—No entiendo porque mi madre te obliga a dormir en el sofá.—se quejó Alice mientras veía como acomodaba el sofá con las sabanas. Luego cuando me acosté y coloqué la almohada debajo de mi cabeza la miré desde arriba.—; No lo entiendo.
—Esta bien.—le dije.—estoy muy agradecido con el hecho de que deje quedarme, al menos por este día, luego me iré.
Ella rodó los ojos con fastidio.
—Allá esta mí habitación...—señaló su cuarto, todavía insistiendo.— Vamos.
Le sonreí y me acomodé en el sofá aún más, ignorando la última palabra.—Estaría abusando de tu amabilidad.
Levantó las cejas de inmediato.—¡Y a mí me gustaría que lo hicieras!—se apresuró a decir, levantando las manos.
Le sonreí y arrugue las cejas—Sería un idiota.—le dije.
Ella levantó un dedo, cerrando los ojos.—Un idiota que al menos lucha por lo que quiere.—corrigió.
Arqueé una ceja.
—Por una cama.—le dije.
Abrió los ojos al instante al escucharme.
—Por una cómoda cama.—corrigió de nuevo. Me reí y quite la almohada para ponerla sobre mi rostro, queriendo terminar la discusión por el momento.
—Bueñas noches, Alice.
La escuche gruñir y dando pasos pesados mientras caminaba de vuelta a su habitación no muy contenta.—Buenas noches, Declan.—fue lo último que escuché cuando salió de la sala.
[...]
Me sobresalté al sentir el agua fría caer sobre mi rostro y un temblor me recorrió de inmediato cuando me levanté del sofá justo después, apoyando mis manos a la orilla del sofá mientras intentaba recobrar la compostura al toser, ya que el agua había entrado en mí nariz. Un segundo después levanté la mirada con las cejas arrugadas, molesto. Pero lo primero que ví fue a la mamá de Alice con una jarra de flores sin agua en su mano y a su lado un policía.
—Este es oficial.—me señaló con su otra mano, mirándome con desprecio.—;El chico que ví en las noticias por la mañana ayer.
Aparté la mirada.
Así que era eso.
Ahora tenía sentido su comportamiento cuando la ví por primera vez y se congeló sin decir nada mientras no sabía que hacer. A decir verdad me sentía enojado, pero a la misma vez sabía que lo hacía para proteger a su familia, y estaba seguro que ni siquiera pudo dormir bien al saber que yo estaba durmiendo aquí, debajo de su propio techo. Me pregunto porque pensé que todo sería color de rosas y todo iba estar bien. Me sentí iluso en este momento.
"Qué pensamientos más patéticos"—ni siquiera hice un gesto cuando escuché de repente a Azriel decir eso mientras miraba a un lado con culpa y me sostuve del brazo con la otra mano.
"De verdad siento lastima por tí, y nunca eh tenido esa sensación ni siquiera en mis años más movidos"
Arrugue las cejas e hice una mueca al recordarme lo peor.
"Si tan sólo me hubieras dejado el control ella no sería un problema..."
—Cállate.—murmuré de inmediato. No quería escucharlo más. Entonces suspiré un poco cansado y un momento después levanté la cabeza para mirarla a los ojos.
—¿Puede decirle a su hija que espero volver a verla pronto?—le pregunté mientras ponía mi mano detrás de mi cuello, sonriendo un poco apenado por atreverme a pedirle un favor después de esto.
Ella sin poder creer mi reacción se echó hacía atrás, luego me señaló de manera acusatoria y me fulminó con la mirada, enojada.—¡Mi hija no volverá a verte! ¡¡Aléjate de ella!!
Me encogí por su grito repentino y bajé la cabeza mientras apartaba la mirada de la suya para no mirar su enojo. Un segundo después hice una mueca de dolor al recordar sus duras palabras.
—No.—me negué, esperando que ella no hubiese podido escuchar mi respuesta cuando lo murmure.—;Ella es todo lo que tengo ahora.
Ella abrió la boca con sorpresa y el policía me tomó de la camiseta de inmediato con enojó, yo le devolví la misma mirada desafiante.
—¡Desgraciado! ¡Aléjate de ella! ¡Ni se te ocurra acercarte a la señorita!—exclamó él aún con las manos en mi camisa.
Yo lo fulmine con mis ojos hasta que aparté la mirada cuando escuché la voz de Alice y la ví entrar a la sala pasando sus manos por su rostro somnolienta y con el cabello revuelto.
Yo no pude evitar subir las comisuras de mis labios al ver cómo se veía. Aún no podía creer que éramos amigos.
Cuando me miró con claridad arrugó las cejas. Entonces me señaló.—¿Por qué...oh dios...te vas a resfriar...—ella salió corriendo a dónde me encontraba yo y tomó una manta en el camino.—; No lo toqué.—le advirtió al policía y él abrió la boca con sorpresa, soltando su agarré con incomodidad mientras le echaba un vistazo a su madre.
—¡Alice!—dijo entredientes su madre mientras miraba con indignación a su hija cómo me había puesto la manta sobre mi cabeza.
—No dejaré que se vaya, mamá.—le aclaró, mirándola con seriedad.—; Si él se va, yo me iré y no regresaré.—le advirtió. Y la madre abrió más los ojos sin poder decir nada mientras vió que Alice tomó mi mano y me llevó consigo a su habitación.
[...]
—Lo siento, sólo te causo problemas.—le dije una vez me trajo a la habitación de su mano. Ella volteó a mirarme y pude ver que tenía una mirada triste; pero me dió la impresión de que no era por ella, sino por mí.
Me dió un intento de sonrisa y me dijo;
—Somos amigos, ¿No?
Levanté la mirada.—¿Eso hacen los amigos?—le pregunté con curiosidad.
Ella arrugó las cejas, confundida.
—¿Nunca has tenido amigos?
Me quede en silencio por un rato y aparté la mirada un poco avergonzado.
—No uno que de verdad lo haya sido.
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