Kate [Capitulo 6]

Abrí los ojos pesadamente y lo primero que ví fue un siervo tratando de comerse mi cabello mientras me encontraba tirada en el suelo. Yo levanté mi espalda y me sente mientras miraba a mi alrededor con rapidez, pensando que tal vez él estaba cerca. Pero al no ver señales de nada y sólo neblina por el bosque era difícil estar segura. Sin embargo sentí alivio.

Miré al siervo y él se acercó curiosamente cuando yo levanté mi brazo para hacerle creer que tenía comida en la palma de mi mano, dudó por un segundo hasta que con cuidado acercó su nariz para oler mi mano, me reí por el cosquilleo en mi mano al momento en el que lo hizo. Un segundo después quise acariciarlo pero de repente él levantó su cabeza, moviendo sus orejas y miró más allá de la neblina a mis espaldas, yo voltee con curiosidad y lo ví.

Mi pulso se elevó tan rápido cómo mi miedo al verlo de nuevo.

—¿Kity?—dijo dudoso mientras se acercaba con cuidado, cómo si fuera un león apunto de cazar a su presa. Intuí enseguida que no podía verme bien por la neblina del bosque, pero yo si podía verlo desde fuera del bosque.

Estoy segura que sólo ve mi silueta.

—Sabía que estarías cerca, no podías ir tan lejos con una pierna herida.—dijo y mi respiración se detuvo.

—Mira...—hablo de nuevo—; Lamento lo que hice, no debí tratarte así fue una mala idea porqué...—se rió y hizo una pausa.—; No pensé que sobrevivirías...

Miré mi pierna y aún dolía, intenté levantarme una vez más y cuando lo hice eché a correr sin pensarlo. Él hizo lo mismo y ambos comenzamos una maratón al instante, uno corriendo detrás del otro.

Mi pierna seguía quejandose del dolor pero no podía parar, no ahora que estaba tan cerca de escapar de él. Fue entonces que ví de nuevo el pueblo que recordaba y me dirigí allí lo más que pude. No había nadie cerca pero ví una casa y era lo único que me quedaba ahora que me dí cuenta que él era más rápido que yo debido a su estatura, y con la diferencia de que ayer había perdido todas mis fuerzas.

Cuando llegue a la puerta de esa casa toqué varias veces con intencidad.—¡Auxilio! ¡Por favor alguien! ¡Habrán la puerta!...

Él me atrapó y colocó sus manos en mi boca, haciéndome callar. Pero eso no me detuvo a forcejar con él hasta que ví cómo una anciana abrió la puerta, y nos vió a ambos paralizados por un segundo.

—Declan.—dijo ella con sorpresa al verlo. —; ¿Qué pasa aquí?—nos miró a ambos con preocupación por el escándalo que estábamos haciendo minutos antes.

—Nada, no esta pasando nada.—fue lo que dijo él aún con las manos en mi boca y yo sacudí mi cabeza varias veces en dirección a la señora. Ella arrugó las cejas confundida.

Me señaló. —¿Puede decirlo ella?

—Ella está ebria, no le dirá nada que tenga sentido.—respondió él de inmediato.—; Es mi pareja, bebimos mucho ayer.—explicó de una manera tan seria que podría créermelo hasta yo misma.

—¡Dios mío! ¡Su pierna...!—exclamó la señora alterada corriendo a por algo dentro de su casa.—Pasen pasen...—dijo varias veces invitandonos a entrar. Pero antes de hacerlo él me susurró algo que me dejó perpleja y más pálida de lo que estaba.

Entonces quitó sus manos de mi boca, me soltó, y conmigo tomándome de la mano entró a la casa de la señora dejándome con un nudo en la garganta. Quería llorar, quería gritar con todas mis fuerzas y quería desaparecer para no tener que pasar por todo esto.

Él me haló de la mano para que siguiera caminando y lo hice con dificultad mientras avanzávamos.

