Capítulo 17

ANNA

Asi que guarde el reloj en mi bolso y me fui con intensión a devolverlo, yo no tenía que aceptar nada de él, solo me contrató para no perder su empresa.

Cuando Jhon me deja en la entrada del restaurante busco con la mirada el hombre de cabello negro y cuando lo divisó camino hacia él y noto que no estaba solo. Había otro hombre. Otro hombre con el cabello también negro pero muy corto.

Al llegar hasta la mesa donde estaban los dos hombres y notan mi presencia se levantan sorprendidos.

– ¡Anna llegaste! – dice Sergio quien se acerca a mi y me toma por la cintura y me besa en la mejilla – me hicistes falta – susurra a mi oído y yo no supe cómo reaccionar.

– Por fin la conozco Anna – dice el otro hombre mientras estira su mano hacia mi y le estrecho – yo también tengo que darle un beso.

Me sorprendió que me jaló hacia el y me dió un beso en la otra mejilla. Ahora yo estoy sorprendida y sonrojada.

– Usted en parte es responsable de nuestra celebración – cuando noto en la mesa una botella de whisky y tiene menos de la mitad de su contenido.

Con razón ambos hombres estaban sin sus chaquetas y las corbatas flojas. Ahora que los detallo bien con una sonrisa de ebriedad en sus rostros.

– Es algo temprano para celebrar ¿no? – digo y me muevo algo incomoda con la cercania de Segio que tiene su brazo sobre el respaldar de mi silla e inclinado hacia mi, mientras sus dedos danzan sobre la mesa.

– Creo que celebramos tarde – dice el hombre y lo miro – lo siento Anna por mi impulso de besarla – le hecha una mirada a Sergio y vuelve a mi – soy Loren Whitson, amigo y el abogado de este hombre a su lado.

Miro a Sergio quien sonríe y se lleva a la boca el vaso de su bebida.

– No habla mucho pero está feliz – termina de hablar Loren.

– No hablo porque tú me dices que todo lo que diga pueden usarlo en mi contra – ambos hombres ríen, creo que ya están ebrios.

El camarero se acerca a la mesa.

– ¿La señora desea algo de tomar? – pregunta.

– ¿Quieres un vino? – me pregunta Sergio y estoy muy nerviosa porque está tan inclinado que siento muy cerca su aliento a alcohol y no me desagrada.

– No, no deseo tomar. Gracias – le digo al hombre sin mirar a Sergio que sé que me mira.

– Anna, me dice Sergio que aparte de ser una excelente profesional eres una muy buena madre – yo sonrió – y hermosa – termina diciendo el hombre y sus ojos me escanean, me siento intimidada.

– Creo que no te dije eso último – carraspea Sergio y le echa una mirada a su amigo, quien ríe.

– Sé porque no lo dijistes – le responde mientras bebe de su vaso y nota que se le acaba y agarra la botella y se sirve otro trago – eres posesivo, siempre lo has sido, y celoso.

La conversación cambia de mi hacia una historia de colegio con unas chicas. Al parecer ellos se conocen desde que fueron adolecentes y aunque estudiaron en distintas universidades y viven en otras ciudades, siguen en contacto. El almuerzo se alargó tanto que ya iba por la segunda botella de whisky y noto que ambos hombres reían mucho. Estaba nerviosa porque se hacía de noche y debía ir por mis hijas.

Tomo la mano de Sergio y el nota que lo hice para mirar la hora.

Ahora fue el quien tomo mi mano y busco el reloj.

– No...no viste mi regalo – me dice y yo trato de disimular porque estaba su amigo pero este se dió cuenta.

– Si Anna, ese hombre paso una hora decidiendo que reloj comprarte – sentó aún más vergüenza al saber que hasta su amigo sabía lo del reloj.

– Si…este…está lindo, lo guarde – digo apenada.

– Quiero vertelo puesto – me pidió Sergio mientras no dejaba de acariciar mi muñeca.

– Luego – le sonrio pero el insiste.

– ¿Lo trajistes? Yo quiero…quiero ponértelo – insiste y no quiero tener una discusión con él y menos en su estado.

