Kate [Capitulo 17] +21

Cuando abrí los ojos lo primero que pude sentir fueron los brazos de alguien rodeando mi cintura y la cabeza de esa persona detrás de mi cuello, aspirando mi aroma como si fuera un éxtasis. Yo de inmediato me levanté sentándome en la cama y intenté quitar sus brazos fuertes de mí pero él insistió en colocarlas de nuevo y gruñir en el proceso.

—¡Oye! ¡Sueltame!—le exclamé y él abrió los ojos y me miró desde arriba con las cejas arrugadas, parecía molesto.

—No vayas a huir de mí.—me dijo y yo tragué fuerte porque era eso exactamente lo que iba hacer.

—¿Cómo podría?—le pregunté en defensa.—;sabes donde vivo.—respondí un poco apenada.

Mierda, ¿Qué hice?

Me dejé llevar por el momento y no me pude contener, ¿Qué se supone que haga después? Tenía que explicarle o no me dejaría, no después de esto.

—Mira...lo que pasó anoche...—comence a explicarme pero él me interrumpió abrazándome de nuevo, colocando su cabeza apoyada en mi torso; negándose a ser rechazado por mí de cualquier forma, ignorando mis palabras.—; Lo que pasó anoche, nunca pasó...¿Podemos olvidarlo? ¿Sí?—le dije de nuevo, haciendo énfasis en la última palabra para que lo entendiera, pero él seguía sin escucharme, ocultando su rostro en mí.

—No voy a olvidarlo, Kate.—confesó.

Yo me sonroje y negué con mi cabeza desaprobando lo que dice y está haciendo ahora. No podía echarle la culpa a él después de todo, yo fuí la que me lancé sobre él para besarlo primero y luego de eso no me contuve sabiendo que tal vez yo le podía gustar mucho de todas formas. Y ahora lo sabía, pero ¿Qué podía hacer yo ahora? Todo es mi culpa y tenía que afrontarlo, le pueda gustar la respuesta o no.

—Yo me equivoqué—le dije susurrando y él apretó su agarré como si fuera a salir corriendo de la habitación y le diría adiós.—;esto no tenía que suceder...—comenté poniendo mi mano en palma sobre mi rostro, reclamándome por ello y él me miró de nuevo.

—Dime, Kate ¿Te arrepientes por lo que pasó anoche?—me preguntó, aclarando su duda más clara de lo que yo intente explicar. Pero cuando bajé la mirada y pensé en su respuesta me arrepentí en asentir, era muy cruel. Pero debía decírselo. Prácticamente le estaba diciendo que sólo me acosté con él porque me atraía físicamente y carnalmente, no había sentimientos de por medio pero tal vez para él fue distinto porque en realidad yo si le gustaba.

La verdad era cruda, pero era así.

Y es extraño porque casi siempre es al revés, ¿Normalmente no es el chico el que se aprovecha de la chica para acostarse con ella y luego irse olvidándola para acostarse con otras? ¿No? Tal vez me equivoqué en esta situación, por un momento pensé que él haría eso. Pero no fue así, ¿Por qué ahora era yo, la chica, que lo pedía?

Eso sonó muy estereotipo de mi parte, diría yo. Pero era la verdad y casi siempre pasaba.

Suspiré.

—Adelante, puedes insultarme todo lo que quieras, no diré nada.—le dije, culpándome por ello de nuevo mientras cerraba los ojos. Sin embargo él no dijo nada y sólo pude sentir cómo seguía con sus brazos rodeando mi cintura, un poco confundida abrí los ojos.—¿Por qué me mirás así?—le pregunté cuando me observaba.

Él hizo un gesto con la cabeza negando.

—Es que incluso te ves aún más hermosa cuando te levantas de la cama.—y me sonrió cuando vió que yo me quedé sin palabras.—; Tranquila, no te voy detener.—me dijo después, soltando sus brazos de mi cintura y colocándolas debajo de su cabeza como almohada mientras me miraba.

Y entonces me susurró.

—Pero no pretendas que lo olvidaré.

Si antes estaba sin palabras, ahora lo estaba peor. ¿Qué quería decir con eso? Entonces me sonroje cuando lo capté y me levanté por fin de la cama para prepararme para ir a la escuela cuanto antes, pues estaba por llegar tarde y no quería ser el centro de atención en la escuela por eso.

Me detuve frente a la puerta del baño y me dí cuenta que no traía ropa, fue entonces que me tapé de inmediato con lo primero que ví y me dí la vuelta echando un vistazo en su dirección, esperando que él no me haya visto. Pero era imposible no darse cuenta cuando aún tenía aquella sonrisa pícara en su rostro.

