Sonrió cuando publicó la entrada, tenía solo 19 años en ese momento, hoy lo podía analizar más completamente y desde una perspectiva de adulto, pero en aquel entonces era solo un adolescente con las hormonas alborotadas.
De pronto sintió la necesidad de seguir escribiendo, ya no se sentía bloqueado y frustrado… de algún modo la estrategia del psicólogo estaba funcionando. Si bien lo que escribía no era su amada ciencia ficción futurista, el poder hacerlo lo relajaba y hacía mucho tiempo que no se sentía completamente relajado.
Se preparó un mate con café… y no pudo evitar pensar en ella otra vez. Romina prefería el mate dulce, así que él le pedía que le agregara un poquito de café al agua… luego de ella solo tomaba mate amargo… era parte de su estrategia de olvidarla, pero ya que le estaban obligando a recordar, mejor ayudar a su memoria estimulándola con todos los sentidos.
Tomó los primeros y luego se sentó nuevamente en el ordenador.
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Octava entrada al blog: El primer beso
Cuando me había despedido con el beso en la mejilla, había dado un paso muy importante, porque desde ese momento, no volví a dejar de saludarla y despedirme de esa manera, aunque ella trataba de volver a su típico saludo moviéndome la mano desde lejos, yo me acercaba y la besaba estuviéramos en donde estuviéramos. Cuando ella se fue acostumbrando y ya no se sonrojaba, comencé a agregar mi mano en su cintura al saludo… primero solo eso, luego de a poco esa mano fue haciéndose más posesiva y la solía abrazar por una fracción de segundo y cuando la soltaba actuaba despreocupadamente, ni siquiera la miraba salvo que estuviéramos solos.
Comencé a ir casi todos los días a su casa, buscaba excusas para pedirle que me acompañara a cualquier lado y ella se fue acostumbrando a verme… a que la visitara… a que la tocara inocentemente…
La fui conociendo y descubriendo como me la describían mis amigos, era fácil hablar con ella, me gustaba hacerla reír… tenía una risa contagiosa… yo me empezaba a sentir distinto también de cierta manera.
Hacía bastante tiempo que entendía a mis amigos que nunca se habían atrevido a encararla a pesar que estaban con ella todo el tiempo. Yo mismo no me animaba a tratar de avanzar más allá de la amistad. No sé si era el trato impersonal que le daba a todos o era ese miedo intrínseco que se sentía al pensar que si ella se ofendía se terminaba todo…
Una tardecita, luego de estar tomando mate con ella y de estar bromeando con su padre, le dije que me iba… Fui caminando lentamente hacia el portón y ella me seguía en silencio, había estado particularmente silenciosa y eso me había llamado la atención… Entonces me animé a probar un nuevo límite…
- ¿Cuándo me vas a decir que si…?
Lo tiré así como si nada… como si estuviéramos hablando de lo mismo… ni siquiera me detuve ni me dí vuelta a mirarla…
- ¿Decirte que si a qué…? – me dijo confundida
Me giré a verla y como ella venia caminando, me chocó ligeramente… y dio un paso atrás para estabilizarse
- A ser mi novia…
Se lo dije como si fuera un trámite más… como si me estuviera haciendo perder el tiempo tardando tanto… Ella no me miraba a la cara, seguía mirando hacia abajo, tal vez hacia mi pecho o hacia el piso, no lo podía ver claramente desde mi punto de vista.
- ¿Por qué querés que sea tu novia…? – me dijo con la voz un poco rara
- Porque te quiero besar…
Mi propuesta no era romántica, pero necesitaba acelerar la situación… o avanzábamos en una relación… o me daba por vencido con ella.
