Capítulo 9: Un ritual

Sé que no debería estar aquí, pero no lo puedo evitar, registro con bastante cuidado la oficina de mi padre y me detengo al ver los archivos que estaba buscando. Los muevo un poco, mientras busco el nombre de Valeria y al encontrar su nombre saco la carpeta con cuidado sin apartar mi mano de aquel lugar.

La abro con mi mano libre y empiezo a leer toda la información, la ubicación de donde fue encontrada se queda grabada en mi cabeza, suelto un suspiro y vuelvo a poner la carpeta en su lugar, cierro el cajón lentamente y salgo de allí. Abajo mi padre se está terminando de poner su uniforme, me mira con una ceja levantada.

—¿Qué sucede? —Dice con sospecha.

—¿Me puedes dejar en la casa de Miguel? —Respondo con una pequeña sonrisa traviesa.

Ethan me observó por unos breves segundos, sé que él no podía negarme aquella petición, así que dio un leve asentimiento de cabeza y ambos salimos de la casa. Caminé a su lado y por más que intentaba caminar normal, sentía pequeños jalonazos de dolor, de repente sentí que mi padre no estaba caminando a mi lado, así que me giré y lo observé desde la puerta del auto.

Él se veía un poco molesto y su mirada estaba fija en mi pie lastimado, probablemente ya se dio cuenta de que mi pie no está del todo bien. Suelto una risa nerviosa y le señalo la puerta del auto a mi padre para que la abra, cuando escucho que se quita el seguro, me subo de inmediato. A los segundos mi padre se sube y enciende el auto después de verificar que me he puesto el cinturón de seguridad.

—¿Qué te pasó en el pie? —Indicó cuando empezó a caminar dándome una severa mirada.

—Me caí en la universidad —le respondí lentamente y cuando él se giró a verme agregué con rapidez—, las escaleras de la universidad son un poco empinadas para mí con estas botas.

Señalé mis pies y él asintió poco convencido, quería preguntarle sobre cómo iba el caso de Valeria, pero algo en mi interior me detuvo. No tenía que mostrar ese tipo de interés frente de él, porque podría llegar a sospechar.

Se detuvo al frente de la casa de Miguel y me baje siguiendo las indicaciones de mi padre, tenía que caminar bien y mirar cada paso que dé. Solamente asentí y me despedí, me acerqué a la casa de Miguel y él me abrió la puerta.

—¿Qué haces aquí? —Me dijo

Ignorando completamente su pregunta entré a su casa, y saludé a su perrito, luego me giré y le sonreí.

—¿Puedes hacerme un favor? —Dije con rapidez.

Por primera vez tenía miedo de que él se negara a hacerme un favor, sabía que en algunas ocasiones él podría enojarse, pero aun así siempre terminaba ayudándome.

—Depende de lo que sea —acotó cerrando la puerta y mirándome con sospecha.

—¿Te acuerdas del parte nacional? —Indiqué nerviosa y luego, al ver la cara de interrogación de él, tuve que agregar—. Dónde fuiste con tus amigos.

Él asiente convencido y me dice que espere unos segundos, sale corriendo y yo solo espero un rato en la sala. Miguel llega con otra ropa. Salimos de la casa y nos subimos a su auto, me sorprendo de su rapidez y me pongo a reír porque él no preguntó a qué se debía mi visita a ese lugar.

Conduce con bastante tranquilidad mientras pone su música en el auto, luego de eso canta lentamente en varias ocasiones. Al llegar al lugar, él apaga el auto y me mira fijamente.

—¿Vienes a tomar fotos? —Dice señalando la cámara que cuelga de mi cuello.

—No, vengo a ver el lugar donde encontraron a Valeria —le expliqué lentamente.

Miguel abrió los ojos sorprendidos y empezó a negar con la cabeza mientras hacía una x con sus brazos.

—Te iba a acompañar, pero ahora no —dijo él con una cara de terror.

—Cobarde —murmuré abriendo la puerta.

—Seguiré siendo un cobarde, pero con vida —dijo él levantando su mano dándose la razón a sí mismo.

Lo miré sin ánimos de discutir y terminé de bajar del auto, observé la entrada del bosque con una mano en la cámara, me giré y me acerqué a la ventana del auto.

—No me voy a demorar, máximo estaré 20 minutos —le informé.

Caminé hacia el bosque, me sorprendí de lo bonito que era el lugar y el silencio que mantenía, levanté la mirada hacia la copa de los árboles, donde pequeños halos de luces se filtraban entre los diminutos espacios que dejaban las hojas. Seguí mi camino, buscando un árbol de flores blancas, según lo que leí, ahí el asesino había dejado a Valeria.

Encendí mi cámara y la sujeté en frente de mi rostro, mientras tomaba algunas fotos en mi mismo lugar, se me ocurrió hacer un acercamiento con el Zoom. Desde la cámara empecé a observar detrás de los troncos de los árboles y fue ahí donde vi un rayo de luz más fuerte y claro, pude notar la copa de un árbol lleno de flores blancas y como reflejaba toda la luz del sol.

Di unos cuantos pasos hacia mi derecha para poder ver el árbol con más claridad y ajusté la cámara un poco para que la imagen no quedara borrosa y tomé una foto. Bajé la cámara y empecé a ver las fotos que había tomado en ese momento, me detuve en la del árbol blanco, fue ahí cuando entendí que el asesino quería que lo buscaran, ese lugar parecía estratégico y bastante iluminado. Bajé la mirada para poder observar el tronco del árbol y noté unas manos sobre el tronco.

