Capítulo once

Espere a que  los Stebanelli se fueran agarré mi cartera y metí un vestido de cuero negro, no podía salir con eso puesto porque mamá empezaría a preguntar para donde iba y lo menos que necesitaba era volver a discutir con ella.

Baje las escaleras con cuidado, saben me sentía como una adolescente escapando de su casa para verse con su novio a escondidas, nunca antes había sentido esa adrenalina que estaba viviendo en ese momento.

Llegué a la puerta principal y como era de esperarse estaban los guardaespaldas.

—Ling, Julia ;vamos por favor voy a salir.

Ambas intercambiaron miradas y asintieron.

Cody el guardaespaldas con más años de trabajo, un tipo robusto, cabeza rapada y un aire de mírame y no me toques se interpuso en medio.

—Lo siento señorita Fiorella pero tengo órdenes de su madre de no dejarla salir.

Eso era lo que me faltaba ahora mi madre me iba a poner toque de queda.

—Cody, por favor permiso—Trate de sonar lo más amable posible.

Negó con la cabeza.

—Señorita son órdenes, y no puedo desobedecer a su madre.

Suspiré y eché la cabeza hacia atrás, solo tenía una opción.

—Dejalo Cody; Julia, Ling, síganme.

Ambas obedecieron.

—Si  quieres le hago una llave y lo dejo hay tirado—Dijo Julia en un susurró.

—No, le diré a Marcos el si me ayudará.

Toque la puerta del cuarto de mi hermano.

—¿Quién?—Respondió del otro lado.

—¡Yo!, necesito tu ayuda—Entre y mi hermano estaba acostado con su teléfono en las manos.

Se sentó y dejó el teléfono aun lado.

—¿Qué sucede?—Se paso la mano por el cabello.

—Me podrías llevar a la peluquería de Isabella, hoy es la inauguración del spa y quiero estar presente.

Su mirada se torna algo extraña arruga la nariz y se pone de pie.

—Fiorella, mamá me dijo que estabas castigada.

Rodee los ojos—Desde cuando se castiga a una chica de diecinueve años ¡Por Dios!—Alce las manos al aire molesta.

Se encoge de hombros.

—Respóndeme una cosa Fiorella,¿quién es ese que se metió en tu habitación?

Sentí que caía de un avión sin paracaídas y ¡pam!, choque contra el piso.

Se cruza de brazos—No me digas que no te acordabas que la casa tiene circuito cerrado de cámaras.

Tragué grueso y la expresión de Marcos se endureció.

—¡Sabes lo que hubiese pasado si otra persona hubiera visto que ese tipo entro a tu habitación!, ¡sabes que hubiese pasado donde mamá o papá se hubieran dado de cuenta!, ¡dime!, eres una imprudente, sabes muy bien el trato que hay con los Stebanelli, te vas a casar ¡por Dios Fiorella!, ¿qué carajos piensas?

Que desastre se me había olvidado por completo el circuito de las cámaras, agache la cabeza.

—Yo no cuestionó tu vida íntima esa es tu vida no la mía, puedes estar con quién te de la gana, pero hermana—En una zancada está enfrente de mí y levanta mi mentón—.No vayas a cometer una estupidez ,Fiorella el futuro de los Perella depende de tí, sí los Stebanelli se enteran de que tú...

Lo interrumpí—No se van a enterar, además Marcos tú sabes que yo no quiero a Fabricio.

—Lo tengo muy claro Fiorella, pero tú también tienes que entender que es por el bien de la familia, si no te casas con él, los rusos acabarán con nosotros.

Suspiré frustrada—¿Me vas ayudar o no?

Cerro los ojos por unos segundos.

Asintió con la cabeza, di un salto y lo rodeé con mis brazos.

—¡Grácias!,eres el mejor hermano.

Me devuelve el abrazo—Pero...hay una condición, quiero conocer a ese chico.

—No significa nada, Marcos es solo mientras que llega la boda después cada quien por su camino.

Marcos negó con un movimiento de cabeza—Te conozco, tú no dejarías que cualquier hombre entre a tu habitación, y mucho menos estarías desobedeciendo a mamá; Fiorella eres mi hermanita y te conozco muy bien.

Hice una mueca con la boca.

—Esta bien tu ganas, te lo presentaré.

Se dió la vuelta y fue a vestirse yo salí de la habitación con una gran sonrisa.

Ling me observa con una ceja elevada

—Vamos chicas mi hermano nos va a llevar—Le guiñe el ojo.

•••

En la entrada de la peluquería había mucha gente alrededor paparazzi, y personas influyentes del medio, me escabulló como pude hasta llegar al baño y cambiarme, me lo coloque el vestido de cuero negro que se ajustaba perfectamente a mi cuerpo, unos tacones escarchados del mismo color, recogí mi cabello en una cola alta para dejar al descubierto mis hombros, un labial rojo, un poco de rímel y lista para la acción.

Marcos me quedo mirando de pie a cabeza.

—Sabes que a mamá le daría un infarto si te ve así vestida verdad.

Di una vuelta—¿Cómo me veo?

—Si fuera por mí te mandaría a que te cambiarás, pero como se que no me harás caso estás hermosa.

Caminamos entre la multitud y unos cuantos periodistas se dieron de cuenta de nuestra presencia empezaron a tomar fotos y hacer preguntas.

—¡Amigaaaa!—Isabella venía hacia nosotros pero mi mirada se posó detrás de ella, su hermano Alexánder venía con una sonrisa lasciva en sus labios.

Vestía una camisa blanca y encima una chaqueta de cuero negra, unos jeans ajustados un poco rasgados en las rodillas, zapatos deportivos, el cabello lo llevaba peinado hacia atrás pero sin perder su estilo, y algo que me llamó la atención fue el piercing que llevaba en su ceja.

El tiempo se detuvo cuando nuestras miradas chocaron, y como no detenerse con semejante escultura, echa por el mismísimo Zeus, su colonia invadió mis fosas nasales era varonil y seductora de esas fragancias que nunca se te olvidan.

Tragué grueso cuando se inclinó a la altura de mi oído y susurró—Otra vez fantaseando—Solto un seductor suspiró que hizo que el vello de mi nuca se erizara.

En ese momento nada me importaba solo quería saltar encima de él y devorar la boca.

«Controlate»

Me dije a mi misma.

—Estas hermosa—Rozo mi cuello con la punta de su nariz.

Allá abajo ya era una laguna, para que negarlo no podía mentirme a mi misma ese hombre sabía lo que tenía y sabía cómo utilizar cada una de sus seductores encantos.

Isabella lo jalo del brazo—¿Qué está sucediendo aquí?—Intercambia mirada entre ambos.

—Nada solo saludaba a Fiorella.

Ella se cruzó de brazos—Te dije que te quiero lejos de ella.

Alexander reprochó—Aquí el asunto es...Ella—Me miró—.Me quiere lejos.

Un carraspeó calmo el ambiente Marcos se colocó justo a mi lado.

—Alexander el es Marcos mi hermano mayor.

No hubo palabras solo un apretón de mano y una mirada algo fuerte entre los dos.

Esa noche quedó grabada en mi mente, era como si Marcos le hablaba mentalmente a Alexander y el lo entendiera a la perfección.

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