Levantó la vista y me miró con una expresión rara, nunca se la había visto… estaba sopesando sus opciones, me miró a la boca por un tiempo que me pareció eterno y luego me miró a los ojos… No sabía si confiaba en mí o no… Su mirada me atravesaba y comencé a dudar hasta de mí mismo… cuando pensé que me diría que no, bajó la vista nuevamente a mi boca…
- Bueno… - me volvió a mirar desafiante y agregó – pero si no me gusta tu beso, no te quiero ni como amigo… yo no me beso con mis amigos…
Mi cerebro tardó unos segundos en relacionar lo que me decía… se puso ambas manos en los bolsillos traseros de su jean mientras que bajaba la vista avergonzada, parecía nerviosa cuando levantó nuevamente su rostro para mirarme.
No pude hacer otra cosa, la tomé de la nuca con una mano y la atraje a mi boca desesperadamente, la sentí tensarse en respuesta… yo había dado cientos de besos, desde los más efímeros hasta los más brutales, pero la desesperación que sentía en ese momento me estaba jugando una mala pasada. En fracciones de segundo al notar que no me estaba respondiendo en realidad, supe exactamente lo que tenía que hacer…
Sin soltarle y sin alejarla de mi boca, cambie la posición de mi cabeza y comencé a besarla lentamente, con mi otro brazo la atraje hacia mi pecho, mi corazón estaba desbocado completamente y quería que ella lo notara. Comencé a rozarle con la lengua suavemente y la sentí temblar ligeramente, comenzó a relajarse por fin y entonces profundicé el beso... La saboree como nunca lo había hecho antes. No sé cuánto tiempo la besé, pero quería más de ella, quería que me abrazara, que me tocara como yo la estaba tocando… así que cuando sentí su mano entremezclándose con mi cabello no pude evitar temblar hasta que sentimos un ruido seco en la puerta de entrada…
Nos apartamos por fin y ella aprovecho y se separó de mí. La quedé mirando a la expectativa de su veredicto, pero no decía nada.
- Y… ¿te gustó o no? – le dije desesperado
- Bastante bien… - me dijo y me desesperó
No le pedí permiso esta vez y con ambas manos la tome del rostro y la acerqué a mi otra vez, con mis pulgares le acaricie suavemente el labio inferior, le comencé a rozar con la nariz, su mejilla, su nariz, la comisura de su boca, mi aliento se mezclaba con el suyo y volví a besarla, esta vez con dulzura, una dulzura que ni siquiera sabía que tenía, atrapé suavemente su labio inferior con los míos y luego el superior para después hundirme en ella completamente.
La sentí temblar… o temblaba yo… no lo supe diferenciar, hasta que nos separamos al no poder respirar.
- Ese fue perfecto – la escuche musitar mientras se recostaba en mi pecho y me abrazaba por la cintura
- ¿Vas a ser mi novia o no…? – le dije sin saber que hacer
- Si…
Solo eso me contestó y yo la estreché contra mí y sonreí completamente satisfecho, me había costado más de 3 años pero por fin había sucedido.
Había comenzado a ser mía… a pertenecerme…
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Publicó la entrada y la melancolía se apoderó de su ánimo completamente, con el tiempo y especialmente el último periodo con ella, los besos se habían tornado mecánicos, ya no la saboreaba ni se empapaba de su aliento como al principio. Ella si lo besaba así, especialmente cuando hacían el amor o la temporada que estuvo convaleciente, pero Julián siempre estaba muy ansioso y los besos eran para un segundo plano, lo principal era la penetración a su criterio. Hoy con la mirada que solo el tiempo otorga podía reconocer que ella necesitaba más besos, más caricias y más abrazos contra su pecho.
Hoy podía darse cuenta que especialmente el último tiempo Romina lo había necesitado mucho más de lo que su orgullo quería reconocer.
Quedó sumergido en sus pensamientos y en el recuerdo de ese primer beso… no el primero que le dio… sino el primero que a ella le gustó…
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Updated 76 Episodes
Comments
esterlaveglia
qué triste historia de amor..... me gustaría saber de Romina
2024-07-07
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