Kate [Capitulo 15]

—¡Te encontré!

Yo di un brinco del susto y me puse la palma en mi pecho, tratando de calmar mi ímpetu mientras lo fulminaba con la mirada.

—¡¿Qué demonios te pasa?!—le dije luego de intentar empujarlo con mis manos en su pectorales, pero él era demasiado fornido y nunca podría hacer eso. Parecía una piedra grande, no lo moví ni un centímetro.

—Ten, olvidaste algo.—me extendió una bolsa pequeña con un aroma apetitoso, parecía ser hamburguesas. De inmediato me arrepentí de haber suspirado el aroma porque dude un segundo en tomarlo. Pero me sujeté la mano para impedirlo y aparté la mirada.

—¿No será porque en realidad lo hice aproposito?

—Eres muy terca.—se quejó y ladeó la cabeza mientras me echaba una mirada curiosa.—; Sólo tómalo, tienes hambre no mientas.

Me crucé de brazos.

—No, ahora vete.—me dí la vuelta y me quedé mirando la casa frente a mí; mi hogar, después de estos días parecía tener un ambiente diferente y no sabía porque. De cualquier forma no me detuve, así que me incliné, y suspiré antes de tocar la puerta.

Fue entonces que le dí una mirada a él y levanté las cejas cuando lo ví algo pensativo mientras echaba una mirada a la casa, no sabía porque tenía de nuevo esa sensación de que algo malo estaba apunto de pasar.

—Kat.—susurró.—¿Recuerdas que te dije que te protegería?

—¿Sí?—mi pulso comenzaba acelerarse.—; ¿Qué pasá?—me adelanté a preguntar un poco ansiosa de lo que él quería decir con eso.

—Creo que no podré cumplirlo.

Entonces cuando estaba apunto de hablar alguien abrió la puerta de la casa, dejando ver a mi madre con una mano en la manija. Ella abrió los ojos con sorpresa y yo me adelanté a darle un gran abrazo, la escuché llorar un segundo después y aunque no quería hacerlo yo también lo hice. No sabía de dónde había salido luego mi padre y Jake detrás de mi madre, ambos corriendo pero lo hicieron y se unieron al abrazo. Este podía ser el momento más emotivo que alguna vez pude haber tenido, pero cuando le eché una mirada a la dirección donde estaba el chico de los ojos violetas no lo encontré.

[...]

—Cielos, viviste un infierno.—dijo Jake luego de unas horas platicando y después de haberme reunido con mis padres durante horas atrás.

—Lo sé.—metí otro trozo de comida a mí boca y lo miré un poco cansada, porque porfin me sentía segura, porfin podía respirar bien luego de estos días.—; pero ya estoy bien.—le dije haciendo un ademán con mi mano para no preocuparlo mientras me miraba con una mueca en el rostro.

—Debí hacerte caso.—me dijo luego de un momento, bajando la mirada con culpa. Yo enseguida me incliné y negué a su respuesta.

—No podías saberlo, Jake.—le dije, y él asintió haciendo un mohín de disgusto, en desacuerdo. Yo suspiré porque tal vez no podría hacerle cambiar de opinión con esa idea de culpabilidad impregnada en su cabeza. Podía imaginarlo llorando durante la noche y golpeándose la cabeza por haberme hecho ir a la discoteca esa noche a buscarlo.

Cuando termine de comer y él aún seguía a mi lado sentado, pensativo, lo miré y él levantó la mirada de inmediato.

—No te sigas torturando de esa forma.—le dije y tomé el plato de la mesa para llevarlo a la cocina. Dejándolo más pensativo y con los brazos sobre la mesa escondiendo su rostro en ellos mientras me iba.

