Capítulo 7

ANNA

Al otro día llegué temprano dónde los Piettri, tomé un taxi que dejó a mis hijas en el colegio y luego a mi. Cuando llegué ya estaba Sergio en la oficina, al abrir la puerta él me miró y se levantó.

– Buenos días Anna ¿cómo ha estado? – yo le sonrio y voy directo a mi escritorio.

– Muy bien – le respondo sin verlo, me siento en la silla frente a él. – Necesito hablar con usted.

– Dime, pero recuerde en quitarme el usted, me hace sentir incómodo – dice

¿incómodo el? ¿El hombre que te mira y quiere leer tu mente con esos ojos penetrantes? Que gracioso.

– No dejara el trabajo ¿cierto? – se pasa la mano por la cara, se ve aún más agotado que la última vez.

– No, en realidad no es sobre eso – lo siento como suspira aliviado.

– Cualquier otra cosa que necesite, yo lo podría solucionar. No dude en decírmelo – me mira y es a profundidad de su mirada me hace mirar hacia otro lado.

– Es sobre mi hija…bueno mis hijas – es incómodo hablar sobre ellas con un completo desconocido – ayer visitamos una psicólogo y me pidió que les diera más de mi tiempo, que compartiera con ellas que…

– La entiendo, ya pasé por eso – lo miro – son pequeños y no saben cómo expresarse, hay días que debo quedarme en casa con ellos y salir, llevarlos a un sitio para distraerlos para que sepan que yo los amo y que soy su padre, quevestate a su lado.

Me quedo en silencio escuchándolo.

– Ellos no conocen nuestras responsabilidades y decirles es muy complicado para que entiendan. – el sorprendente que un hombre como el pase cosa como las mías,

Sentía que ambos compartimos algo que nos hacía ser iguales. La empatía que me mostraba Segio me hace sentir tranquila.

– Dígame ¿qué ha pensado hacer? – me habla y apoya su codo en el pasamanos de su silla y apoya su mentón.

– Aún no sé – ahi me siento estúpida luego de escuchar que él también trabaja y pasa por lo mismo, ahora está ahí.

– ¿Le puedo sugerir algo? – me dice y asiento – ponga a sus hijas en alguna actividad extra, ella no sentirá su ausencia y cuando ellas terminen usted estará ahí esperandolas. Eso las pondrá felices. Luego se olvida del trabajo mientras está con ellas. Es complicado pero hágalo.

– Sobre eso, necesito mi auto – le digo y cambia su expresión.

– También quería hablarle sobre su auto, pedí unos repuestos y aún no llegan – dice y lo miró sorprendida.

– ¿Pidió que? – ¿porque se toma esos atrevimientos? ¡Es mi auto!

– Roberto, me dijo que necesitaba repuesto y los pedí, aún no llegan.

– ¿Quien es Roberto y dónde está mi auto? – me levanto de golpe y pongo mis manos sobre su escritorio.

– ¡Anna cálmate! 

– Es mi auto ¿quien le ha autorizado a que…

– Le dije – me interrumpe – que el resto de las cosas me encargaría yo.

– Pero es mi auto…

– Siéntese – ahí se levanta el y apoya sus manos en el escritorio y queda a mi altura – ¡por favor! 

– Es mi auto – gruño

– Lo sé y déjeme que yo la ayude con él – su mirada ya me incómoda y me siento, cruzo mis brazos sobre mi pecho y no lo miro.

– Es mi problema no el suyo – mascullo.

– Permítame que sea también mío y yo busque solucionarlo – lo miró con rabia – Anna, no quiero recordarle lo importante que es su trabajo para mí, para mí empresa y todo el que trabaja en ella, solo quiero quitarle problemas a su cabeza y que se logre concentrarse en quitarme este dolor de cabeza que no me deja vivir.

Otra vez ese tono de súplica, me hace sentir nerviosa, y ¿si no encuentro lo que el desea? Y ¿si pierde su empresa? 

– ¿Ha pensado en la posibilidad que mi trabajo no lo ayude? – le pregunto

– No – me lo dice sin pestañear – yo sé lo que aquí se hizo, solo que no sé cómo encontrarlo, y usted lo hará por mí. Estoy seguro.

Nos miramos y por un segundo esa mirada se llenaba de ilusión de paz, y sonrió.

Nos interrumpió un golpe en la puerta.

– ¡Pasa Jhon! – grito sin quitar sus ojos de mi

– Buenos días Jefe, señora Anna – aún me mira y me incómodo, me levanto y le sonrió a Jhon. – su reunión está casi lista – le dice a Sergio quien se levanta y toma unas carpetas – quiere que…

– Tráele café a Anna y a mí me lo llevas al salón. – habla Sergio – necesito que todo lo que te haga falta se lo pidas solo a Jhon – se dirige a mi.

Yo asiento y miró al muchacho.

– El no solo es un simple chófer, dónde lo ves lleva muchas de mis cosas y conoce todo lo que sucede – veo como el muchacho sonreí orgulloso – aunque a veces debería de no hablar mucho. 

– Jefe no fue mi intención es…

– Trae lo que te pedí para Anna – dice y él da las carpetas pegándolas del pecho – y ya hablaremos sobre eso. 

Sale de la oficina y el muchacho me mira apenado.

– No le gusto que le contará sobre su supuesta hermana – me dice.

– Yo no le dije nada – le explicó 

– Yo si – curvó su boca – no puedo ocultarle nada – veo como se rasca la cabeza – ¿Su café como?

– Sin azúcar – le digo y se va.

Yo trabajé el resto de la mañana sin la presencia de Sergio.

Y tú en la tarde igual. Pasé dos días con su ausencia y me sentí más tranquila. 

El fin de semana aunque traje trabajo para la casa decidí pasear con las niñas, fuimos a un parque, a la playa, y luego llegar a la casa me sentía agotada. Pero igual trabaje. 

Cuando llegó el lunes,  mi puerta sino antes de salir y agua está John y su sonrisa; Había pagado taxi los últimos días y eso me tenía preocupada, ahora vuelve otra vez la insistencia de Sergio en qué él se ocuparía del transporte hasta que esté listo mi auto. No quise discutir y acepté de mala gana.

Empecé a trabajar sin Sergio en la oficina, llegó a mitad de mañana. Note que sus ojos estaban rojos y su cara aún tenía más cansancio que el resto de los días atrás. 

– Buenos días Anna – me dice al ir hasta su escritorio – ¿tu fin de semana estuvo bien? 

– Si – respondí y lo miro sentarse, veo cómo se estruja los ojos, aún estaba cansado – y ¿el tuyo?

– Igual – responde y su cara está muy seria.

No insistí en la conversación y él tampoco, así que me puse a trabajar. Me levanto y voy a hacia el.

– ¿Podría tener acceso a estas cuentas? – le entregó un papel con varios números – si no hay problema – él los mira y luego a mi.

Toma la hoja y me roza los dedos, me incómodo.

– ¿Otra cosa que necesites? – no le digo nada porque siento de repente un mal sabor en mi boca y mi cabeza con una presión. 

Pongo mi mano en su hombro y lo último que escucho es mi nombre cuando todo se me pone oscuro.

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Comments

Elvira Fretes

Elvira Fretes

pobre mucho stress 😔

2023-04-05

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