Capítulo 1

Anna Torres

Miro mi brazo y olvidó que había vendido mi reloj de pulsera, fue lo último que tuve que hacer para salir de algunas deudas.

Ahora me fijo en el lugar con detenimiento y no podía creer que hace dos días me habían llamado desde una de las más importantes empresas de importación de la ciudad.

Respiro hondo y estacionó frente al lugar, un hombre con un uniforme azul oscuro se me acerca.

– ¡Buenos días! – lo miro, es un señor mayor.

– Soy… Anna… Torres – digo, me mira y luego habla por el transmisor.

– La señorita Torres – espera que alguien le responda.

No puedo escuchar ya que lleva un audífono, es de última tecnología lo que utilizan, no es de menos, la empresa es de los Piettri, ¿quién no conoce a su empresa? si es las primeras empresas de importación de repuestos europeos.

El hombre en mira.

– Señorita Licenciada – me dice de repente – tienen que entrar por la otra entrada.

Miro sus manos y no le entiendo.

– Entre por la próxima calle hacia la derecha y se encontrará – me explica – una entrada como está – me muestra el gran portón color azul y con el logo de la empresa Piettri – ahí estará uno de mis compañeros y le indicará.

– Ok – respondo.

Y voy siguiendo sus indicaciones.

Arranco mi auto y lo dirijo hacia la otra calle y consigo una entrada igual a la anterior pero está es donde entran los vehículos; me hacen pasar a un estacionamiento privado.

Al estar dentro, parqueo mi auto entre un Jeep negro y un Mercedes Benz color plata. Mi Twingo amarillo de un año más antiguo que ambos vehículos, y dejan verlo como algo insignificante.

Me bajo y arreglo mi falda, decidí ir en una falda negra con una blusa roja. Y mis zapatos de tacón negros, se ven algo viejos, la punta desgastada y cuando empecé a caminar por ese estacionamento oscuro, note que el tacon se habia roto y sonaba con cada paso que daba, cuando llegue donde el señor que me había atendido antes, no estaba solo, una figura alta lo acompañaba.

Cuando llego el hombre me miró.

– Sergio Piettri – dice con una voz profunda e imponente. Me estira su mano y la recibo.

Casi me pongo a temblar al notar de quién se trataba. Sergio Piettri, era uno de los socios principales de la importadora. En realidad el hermano mayor de los Piettri, quien luego de morir su padre, heredó la empresa, junto con su hermano Sebastián.

– ¡Necesito la oficina lista! – grita el hombre sin soltar mi mano.

Veo como algunas personas ahí corren.

– Gracias por venir – se dirige a mi, miro mi mano mientras trato de calmar mis nervios.

Sergio es todo lo que hablan sobre él, hombre algo terrorífico, creo que no me devolverá mi mano cuando el mismo se da cuenta que no me ha soltado y lo hace.

– Sígame Anna – dice y hago lo que me dice – no le molesta que la llame Anna ¿cierto? – voy tras de él mientras mi estúpido tacón hace un ruido que molesta.

Trato de ignorarlo pero Sergio voltea a verme.

El sólo me mira y yo sonrío.

– Si está bien, así me llamo – bromeó y el hombre ni una sonrisa me da – llamame Anna, está bien.

– Anna, le mostraré nuestras oficinas – dice y veo que la parte de arriba de ese lugar, que es un gran depósito, hay un pasillo donde están las oficinas.

– La administración está abajo – me muestra un pasillo donde hay ventanales dónde podemos ver parte del depósito y la oficina administrativas.

– Aquí arriba tenemos… – abre una puerta – una sala de reuniones – me muestra y debo pasar frente a él, y noto que tiene un perfume muy varonil a madera.

Miro una sala con una gran mesa con varías sillas alrededor, dos tv y una pizarra blanca con alguna anotaciones.

Cierra la puerta.

– Un baño – me muestra otra puerta donde está muy bien identificada.

Asiento.

Abre la última puerta.

– Está es nuestra oficina – abre la puerta y me hace pasar. — al final está la cocina, luego la verás. — dice ya adentro.

Es una oficina con tres escritorios. Uno en el centro y dos a cada lado tipo u.

– Siéntese Anna – me dice.

En las sillas que están frente el escritorio del centro, imagino que es su escritorio, ya que su silla es más grande.

– Está será su Oficina desde ahora – me señala uno de los escritorios a su lado derecho. Yo lo miro confundida.

– Disculpe, aún no hemos hablado sobre el trabajo – le digo.

– Me han hablado muy bien de usted – dice al mírame y apoya sus codos en el pasamanos en su silla presidencial. – necesito que empiece a trabajar desde ahora – me muevo nerviosa.

Su mirada y su presencia intimidan.

– Disculpe, pero no acostumbro a trabajar sin antes acordar el pago de los honorarios– le hablo y sus ojos negros me miran con detenimiento.

– ¿Cuánto son sus honorarios? Puedo pagar un adelanto ahora mismo, y cambiar sus zapatos rotos – al decir eso me sentí muy apenada, no solo porque notará mis zapatos, si no porque cree que con su dinero puede tener lo que desee.

– Me disculpa – me levanto de la silla algo agitada y con la cara roja de vergüenza – pero no tolero trabajar con gente como usted.

Me siento muy ofendida, jamás pensé que alguien como él me tratara de esa manera tan… déspota.

Camino hasta la puerta y me detengo cuando escucho tan cerca.

– Lo siento, Anna – dice él mientras su mano sobre la mía en el pomo de la puerta.

Veo como cierra los ojos y suspira.

– Si le digo la verdad, estoy desesperado – su voz ahora es algo rara, si parece algo desesperado, si. – me contaron de su trabajo y necesito de usted – me sorprendo mucho por su cercanía – son las mejores referencias que he escuchado y necesito que me ayude, ¡por favor! – dice eso y noto ahora que está más cerca, sus ojeras y sus ojos rojos.

Imagino que en verdad necesita de mi ayuda, debe estar en problemas.

– No me gusta el maltrato – digo sería y alejándome de él. Me pone muy nerviosa.

– Lo siento, no quise…– lo miro.

– Necesito que hablemos bien sobre el trabajo para poder decir lo que necesito y los honorarios.

– Su computadora tiene acceso a todo lo que desee – me vuelve a mostrar el escritorio a su lado derecho – y lo que no esté ahí ¡se lo daré yo!

Lo miro y me vuelvo a sentar.

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Comments

Hilda Cabrera

Hilda Cabrera

a mí también me parece interesante, sigamos leyendo.

2024-12-23

0

Gladys Torin

Gladys Torin

Empieza buena, ojalá no quede por la mitad

2025-01-05

0

Suly Plasencia

Suly Plasencia

ya me atrapó

2024-02-14

3

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