ANNA
El primer día que estuve ahí no solo rompí mis zapatos, casi olvidé a mis hijas en la escuela.
Trabajar con la presencia de Sergio, es un poco incomodo, ya que, la oficina era grande pero todos los escritorios se podían ver muy bien unos con otros, eso me incomodaba mucho más ya que si me móvil podía sentir la mirada del hombre, y si él se movía yo sin querer lo miraba. Era inevitable.
Cuando me di cuanta que casi era la una de la tarde, recordé a mis hijas.
– ¡Mierda, mierda! – y me levanto de un salto y el hombre me mira.
– ¿Pasa algo, Anna? – pregunta preocupado.
– Si, son mis hijas – digo tomando mis cosas – es tarde, las dejé en el colegio, ¡me van, a matar!
– Puedo mandarlas a buscar por usted, para que siga trabajando – dice él y lo miro.
– No, no tranquilo, tengo que ir yo . – le digo y abrí la puerta.
– ¡Anna! – El hombre me llama y corro por las escaleras que casi me caigo. No quería ser grosera pero era muy tarde ya.
Mi celular suena y se que es de la escuela.
Sé lo que me dirán.
– ¿Señora Torres? – la voz de la directora mientras me subo a mi auto.
– Si voy en camino, se me hizo tarde – le explicó como si ellos entendieran.
– Sabe que hay una hora de salida – si lo sé muy bien, pero desde que decidí estar sola con mis hijas mi tiempo es una locura, por el tipo de trabajo que hago.
Cobro por horas de trabajo, y cuando estoy metida entre tantos papeles olvidó el tiempo.
– Voy en camino – le digo pero no, no iba en camino, porque ahora mi auto no enciende.
Sabía que en algún momento pasaría, pero no me esperé que fuera en ese momento que más lo necesitaba.
Con la cabeza en el volante y punto de llorar, siento que alguien me toca la ventanilla y levantó la cabeza.
Era Sergio Piettri.
– ¿Anna? – lo escucho y ahora sí siento que muero.
Bajo la ventanilla y le sonrió apenada.
– Venga, yo la llevo – me dice.
– No por favor, no es…
– ¡Venga! – dice mientras abre la puerta y me tomó de la mano, me saca del auto y luego entra él, saca mis cosas – es tarde y sus hijas la esperan.
El va hasta el Mercedes Benz gris a mi lado y abre la puerta y me hace subir.
Dentro de ese lujoso auto que huele tan bien, me siento extraña, miro mis estúpido zapatos que precisamente hoy se rompen.
El entra, yo lo miro avergonzada.
– Que vergüenza…– le digo y me interrumpe.
– Para nada, no se sienta mal – miro la manera en qué sostiene el volante, en su muñeca un reloj dorado que se nota que es costoso.
Yo me tocó dónde ahí falta el mío y que quizás no era tan costoso, pero me ayudó a pagar las medicinas de Melanie, mi hija menor.
Luego de guiarlo hasta el colegio y note que todo estaba tan solo y vacío, pensé en Auris, mi hija mayor, seguro estaria molesta, y odio lidiar con ese mal humor que siempre tienen desde que me separé de su padre. Si ella supiera que ahora estamos mejor, es complicado, pero resulta mejor.
– Si quiere déjeme, debe tener muchas cosas que hacer, yo busco…
– La espero, – me interrumpe – no se preocupe, vaya por sus hijas.
El hombre es paciente, y también autoritario. La manera en qué habla y me trata, es con respeto, pero a la vez me da órdenes.
Camino apresurada a la entrada y sin querer miro hacía el auto, no puedo ver hacia el interior pero siento esa mirada tan oscura de Sergio Piettri, es incómodo, ¿no sé da cuenta? ¿Que la manera que mira no es normal?
Me apresuro y voy directo a la dirección, Melanie está apoyada en la pared, mientras Auris con los brazos cruzados mira la puerta, fue la primera en verme y su ceño fruncido me dice que está muy molesta.
– ¡Por fin! – dice y resopla.
Mis hijas son como yo, ambas de cabello castaño y ojos oscuros con piel blanca.
