SERENA.
A pasado más de una semana y Elio aún no regresa, no sé a comunicado ni un maldito día, estoy más que preocupada tengo miedo que algo le haya ocurrido, me da terror de solo pensar que no lo volveré a ver.
A la tía la e ayudado a salir un poco de su tristeza, busco cualquier pretexto para estar junto a ella, creo que si le pasara algo a ella Elio se moriría, es su única familia que le queda y yo velare para que siga en este mundo haciéndola reír para que se olvide por un momento su triste pasado.
Bajo las escaleras cuando veo a la tía con los hombres de Elio y mi vida se ilumina, bajo prácticamente corriendo hasta llegar con ellos y no pierdo tiempo para preguntar por él.
- tía, ¿Elio donde está?,- le pregunto con una emoción que no puedo contener y solo sonríe hasta negar.
- no regresa aún hija, pero nosotros tenemos que irnos- la veo totalmente confundida, pero mi cara refleja más que preocupación y ella lo percibe.- no te preocupes pequeña, él estará bien, siempre a sabido cuidarse.
- tía, pero...- me interrumpe tomando mi mano para caminar.
- vamos, ya es hora de regresar a Italia- asentí sin emitir una sola respuesta.
Nos subimos a un helicóptero, siendo solo minutos que ya estábamos por los aires, viendo solo el agua azul del mar, pasando el tiempo despacio o rápido no lo sé, me perdí en mi pensamiento imaginándome miles de escenarios al no saber nada de él, ni el porqué, no vino él, por nosotros.
Aterrizamos en el helipuerto bajando a toda prisa, caminamos un buen tiempo hasta llegar a una casa en medio de la vegetación, con hombres por doquier, nos llevaron hasta el interior, pasamos por la puerta principal y lo vi a el ahí parado con un traje azul echo a su medida notando sus musculosos brazos y solo corrí olvidándome de todo.
Él al verme sonrió abriendo los brazos hasta recibirme, plantándole un beso en esos labios que me encantan, correspondió haciéndolo lento, excitante y muy duradero hasta que un carraspeo atrás de nosotros nos hizo salir de una especie de hechizo.
- bueno, niños, solo lo saludo y me voy- reímos con nerviosismo, me bajé de sus brazos y los vi abrazarse- me alegra verte de nuevo hijo.
- a mi también tía, bienvenidas a casa, Melina te llevará a tu nueva habitación- ella asintió me vio a mí por una fracción de segundo y subió las escaleras.
Nos quedamos en silencio solo haciendo juego de miradas hasta que el solo tomo mi mano llevándome a su despacho, entramos sentándome de inmediato cruce mis piernas y a él solo lo vi aflojarse su corbata, carraspeo y solo escuché su voz tan adictiva de escuchar.
- Serena, seré lo más directo contigo y será la primera vez que abriré mi corazón y es solo por ti- me sorprendí al escucharlo, sonreí recargando mis brazos sobre el escritorio viéndolo atentamente- no sé por donde empezar, soy tan malo para esto, créeme que estoy nervioso, pero me gustas, no sé en qué momento paso pero estoy enamorado de ti, pero entenderé que tu no sient…- me levante y él no dijo ni una sola palabra guardando silencio y solo me observaba cada movimiento que hacía.
- sabes, este tema me interesa y mucho, sé que nos conocimos de una manera no tan convencional, pero al tratarte y darme cuenta que te preocupabas por mí, algo hizo cambiar la forma de verte y estoy como tu Elio, me e enamorado de ti y no sé que día o la hora solo paso, las horas que paso sin...- no dejo que terminará solo me jalo sentándome en sus piernas y me beso tan apasionadamente que comencé a sentir mucho calor.
Nos separamos y él me abrazo, sintiendo sus cálidos brazos esos que extrañaba hace semanas, lo escuché suspirar mientras acariciaba mi cabello.
- sabes, nunca pensé que una pequeña pitufina como tu me haría caer a sus pies- me separo de él cruzándose de brazos viéndolo fijamente- por eso me encantas, mi reina.
Sonreí por su comentario, paso su mano tras mi cuello volviéndonos a besar, siendo aún más lento que el primero, su lengua se abrió paso hasta explorar cada rincón hasta tocar mi lengua danzando en un solo movimiento.
Mis mejillas las sentía más que arder su toque en mi cintura la sentía quemar, mis pantis estaban más que húmedas, me separé porque esto se estaba tornando de color más que rojo, lo vi y tenía su mirada impregnada de lujuria, puse mi mano en su pecho y él solo asintió tomó mi mano besándola infinidad de veces.
- te esperaré el tiempo que sea necesario, mi reina- me susurro al oído con esa voz gruesa y muy ronca provocaba en mí un cosquilleo que recorrió todo mi cuerpo y solo asentí más que sonrojada.- bueno, mi querida pitufina, ¿quieres ser mi novia?, sé que estás acostumbrada a cosas grandes y muy llamativas, pero no sé, solo...- tape su boca con mi mano.
- es más que perfecto Elio Villa y si quiero ser tu novia- sonrió abrazándonos por un largo tiempo.
Nos levantamos hasta salir del despacho tomados de la mano, era una sensación única, subimos las escaleras hasta llegar a la habitación de la tía, que al enterarse de nuestra relación se alegró mucho, diciéndonos que ella ya sabia que solo fue cuestión de tiempo.
Me llevo a mi nueva habitación mostrándomela estaba más que hermosa con su armario repleto de ropa, salimos caminando a una puerta hasta que me la mostró y era la suya que estaba frente a la mía, sabía por qué lo hacía, por la tarde fuimos al centro comercial viendo y conociendo por primera vez las calles y los hermosos paisajes junto a sus estructuras arquitectónicas impresionantes toda Sicilia era más que hermosa.
Me llevó a un restaurante tan elegante degustando unos platillos más que exquisitos para mi paladar, al salir estaba oscureciendo tomó mi mano caminando por unos callejones parecía que íbamos solos, pero sé que sus hombres están por algún lado cuidándolo.
Definitivamente, para no saber ser romántico y ser primerizo en esto estaba haciéndolo bien, llegando a una hermosa fuente nos sentamos, me abrazo tan fuerte pegándome a su pecho pudiendo escuchar latir su corazón, pose mi mano en su pecho y él no tardo en entrelazarla a la mía.
- que me has echo mi pitufina- suspiré y solo beso mi cabeza posando la suya sobre la mia.
Nos quedamos así un largo tiempo hasta que nos separamos dándonos un corto beso, nos levantamos caminando hasta la camioneta que nos llevaría de regreso a la casa, para pasar lo que restaba de la noche con la tía Anastasia.
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