La casa era hogareña, y mantenía ese diseño de los 80 tan característico que seguro mis padres recordarían en su niñez. Incluso llevaban esos muebles y lámparas viejas que decoraban el lugar. Un segundo después llegó la señora con un botiquín y se sentó en el mueble, haciéndome un gesto para que tomará asiento a su lado. Lo hice y ella comenzó atender mi herida con los recursos de su bolso.

Cuando pasó el alcohol alrededor de la herida hice una mueca. Y ella lo miró a él preocupada mientras él estaba acostado en el otro mueble con un brazo sobre su rostro, tapando sus ojos.

Entonces me miró.—¿Qué te pasó?

—Sólo se hizo daño ella misma por la bebida—dijo él respondiendo por mi.

Ella arrugó las cejas y yo le asentí, dándole la razón a él cuando lo ví que había girado su cabeza a mi dirección con curiosidad.

—Bueno, hay que quitarte ese cuchillo de la pierna cuanto antes.—miró la herida con el cuchillo incrustado y me miró de vuelta.—; pero te va a doler.

Es lo que me temía.

—Tranquila, haré todo lo posible para disminuir el dolor y que sea rápido.—pude tener una expresión de angustia porque pareció que me leyó la mente.

—Yo lo haré.—se adelantó a decir él mientras se levantaba del mueble y se dirigía a donde nos encontrabamos. Mierda, todo menos él. Trague fuerte y lo miré con miedo.

—¿Estás seguro, Declan?—dijo preocupada

Él hizo un pequeño movimiento con su cabeza para asentir sin importancia y se acuclilló frente a mí con mi pierna descubierta a su vista. La señora le tomó de la mano cuando él agarró el mango del cuchillo haciéndolo detener.

—Espera, tienes que hacerlo con cuidado y por favor tienes que fijarte en...

Él haló el cuchillo antes de que ella pudiera decir cualquier otra cosa con preocupación y yo grite sintiendo cómo me desgarraba la piel cuando había arrastrado el filo de la herida salvajemente. Ella hizo una mueca y me acaricio la espalda en consolación cuando él se alejó de vuelta al sofa con el cuchillo ensangrientado en sus manos.

—¡Te traeré agua, aguanta!—ella corrió con su bastón en la mano a la cocina, dejándome sola con él.

Yo lo fulmine con mis ojos cuando lo vi sentado al otro lado jugando con el cuchillo aún en sus manos. Entonces él me miró de vuelta cuando se dió cuenta de que lo observaba y me sonrió mientras levantaba el cuchillo para lamer la sangre de la hoja.

Mí sangre.

¿Qué demonios?

Me levanté del sofá de inmediato del susto y luego me caí al tratar de intentar hacerlo con mi pierna aún más lastimada. Con todo esto solo pude escucharlo reír. ¡Ese maldito! Respire profundo y apoye mi mano en el asiento para sentarme de nuevo.

Ya no sabía que más podía hacer él para sorprenderme. Parecía tan natural con todo lo que hacía que podía decir que para él no era nada raro a la vista de cualquier persona lógica que te encontrarás en la calle. Pero no era estúpido porque sólo lo hacía cuando no había mucha gente a nuestro alrededor.

Ahora podía decir que yo era un secreto más que esconder de él. Me preguntaba qué más secretos escondía o porqué hacía estas cosas. Me preguntaba si tenía un pasado, y si lo tenía: ¿de que se trataba?

—¿Por qué haces esto?—me atreví a preguntar, sin pensarlo.

Pasó sus ojos color miel por la habitación un poco distraído—; ¿Por que respiras?—me preguntó de vuelta.

—Por mi familia... y por mí.—le respondí, sincera.—; No quiero hacerles daño con mi perdida y no estoy dispuesta a rendirme, no aún.

Lo miré de vuelta.—¿Tú por qué respiras?

Me sonrió.

—Buena pregunta.

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AYMARA

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eso mismo quiero saber yo. Que demonios le pasa a Declan?

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