—No me gusta ponerle etiquetas a las cosas pero aún podemos tener este tipo de encuentros, si quieres.—comentó y yo lo fulmine con mi mirada.—; ya sabés, "Amigos con beneficios"—continuó, y eso fue lo último que esperaba que dijera para tirarle un libro de mi escritorio. Él lo atrapó cuando lo hice y comenzo abrir el libro que le tiré, echándole un vistazo al contenido con curiosidad.

Él arqueó una ceja después de un momento.

—No eres muy inteligente.

—¡Cállate!—le exclamé y me dirigí hacía la cama para quitarle el libro de sus manos. En cuanto quise intentarlo él apartó su mano con el libro y me sonrió, divertido con la situación.

—¿Cuál es mi nombre?—me preguntó, levantando las cejas.

—¿Cómo iba a saberlo?—le dije de inmediato.—; Ahora dame el estúpido libro, lo necesito.

—Adelante, puedes adivinarlo.—insistió.

Me reí, ¿En serio estaba diciéndome eso?

—¡No lo sé!

—Bien, sólo por eso te acompañaré a la escuela.

Él se levantó de la cama y en cuanto quito las sábanas de su cuerpo yo dí un pequeño grito de sorpresa cuando ví por un momento que tampoco traía nada consigo debajo de las sábanas y mi mejillas se sonrojaron de nuevo cuando ví, eso, era grande y no cabía duda de que era la razón del dolor en mi parte baja de mi espalda, eso, era el culpable.

—¡Dios santo! ¡Vístete!—le dije ocultando mi rostro con mis manos y me dí la vuelta de inmediato.

—¿Por qué?—preguntó, pero yo no pude verlo así que hice un ademán con mi mano para hacerle entender de que hiciera lo que le pedía.—; mi propuesta sigue en pie.—comenta mientras escuchaba como se ponía los pantalones y el sonido del cinturón al colocarlo.

Aún seguía con la manos en mi rostro luego escuché pasos cuando se acercó, y me tomó de la cintura aún sin haberme dado tiempo de ponerme ropa. Me sonroje y mi pulso se aceleró cuando sentí que pasó suavemente sus manos cálidas por mi abdomen, bajando con cuidado a mi ombligo, y luego un poco más abajo que eso sentí un cosquilleo. Yo detuve su mano con la mía poniéndola sobre la suya y respiré profundo.

—Esto...—susurró en mi oído cuando inclinó su cabeza cerca de mi oreja mientras respiraba el aroma de mi cabello—; te gusta.

Mi corazón dió un brinco.

Sí, totalmente. Pero no iba a decirlo en voz alta ni aunque me pagarán.

Maldición, ¿Por qué tenía que ser tan sexy?

Entonces cuando estaba por decirle que se alejara, él continuó con el recorrido con la otra mano, colocándola en mi pecho izquierdo. Dando un pequeño movimiento con su palma cuando no pude evitar inclinar mi cabeza hacia atrás, en su torso, negándome a gemir mientras apretaba mis labios con una mueca.

No iba a darle la satisfacción de escucharme ahora, pero tampoco quería detenerlo ahora que estaba jugando conmigo. ¿Desde cuándo me había vuelto tan pervertida? Tenía que parar a mis hormonas de una maldita vez.

Tragué fuerte y aunque quería apartarlo de nuevo me detuve cuando por fin bajó su mano a mi entrepierna, mordí mí labio inferior cuando introdujo sus dedos con delicadeza y mi boca dejó escapar un gemido cuando lo hizo. Entonces tapé mi boca de inmediato con mi mano por ello y él continuó con sus maravillosos dedos haciendo movimiento, yo me retorcí en sus brazos cuando estaba acelerando el proceso y mi respiración se comenzaba agitar por ello, estaba jadeando y él continuó mientras mantenía los ojos cerrados, sintiendo mis movimientos a su toque.

—Dejáme escucharte.—pidío él ronroneando sobre mi oreja aún con sus manos en mi parte íntima.

—No.—Apenas pude hablar, pero le respondí con un suspiro bastante bajo, esperando que me escuchara.

Entonces él me dió la vuelta y yo me mordí la boca cuando él se agachó, quitando sus dedos y vió como me había mojado. Yo me sonroje de inmediato, pero él no había acabado de jugar conmigo. O al menos eso parecía cuando acercó su rostro a mi parte íntima y comenzó a lamer, lo que él me había provocado hacer. Se sintió tan bien que mis piernas me comenzaban a fallar y no podía mantener de pie. Pero me resistí, mordiendo mi lengua para no gemir de nuevo con una mueca, pero parecía ser imposible hasta este punto. Él había ganado cuando me escuchó gemir una y otra vez sin parar. Me había rendido de nuevo. Pero él parecía tener magia en su tacto al tocarme porque me era imposible decirle que no cuando se trataba de esto.

Cuando terminó pasó su lengua por sus labios y me miró con una sonrisa traviesa que jamás olvidaré.

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