No sabía cuanto habíamos caminado, pero tenía la sensación de que tampoco faltaba mucho para llegar porfin a mi casa, a mi hogar.
Mientras caminábamos no hice ni siquiera el intento de iniciar una conversación porque tampoco lo vi necesario, sólo seguí mi camino mientras él me siguió en el transcurso con sus manos en sus bolsillos. Por suerte él tampoco intentó iniciarla, o de lo contrario yo haría mi mejor esfuerzo de responder lo mejor cortante posible.
Miré sobre mi hombro para estar segura que todavía me seguía, y si, aún lo hacía. Cuando lo hice él levantó su mirada y me regaló una sonrisa, una extraña sonrisa que comenzaba a odiar. Qué fastidio.
Él tampoco me traía buena vibra, sabía donde estaba desde el principio y hasta llegó a pensar en matarme mucho antes de conocerme, ¿Cómo podría confiar en él? Definitivamente estaba intentando escapar de él lo antes posible sin que se viera tan obvio, al menos es lo que yo pienso, sólo espero que él no lo esté sospechando. Pero es difícil saber lo que él piensa o lo que realmente trama. No me creó lo de su gato para nada.
Por suerte tenía la sensación de que este pequeño momento incómodo terminaría pronto cuando vi que nos acercabamos a la ciudad, lo distingui por los grandes edificios con enormes pantallas y un montón de luces iluminaban todo. Sólo podía escuchar nuestros pasos pisando las hojas en el suelo mientras caminabamos y el ruido de la noche. Nada más. Hasta que lo escuché a él hablar.
—Deberíamos tomar un descanso, ¿No creés?
—No.—le respondí de inmediato. ¿Para qué le diera más tiempo de pensar en cómo asesinarme? Por supuesto que no, tenía que aprovechar este momento ahora que nos encontrabamos cerca de la civilización. Donde sí podía pedir ayuda y donde podía llamar a mis padres cuanto antes, tenía que avisarles de que aún seguía con vida y que no se preocuparán más de lo que seguramente están.—; No falta mucho.—continué, para no sonar demasiado temerosa.
Podía sentir su mirada en mi espalda y aunque no dijo nada podía decir que esa respuesta no la esperaba. Quise darme la vuelta para asegurarme de su expresión pero tenía miedo de lo que también esto provocaría. Así que seguí caminando, pero algo me detuvo de la mano. Era él.
—Tomemos un descanso.
Mierda. ¿Ahora que hago? ¿Intento huir de nuevo? No, no podría: él me tenía sujetada de la mano y ambos sabíamos que no llegaría tan lejos, la primera vez que lo hice no había funcionado. ¿Por qué esta vez sería diferente? Aún estaba cansada y mis piernas no me lo permitirían. ¿Debería rendirme? No, eso tampoco era una opción.
—No creo que...—intenté decir pero me ví interrumpida cuando lo ví sacar un billete de su bolsillo de la otra mano y me lo mostró mientras me sonreía.
—Hotel.
—¿Qué? No, por supuesto que no.—le dije y le quite el billete de la mano tan rápido que él no lo esperó y me miró un poco sorprendido.
Él extendió su mano y me miró en desaprobación.—¿Me devuelves mi dinero?
Lo miré a él y luego al billete en mi mano.
Entonces le quite de su vista el billete y me eché hacia atrás, ocultándo el billete detrás de mi espalda.—No.
—Joder, kate.—dijo poniendo su mano en su rostro, quejándose de nuevo de mí.—;No hagas esto más difícil.
Yo lo miré mal y aún así seguí con mi aptitud. No me importaba lo que él pensará de mí, y aunque esto fuera algo molesto necesitaba seguir mi camino. ¿Cómo podría convencerlo de que me dejará ir sin que me siguiera?
Un momento.
—Te lo devolveré, pero yo me iré...
—No.—¡Ni siquiera había terminado y me respondió de esa manera! ¡Desgraciado!
Él me miró un segundo cómo si me estuviese analizando y luego se echó a reír, no entendía porqué, así que arrugue las cejas en su dirección.
—¿Acaso sigues dudando de mí?—se señaló así mismo. ¿En serio está haciendo esa pregunta? Por supuesto que sí, ¿acaso él no es consciente de lo yo siento?