Mis padres no me dejaban ni un momento sola después de haber entrado a la casa y seguían haciendo preguntas respecto a lo sucedido, cómo lo suponía; estaban realmente preocupados y desconcertados por todo. Ví incluso que habían hecho folletos con mi rostro en unas hojas con información de mi desaparición, lo cual tampoco me sorprendió. Pero aunque agradecía esto y trataban de ayudarme preguntando sobre el paradero de mi secuestrador ahora, sólo quería descansar en mi habitación y poder dormir bien. Ya que no lo había hecho en estos días y creo que podía desmayarme si no lo hacía ahora.

—Lo siento...—fue lo dije en cuanto cerré la puerta detrás de mí y me apoyé en esta con un suspiro de tristeza, porque sabía que esto les iba a molestar a mis padres a pesar de todo.—; mañana, por favor...—susurré.

—Vaya lío, ¿Quieres que te salvé de tus padres también?—escuche y no me sorprendió verlo sentando en mi ventana. Ya decía yo del porqué de su desaparición en la entrada, y era porque había escalado a mi habitación justo después.

—¿Me tendré que acostumbrar de tus repentinas apariciones? —le pregunté cuando me levanté del suelo y me acerqué hacia él con los brazos cruzados en forma de fastidio.

—Si quieres.—me respondió simplemente con un encogimiento de hombros antes de saltar dentro de la habitación a solo centímetros de mí. En cuanto lo ví demasiado cerca, dí unos pasos atrás, esperando que él no se diera cuenta mientras tosí de forma fingida y miraba hacia otro lugar. Cuando lo hice me dí cuenta de los póster que colgaban en las paredes y mis mejillas se sonrojaron de la vergüenza, corriendo a quitarlas tan rápido cómo pude. Pero él ya lo había visto y se echó a reír cuando me vió tirarlas a la basura del escritorio.

Mierda, esto era vergonzoso.

Nadie más que mi familia sabía de esto y ¿Por qué él tenía que verlo? ¿Por qué pensé que hacer eso era una buena idea después de todo?

—Mmm—exprece al tirarme a la cama de boca abajo, tapando mi rostro.—¿Puedes olvidar que eso pasó?—le dije después de levantar mi cabeza con pesadez.

Él me sonrió.

—¿No es extraño que la persona con la cual estabas obsesionaba te secuestre y te torture?

—¿Por qué pensé que podrías ignorar eso?—le dije de inmediato mientras entornaba los ojos con fastidio. Él realmente estaba burlándose de nuevo de mí, no era de esperar.

—Imposible ignorar eso.—comentó y se acercó tomando asiento en la cama donde yo me encontraba.

—Oye, ¿cuál es esa confianza?—me quejé intentando de empujarlo con mi mano pero él me tomó de mi muñeca cuando lo hice y me dió la vuelta, dejándome debajo de él con el corazón a mil.—; ¿Qué haces?—le dije en cuanto me miró desde arriba con curiosidad, observándome mientras seguía agarrándome de ambas manos sobre mi cabeza.

—Eres muy hermosa.

Yo abrí un poco los ojos y miré a mi derecha apartando la mirada de él, eran tan cautivadores que a veces podían hipnotizar a cualquiera. Así que cuando él acercó su rostro a mi oreja lentamente, yo cerré los ojos cuando mi pecho subía y bajaba cuando respiraba por los nervios.

¿Qué estaba apunto de pasar?

¿En serio quiero hacer esto?

Controlate, kate.

Entonces cuando él se acercó lo suficiente yo aproveché el momento para morderle en el cuello, esperando que él se apartará. Lo cual hizo de inmediato con un gruñido y con la voz demasiado grave.

—¿Qué demonios, kate?—dijo sujetando con su mano la herida que le hice en su cuello, yo me eché hacia atrás, mirándolo con recelo.

—Eso te pasa por sobrepasar los límites.—murmure.

—¿Qué límites?—preguntó y se levantó de la cama con molestia.

—¿Hija? ¿Estás bien?—llamó mamá detrás de la puerta, interrumpiendo el momento cuando iba a responderle—; escuche voces.

—Estoy bien.—le dije mientras lo miraba.

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