mi amigo con el que iba a la playa siempre. Aun no confiaba en mí lo suficiente como para dejar que me acerque…
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