– ¡No comience que el auto se accidentó! – le digo y Melanie corre hacia mí.
– ¡Mami! – mi niña solo tiene 5 años y Auris cumplirá 10. Si, son dos edades complicadas y difíciles. Porque cuando creí que me quedaría solo con Auris, porque ya teníamos su padre y yo muchos problemas, salí embarazada.
No, jamás creí que eso solucionaría los problemas, sabía que ya no tendríamos futuro, no soportaba sus humillaciones y sus maltratos. Ver a mis hijas en eso no era lo que deseaba. Por eso decidí trabajar por mi cuenta, ya que trabajaba con él, y me sentía muy explotada. La mayoría de los clientes los conseguía yo, eran clientes del banco donde laboré y me tenían confianza. Sin embargo, a él muy poco gente lo conocía.
– ¡Vámonos! – les digo y Auris no se mueve.
– Tienes que hablar con la directora – me dice sin cambiar su actitud de molestia – tienes que firmar algo sobre no volver a dejarnos en el colegio.
Suspiro y voy hacia la puerta que me indica que es la oficina de la directora y toco.
– ¡Adelante! – escucho decir y abrí la puerta.
La mujer pelirroja levanta la vista y me ve por encima de sus gafas.
– Señora Torres – dice y me muestra una silla.
– Los siento, mi auto se accidentó y se me hizo difícil llegar a tiempo – no es la primera vez, ya he estado ahí muchas veces y si, mi auto es casi siempre la excusa.
– No solo quería hablarle sobre haber llegado tarde a buscar a sus hijas, que muy bien sabe que no se le permitirá el ingreso otra vez si vuelve a pasar. – siempre en amenaza – quiero hablar sobre Auris.
Me temía que un día pasaría esto. Auris se ha portado cada vez peor, su padre la llena de tantas cosas, siempre malas, no hay manera de que ella entienda que nada de lo que le dice está bien.
– Auris es muy buena y aplicada, pero su comportamiento últimamente es… – insoportable – no podemos tolerar ese tipo de comportamientos, así que la hemos sugerido con la psicopedagoga de la institución y usted debe estar también.
En verdad, no creí que esto llegaría tan lejos.
Tomé a mis hijas sin decirles nada y sintiéndome que fallé como madre, tan mal me ha ido que no puedo controlar a mi hija para que pueda entender que su padre no es bueno para ella.
Cuando salgo, había olvidado que Sergio me esperaba y tardé mucho más de lo que creía.
– Niñas nos iremos con este señor, pórtense bien – le digo antes de abrir la puerta de atrás del auto, y ambas niñas lo miran con curiosidad y él les sonríe.
– ¿Quien es él? – dice Auris mientras entra y no deja de mirarlo con desconfianza.
– Hola, soy Melanie – dice mi pequeña hija y sonrió.
Entro y me pongo en el lado del copiloto.
– Lo siento, Sergio – le digo y hago una mueca de vergüenza. El creerá que soy una abusadora.
– No te preocupes – lo veo como mira por el retrovisor – tus hijas son muy parecidas a tí.
Lo miro sonreír y veo como Auris lo mira con rabia, pongo los ojos en blanco.
– ¿Quién es? – pregunta Melanie.
– Ahora tu mamá trabaja para mí – le dice él.
– Mi mamá tiene trabajo – habla Auris – le trabaja a mucha gente.
– Así es – sigue él – mucha gente la busca porque trabaja muy bien.
Sergio les habla y no deja de sonreírles.
– ¡Mi papá también trabaja bien! – Auris siempre nombra a su padre.
– ¿Si? – lo veo ponerse serio.
– Bueno, ya niñas – volteo a verlas – se portan bien con Clara.
Le doy la dirección a Sergio y dejo a las niñas.
Ambas se bajan y casi les obligó que se despidan de Sergio.
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Updated 42 Episodes
Comments
Hilda Cabrera
Auris necesita una buenas nalgadas, tan chiquita y tan atrevida. avispate Anna o te va a querer mandar...
2024-12-23
0
Elvira Fretes
Auris rebelde sin causa 🤦
2023-04-05
10