No quiso volver a escribir por varios días, se estaba acercando a cuando habían empezado a salir y los recuerdos se le mezclaban involuntariamente.
Comenzó a hiperventilarse de la nada, la respiración se le hizo superficial y rápida, la angustia y la aprehensión que sentía en el pecho le hacían retumbar los latidos de su propio corazón.
Recordaba con lujos de detalles sus encuentros sexuales, pero como si estuvieran en una nebulosa las pocas discusiones que habían mantenido no las podía recordar del todo. No se discutía con Romina…ella era complaciente y luego de dudar y batallar ella misma con sus dudas y principios terminaba accediendo a la postura que él le imponía, desde donde ir en una salida hasta las decisiones sobre su propio cuerpo como los anticonceptivos.
Había usado su cuerpo muchas veces para tranquilizar su propio espíritu, para desquitarse muchas veces de las limitaciones que su relación le provocaba, algo así como “No puedo tener sexo libre… entonces me vas a dar todo el sexo que necesite…”, no recordaba ni una sola vez que ella lo hubiera rechazado, nunca le había reclamado que él llegara al orgasmo antes que ella y que luego cesara toda actividad y muchas veces se fuera luego de eso. Especialmente los “rapiditos” que conseguía tener en ese maldito diván de la casa de Romina, o sobre la mesada de la cocina, con la adrenalina de saber que sus padres podrían verlos en cualquier momento.
El último tiempo que estuvieron juntos, esto se había repetido más de lo necesario, muchas veces llegaba tarde a su casa, sabía que ella estaba en una habitación que había preparado con pizarrón para sus estudios y allí mismo casi sin hablar solo la penetraba hasta que satisfacía sus necesidades y luego le ponía una excusa para irse. Con ella tenía sexo cuando quería como quería y donde quería… los mejores encuentros fueron los que les trajeron problemas porque le excitaba el sexo en la vía publica, la adrenalina de que los pudieran descubrir era el mejor afrodisiaco… bueno, por lo menos lo era para él… ella simplemente nunca lo había rechazado.
Hoy jamás la expondría a Vanina al riesgo que eso supone, sin embargo eran otros tiempos y curiosamente no lo había hecho con nadie más, solo con ella.
No pudo evitar pensar en ¿Cómo le haría el amor su marido?, él nunca había sido violento, pero sí muy intenso, la había llenado de moretones muchas veces por la posición que utilizaban en el auto o por los chupetones que solía dejarle. Ella le pertenecía… y aunque el psicólogo dijera que no, él sabía perfectamente que eso era así definitivamente.
De pronto se dio cuenta que estaba excitado pensando en ella, así que comenzó a masturbarse, ahí donde estaba… sentado en su escritorio… el sexo nunca había sido un problema en su vida y definitivamente no lo sería ahora. Se tocaba con bronca, con dureza sin siquiera darse cuenta que se lastimaba a sí mismo, necesitaba sentir ese pequeño dolor, porque así le distraía del dolor del alma que estaba sintiendo en ese momento.
Ella siempre lo tocaba con dulzura, con paciencia cuando estaba exaltado, lo acariciaba suavemente o lo intentaba hacer cuando estaba enojado por algo, con el tiempo sus caricias inexpertas se habían convertido en maravillosas, pero el eterno fantasma de lo que ella hubiera hecho por su amor imposible lo llevaba a exigirle más y más de ella. Si con ese otro hombre hubiera aceptado ser la segunda de la historia, con él también tendría que estar dispuesta a serlo y de hecho ella nunca le había pedido que dejara el club… por supuesto no sabía todo lo que él hacía en ese entorno, pero de todas maneras no pensaba dejarlo: El club era primero, lo hacía sentir bien consigo mismo, poderoso en cierta manera y con los contactos como para ser exitoso en la vida.
De hecho alguien que había conocido en ese entorno fue la persona que lo animó a convertirse en escritor y le había facilitado los contactos con grandes editoriales. Hoy viéndolo en perspectiva parecía haber sido un prostituto vip, pero en ese momento solo era sexo fácil con beneficios extras. Los lujos que hoy tenía se debían en parte a las regalías de sus obras, pero mayoritariamente a la posición holgada de Vanina que venía de una empresa familiar muy bien posicionada en finanzas.
