ANNA
– Son para usted – veo la sonrisa en la cara de Jhon.
– ¿Para mí? – me levantó sorprendida por aquel exagerado ramo de rosas rojas frente a mi.
– Si, preguntaron por la señora Anna Torres – él las pone a un lado de mi escritorio y me levanto.
Veo un sobre blanco y lo tomó, al abrirlo leo.
"Perdóname Anna no volverá a pasar. Sebastián."
– Mierda – escucho a Jhon porque como yo, leyó el mensaje.
En ese momento se abre la puerta y es Sergio.
– Y ¿eso? – pregunta y me mira curioso.
Traté de esconder la tarjeta pero se me cayó y él la tomó. Leyó, arrugó la tarjeta y la puso sobre mi escritorio sin decir nada más sobre eso.
– ¿Jhon puedes tenerme lo que te pedí? – va y se sienta en su lugar, espera que Jhon se vaya y se dirige a mi – ¿puedes acompañarme hoy a un almuerzo?
No sabía qué decirle.
– Es un simple almuerzo, si no quieres ir te entiendo – continuo.
– Si claro – no sé porque acepte, ni idea pero me sentía algo mal. Miré las flores y suspiré.
– Puedo mandarlas a sacar si te molestan – me dice y me mira. Tampoco sabía que decir, pero el ramo tapaba una gran parte de mi escritorio y era incómodo.
– No, tranquilo yo .. – entre John con unos papeles y se los da.
– Jhon, quita esas flores de ahí, que Anna no puede trabajar – da la orden que el muchacho acata.
– ¿Aquí señora Anna? – me pregunta el mucho que coloca las flores en el suelo bajo un estante.
– ¿No, será mejor sacarlas? – No entiendo la molestia de Sergio con las flores.
– Si déjala ahí – le digo y el me mira y veo cómo resopla.
– Como quieras – dice y sigue en su laptop.
A la hora del almuerzo salí con Sergio, y al entrar al auto sono una llamada. El responde con lata voz.
– Si, hijo dime – el hablar escucho voces de niños al otro lado.
– ¿Recuerdas lo de mañana? – el niño habla y me hace sonreír.
– Si, ya le dije a Jhon que te llevará lo que falta de la maqueta – le dice el de esa manera suave con la que habla con mis hijas.
– ¿Y vas a venir temprano? – habla el niño como tono triste.
– Te dije que si, solo quiero terminar algo importante en la oficina – dice eso y me mira.
– ¿Puedes hablar con Julia? No deja de llorar porque no quiere ir al ballet – lo escucho suspirar.
– Ponla al teléfono – se escucha un llanto de niña.
– ¡No quiere! – dice el niño
– Ponla en alta voz – insiste el hombre.
– Listo – ahora los escucho a los dos, una llorar y otro hablar. – escucha a papá.
– Nena – le dice y solo hay llanto,veo como vuleve a suspirar – nena, no ganas nada llorando cuando sabes que irás.
– ¡No quiero! – dice entre llantos.
– Quedamos en ir al ballet y luego veremos esa casa de Barbie que quieres – los llantos bajan un poco.
– ¿Y el auto? – pregunta y el sonríe.
– Hablamos de la casa nena, el auto…
– Pero tienen para guardar el auto – veo como el pone los ojos en blanco.
Sonríe.
– Luego hablamos del auto – dice el sin negarse
– ¿Y Freddy puede ir al ballet conmigo? – los miro porque eno se de qué hablan.
– Freddy no puede ir al ballet porque ahí no aceptan perritos – dice el gracioso.
– Es un peluche, papá. No es un perrito de verdad – Sergio ríe.
– Ok, pero que no salga del bolso – le dice y luego escucha la voz de una adulto.
Por momento creí que era su madre.
– Ya llegó Jhon con las cosas – dice el niño emocionado – me voy adelante hasta que vuelvas.
– Está bien hijo – dice el y antes de cortar el niño le cerró la llamada.
Lo veo sonreír.
– ¿Son tus hijos? – le pregunto.
– Si, Luis tienen 7 y Julia la nena tiene casi 4, no deja que le diga que tiene 3 – ríe – pero cuendo llora parece de 2.
Yo sonrió al ver cómo el tiene en su rostro una amplia sonrisa al hablar sobre sus hijos.
Luego de eso veo que entramos al estacionamiento de un restaurante muy lujoso que me hace sentir extraña. Jamas había entrado a un sitio así.
– ¿Aquí es el almuerzo? – pregunto sorprendida.
– Si, ¿te gusta? – dice mientras parquea y apaga el motor – es uno de mis favoritos.
– No, en verdad jamás…no he venido nunca – digo apenada.
– Me alegra que sea yo quien te traiga – sonríe y sale yo me quedo ensimismada mirando solo la entrada.
El me abre la puerta.
– Vamos – me da su manos y me ayuda a bajar del auto.
Yo aún estoy sorprendida y miro mi ropa, no sé si me veo bien para este tipo de sitio tan elegantes. Un pantalón de lino negro y una blusa de rayón azul bebé.
En tono de nerviosismo, me tocó la muñeca recordando que no hay reloj. Odio cuando hago eso son darme cuenta.
– ¿Olvidares de nuevo tu reloj? – me dice Sergio quien me toma por la espalda baja y me guía a la entrada.
– En realidad no lo olvide, lo vendí hace unos meses – digo sin notar su asombro.
– Ya veo – dice y una señorita nos da la bienvenida.
– Buena tardes señor Piettri, su mesa está lista – dice y nos guía.
El me toma de la cintura y yo siento que todos nos miran.
El saluda a alguna personas y yo aprovecho para apresurame y soltarme de su agarre, que me tenía muy nerviosa.
Llegamos a nuestra mesa y me siento. El al llegar se sienta a mi lado, y sigo incómoda porque se acercan a saludarlo, e imagino que se preguntan quién soy yo.
El ignora su preguntas y sin dudarlo pide la carta.
– Se qué te gustaron los langostinos que te llevaron, así que aquí hay una salsa Alfredo con mariscos que te hará chupar los dedos – lo miro sonríe y estar ms relajado que en la oficina.
– ¿Vienes mucho aquí? – le pregunto y no me mira solo lee la carta.
– Solo por trabajo, jamás había venido porque quería venir – me sonríe – ¿ya sabes lo que pediras? Hay un dorado en salsa blanca muy rico, eso pediré yo.
Me dice y no deja de sonreír. Sergio está raro me parece que cada vez que habla sonríe como si se siente bien.
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Comments
Francisca Jimenez valdes
La gente pensara que ella es su esposa no creen? 🤔
2025-02-15
0
Elvira Fretes
Anna aún no ha descifrado a Sergio. Espero pronto encuentre al culpable de la perdida en su negocio. El idiota de su ex quizás aparezca en este almuerzo
2023-11-28
4
Verónica Bustos
que pasará cuando aparezca el ex y la esposa de Sergio?
2023-07-10
8