—¿Lo dudas?—le pregunté con obviedad, alzando las cejas.
Él se pasó la mano por su cabello desordenado y soltó un suspiro de cansancio.—No te entiendo, kate.—quitó su mano de la mía y levantó su mirada.—; Pero te prometí que no te haría daño...
Arqueé una ceja, ¿Este chico es estúpido?
—¡Eso no es suficiente!—le exclamé y él se tapó los oídos cuando lo hice, con una mueca en su rostro.
—Eres muy ruidosa también.—susurró, apartando la mirada.
Entonces le eché un vistazo a la ciudad y le tiré el billete, él lo tomó enseguida con sus manos y seguí caminando.
—Si en verdad quieres protegerme...—le dije cuando me detuve un segundo y volteé mi cabeza a mi derecha sobre mis hombros.—; entonces no me seguirás más.—termine de decir, prosiguiendo con mi caminata.
No me detuve a voltear para asegurarme de nada, pero después de eso no escuché más pasos aparte de los míos en el camino.
[...]
Aún no podía creer que me había dejado de seguir, pero lo hizo y cuando estuve delante de la parada me ví en la obligación de tomar un respiro en una cafetería. Miré a mi derecha y me encontré con una pareja teniendo una cita en una mesa con un montón de comida sobre esta, y mi estómago (inoportuno) sonó de inmediato con hambre cuando lo ví, fue entonces que me envolví con los brazos y aparté la mirada apenada cuando la pareja volteó a mirar.
—Lo siento...—fue lo que dije al irme de ahí y pasarme para otra mesa. No sabía porque aquí pero me quedaba cerca y tal vez era una chica con actitudes masoquistas porque seguía aquí. El olor de la cafetería era increíble sin embargo, al menos de eso disfrutaba.
—¿Disculpe, va pedir algo?—Dijo el mesero cuando se me acercó y yo tragué fuerte de la vergüenza al ver que este se veía de muy mal humor y con bastante apuró al ordenar a la gente.
—No.—me incliné.—; ¿pero puedo...?
—Si no tiene nada que ordenar entonces puede irse—dijo un poco más alto y yo tuve que echarme atrás, encongiéndome en el asiento mientras la gente comenzaba a echar miradas curiosas hacía mí por el escándalo.
Tenía que irme cuanto antes.
Pero cuando me levanté alguien puso un billete sobre la mesa, podía ser cualquiera, pero no. ¿Por que? ¿Por qué él?
—Perdón por la espera, ¿has pensado en que pedir—fue lo que dijo y levanté la mirada al verlo. Aún tenía esa caprichosa sonrisa que odiaba pero que esta vez no era tan molesta, por alguna razón.
El mesero de inmediato se echó hacía atrás y sacó de inmediato su libreta con la cual tomaba los pedidos ahora nervioso mientras nos miraba.
—De verdad lo siento, ¿viene con él?—me dijo al acercarse un poco hacía mí y yo le fulmine la mirada.
—Oh, ¿No lo sabía? Es mi esposa.—le dijo al mesero, yo le dí una mirada de odio y él me guiñó el ojo en respuesta.—bueno, ¿que pedimos?
—Yo me voy.—dije al levantarme de la mesa y él me tomó de la mano cuando intenté huir del lugar.
—¿Entonces no tienes hambre?—me preguntó echando una mirada a la comida en la vitrina que estaba a la vista y que desgraciadamente se veía muy apetitoso.
Debo controlarme.
—No.
Él se inclinó y susurró.
—Mentirosa.—al atraparme mirar de nuevo la vitrina y apartar la mirada con vergüenza.
—¡Qué no!—y le quite mi mano de la suya con un movimiento rápido mientras comenzaba a irme del lugar. ¿Qué le pasa? Definitivamente no puedo estar segura de lo que pienso cuando creo que en verdad lo pierdo de vista. Es tan molesto y es muy acosador de su parte al hacer este tipo de cosas. ¿Y todavía se pregunta del porqué no confío en él?
—Entonces...¿va pedir algo, señor?
—Qué sea para llevar.—escuché que dijo él cuando salí de la cafetería y me apresuré a caminar rápido para intentar perderlo antes de que él me siguiera de nuevo.
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