Saco la caja pero él torpemente me ayuda y cuando lo saca de su caja sonríe.

– Es perfecto – me lo pone y luego levanta mi mano – ¿no te parece Lois? Se le ve muy bien.

El otro hombre lo mira.

– Si, es muy bonito – el hombre golpea su hombro – vez te dije que ese estaba bien y dudastes.

Sergio sonríe.

Su mano no deja de acariciar la mía. Me pone nerviosa y quisiera alejarme pero mientras mas trato él se acerca. Me gusta estar cerca de Sergio, ahora que si olor está unida con la del alcohol no me desagrada para nada, hasta quisiera yo también tomarme un trago con el, pero la incomodidad de sentir que nos miran, que quizás alguien lo conozca y comenté algo que no debe me pone muy mal.

Cuando ambos hombres se levantan porque se nota que ya no pueden beber más. Veo como se despiden.

– Amigo, espero que la próxima vez que nos veamos no estés en problemas – se inclina hacia mí – si los problemas te los causa está bella mujer, te ayudo gratis – dice y rie. – cuídate Anna, fue un placer.

Veo como el hombre se va y me levanto.

– Espera Anna – dice Sergio y hace que me vuelva a sentar.

– Ya es tarde, mis hijas…

– Ya nos vamos – se acerca y me susurra como si no quiere que lo escuchen

– Pero Sergio – me quejo.

– Esperemos la comida – dice y mira hacía un lado.

– ¿Comida?

– Pedí comida para tus hijas – dice y sonríe – llegarás tarde y así no cocinas.

Sonrie y el toma mi mano, vuelve a mirar el reloj.

– Ahora si podrás mirar tu muñeca y sentir que no falta nada más – dice nostálgico.

– No tenías que hacerlo – le digo y miro como me mira – no tenías que darme nada, no puedo aceptar tu regalo, no está bien – trato de quitarme el reloj y el me dijera fuerte las manos.

– Anna, no me lo rechaces – me pide – no sabes lo mal que me haces sentir cuando hago algo por ti porque quiero, porque deseo verte feliz y tú solo me rechazas.

Me quedo en silencio y miro sus manos.

– No está bien Sergio – insisto sin verlo a los ojos.

El toma un mechón de mi cabello y lo acaricia. Yo aguanto la respiración y me niego a verlo a los ojos, se lo que hace su mirada en mi.

– Todo está bien cuando se trata de ti…Anna – mi corazón se desemboca. Tengo la necesidad de alejarme y el se pega más de mi y pega su frente de mi la mía.

Bota aire de sus pulmones y en ese momento llega la comida.

Nos separamos y me levanto, el hace lo mismo saca unos billetes y los deja en la mesa y toma su chaqueta que estaba sobre el respaldar de la silla donde estaba sentado.

Cuando salimos ahí estaba su auto. Y camine hacia el, lo espere porque el como nunca caminaba despacio como si no quisiera llegar al auto. Y cuando llega abre la puerta del copiloto y mete su chaqueta tirandola en la parte de atrás y la comida la pone sobre el tablero y me impide el paso, sonríe poniendo una mano en la puerta mientras me mira.

– Sergio – le digo pero el con si otra mano me atrae hasta el, me sorprende y pongo mis manos sobre su pecho

– Me gusta tu olor Anna – pega su nariz de mi cuello – me hace pensar cosas locas – susurra a mi oído.

– No… no hagas esto – le pido.

Sin embargo, el aprieta su cuerpo al mío y siento como su nariz roza con la piel de mi cuello, mi mejilla y yo uso mis manos para empujarlo mientras el se aprieta mas a mi. Por un momento creo que pierdo las fuerzas porque también me gusta su perfume, pero de repente me suelta. Deja que entre al auto y cierra la puerta.

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Comments

Francisca Jimenez valdes

Francisca Jimenez valdes

Madre de Dios esté hombre no se mide en sus emociones que tiene hacia ella😨

2025-02-16

0

quelir68

quelir68

mi corazón se desboca

2024-09-18

0

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