Hoy podía darse el lujo de pagarse un hotel 5 estrellas y una acompañante de lujo si lo necesitaba, pero en la época de Romina no era así y ella nunca le había reclamado nada. Haciendo memoria nunca le había regalado flores por ejemplo, pero ella nunca se lo había pedido tampoco. Pensándolo bien Romina siempre había sido rara: no exigía, no pedía, no preguntaba el porqué de sus decisiones.
Si hubiera sabido que el día que le diría que No, sería un no tan categórico como indisoluble, tal vez lo hubiera pensado un poco más, tal vez le hubiera dado más opciones y no el simple “Si me querés me vas a aceptar así”.
Nunca se imaginó que la condición que le había puesto más de 2 años antes de su ruptura, para acompañarle en un tortuoso momento de su vida sería el motivo de la separación.
Había rehuido la sesión con el psicólogo por dos semanas con la excusa de estar enfermo de gripe, pero se hacía imposible seguir haciéndolo. Así que estaba nuevamente sentado en su sillón contemplando la nada, con la mirada perdida en sus pensamientos.
- Veo Julián que lo último que escribió fue cuando comenzaron a acercarse – Julián solo dirigió su mirada hacia el psicólogo pero no le contestó - ¿Qué sintió cuando ella le confesaba que no había estado con ningún otro hombre?
- Redobló mi interés en conquistarla… - dijo como si nada
- ¿Ha tenido otras experiencias con mujeres vírgenes…?
- Julia… - dijo mirándolo sin expresión – Julia fue la que se burló de mi por mi apariencia… así que me desquité quitándole la virginidad luego de enamorarla…
- Así que cada vez que alguien amenaza a su ego, usted toma decisiones contundentes… como el de ponerle un ultimátum a Romina…
- No fue por mi ego… - dijo empezando a enfurecerse – yo le desnudé mi alma en ese momento, le confesé todo… me abrí completamente a ella… me mostré como realmente era… y a ella no le importó…
- ¿Y de verdad cree que lo que le mostró… lo que realmente era usted… le era atractivo a ella… la hacía sentir bien a ella…?
- Por su rechazo supongo que no… - dijo mientras se levantaba nervioso.
Esa era la señal inconsciente que presentaba cuando no estaba dispuesto a hablar de un tema. Cuando eso ocurría sus sentimientos y sus emociones colapsaban, se mostraba vulnerable por un corto periodo, a veces solo segundos, hasta que la máscara que había formado para la sociedad aparecía nuevamente. Eran esos pocos segundos los que el profesional aprovechaba para empujarlo un poco más.
- Ella lo había rechazado durante muchos años… le había reconocido que le gustaba su compañero… de hecho nunca me dijo su nombre… se había dejado besar y muy probablemente manosear por él… - cuando Julián se giró a verlo un poco ofuscado por sus palabras el psicólogo le hizo la pregunta que termino por derrumbarlo – Cuando le quitó la virginidad… ¿también se estaba desquitando como pasó con Julia?
- No… - dijo en un susurro – pero ella cambió después de eso…
- ¿En qué cambió…?
- Ella no temía a que yo la dejara…
- ¿Usted creía que ella se entregaba para retenerlo de alguna manera…?
- Es lo que hacen la mayoría de las mujeres… te chantajean emocionalmente… - dijo con una sonrisa sarcástica
- Pero ella… ¿le pidió algo…? – Julián negó lentamente con la cabeza y se puso a mirar por la ventana - ¿Usted le había presionado para tener sexo…? – volvió a negar – ese día… ¿le propuso usted hacerlo…?
- No… - comenzó a restregarse la cara con ambas manos como queriendo quitar esos recuerdos, no quería hablar de eso.
- Bien…- el psicólogo cerró su anotador – no necesitamos profundizar eso por ahora… siga escribiendo todo lo que recuerde hasta que comenzaron a tener su relación.
Julián asintió sin mirarlo y se dirigía a la puerta cuando lo escucho agregar
- ¿Sigue sin leer los comentarios…? – como no le respondió, agregó – yo le avisaré si aparece alguno que sea importante…
Lo vio salir sin contestar, ni siquiera se había dado cuenta de la repercusión que estaba teniendo, cada día más y más lectores se interesaban por la historia de “Juan y Roció”. Con esa popularidad en crecimiento, no tardaría en entrar en contacto la historia con alguien cercano a Julián y a Romina y eso sería interesante como para saber qué grado de sinceridad tenían sus escritos.
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Comments
esterlaveglia
muy interesante historia
2024-07-07
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