Un escalofrío cubrió mi espalda y fue ahí cuando volví a levantar la mirada sin entender lo que estaba pasando, había fotografiado las manos de alguien sin darme cuenta. Nuevamente, volví a poner el Zoom hacia el mismo lugar y ya no estaban las manos, solo había un tronco caído que no dejaba ver con claridad.

Solté la cámara y empecé a masajear mis rodillas con anticipación, quería acercarme y ver qué había sido esas manos, pero a la vez sabía que era una decisión estúpida y además de eso no podía correr con normalidad, observé mi pie lastimado y cerré los ojos, debía tomar una decisión.

Era una estúpida.

Caminé hacia el lugar y cada vez que me acercaba podía notar cosas que antes no había visto, allí había una persona y podía ver su cabeza que se movía. Los cabellos rubios de aquella persona desconocida brillaban bajo la luz que reflejaba las flores, hacía que se vieran casi dorados.

Me acerqué al tronco y pasé por encima de él, cada paso que daba lo hacía con total delicadeza, ahí decidí no avanzar más y me senté en el tronco caído, observé a aquella persona que parecía distraída y no se daba cuenta de mi presencia. Tomé una foto y pude notar como estaba encendiendo unas velas blancas, cerré los ojos y solté un pesado suspiro, al parecer algo ruidoso.

El desconocido se giró con fuerza y en el proceso se cayó, su mirada estaba llena de horror y cuando sus ojos verdes hicieron contacto con los míos, lo reconocí. Él era aquel modelo que tuvimos en mi clase, una sonrisa cubre mis labios y me bajo del tronco.

—¿Qué estás haciendo? —Intenté sonar amable.

Él aún me seguía viendo con sorpresa, luego sacudió su cabeza con rudeza y se levantó del suelo, sacudió su ropa y observó lo que estaba en el suelo. Había muchas cosas allí, además de velas, pude notar algunas flores, de hecho, había muchas flores, reconocí la flor de tabaco que le habían sacado de la boca a Valeria y también algunas flores de lavanda.

—Nada —se limitó a decir.

Di unos pasos más y noté que las velas estaban apagadas, solté otra risa, aquí el flujo del aire parecía ser más fuerte y por eso las pequeñas flores de aquel árbol caían como lluvia. Me detuve a un metro de distancia.

—Eres la chica de la universidad —volvió a hablar él.

Asentí dándole la razón, hice una pequeña inclinación con la cabeza hacia las flores y la velas.

—¿Qué haces? —Dije dando otros pasos, pero él retrocedió.

—Un ritual —dijo tragando saliva.

Otra sonrisa cubrió mis labios y avancé hasta llegar a las velas, me coloqué de cuclillas y sujeté una flor de tabaco entre mis dedos. La observé detenidamente y luego la dejé caer.

—¿Qué ritual más raro? —Dije poniéndome de pie y dando un paso más cerca de él, agregué—. ¿Dónde está el sacrificio?

Noté como su expresión volvía a tornarse llena de horror, empezó a negar en varias ocasiones con la cabeza, sus manos se levantaron y noté un leve temblor en ellas, además de eso sus largos dedos capturaron mi concentración.

—No es un ritual de ese tipo —dijo algo molesto.

—¿No? —Me sorprendí con su respuesta, miré las velas blancas y volví a hablar—, entonces, ¿qué tipo de ritual es?

—Uno para llevar las almas por buen camino —explicó él lentamente.

Fue ahí que me di cuenta de que él conocía a Valeria, le dediqué una mirada de sospecha, pero decidí hacerme la desatendida y que no sabía de quién estaba hablando.

—¿Se te murió una mascota? —Dije con una fingida preocupación.

Su rostro hizo una mueca de disgusto y luego negó con la cabeza, noté como también había un poco de decepción en su gesto.

—Alguien fue asesinado aquí, solo vine a ayudar a que su alma no pierda el camino —habló con lentitud mientras se acercaba y volvía a poner la flor de tabaco en su lugar.

Fue ahí donde también noté que las flores seguían un curioso patrón, hacían un círculo alrededor de las velas. Él levantó su rostro y parecía que me estaba examinando con cuidado. Al parecer él no sabía que Valeria no había sido asesinada en este lugar, solamente tiraron su cuerpo aquí, sonreí levemente, puede ser que él realmente no sabía o está mintiendo.

—Oh, eso es muy triste —terminé por decir al ver que seguía inspeccionando mi rostro.

La luz del sol le daba en todo el rostro y sus ojos parecían brillar como dos cristales preciosos, mantuvo el contacto visual por unos cuantos segundos antes de mirar nuevamente hacia el círculo de flores.

—¿Cómo te llamas? —Dije inclinándome sobre él.

—Frédéric —respondió de inmediato.

Una sonrisa cubrió mis labios al escuchar aquel nombre, un bonito nombre a mí parecer, me miró unos segundos, para volver a encender las velas.

—Y tu nombre, ¿cuál es? —Habló él mientras se ponía de pie.

—Aelyn —indiqué mirando el cielo y volví a hablar—, al parecer se me está haciendo tarde.

—Hasta luego —se despidió él con una pequeña sonrisa.

—Adiós —me despedí.

Me giré y seguí el camino por donde había venido, cuando llegué al tronco caído, volteé a mirar hacia atrás y Frédéric levantó la mano y se despidió. Yo por algún motivo también levanté mi mano y me despedí.

Salí del bosque y allí aún seguía el auto de Miguel, al llegar me subí en silencio y él me observó molesto.

—Llevabas 25 minutos —dijo él enojado y luego agregó con un poco más de preocupación—, ya iba a ir a buscarte.

—Seguro que ya ibas —dije riéndome de él.

Miguel aún tenía el cinturón de seguridad puesto.

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