...•Ascensor•...
Isabella nos miraba en silenció, Pestañee varias veces para luego pasarse la mano por la cara, hecho la cabeza hacia atrás soltando un suspiró.
—¡Te dije que te mantuvieras alejada de ella!—Reprende a su hermano.
¿Qué ella le dijo qué...y ¿Por qué?
La expresión de Isabella cambio al mirar los moretones en mi rostro.
Corre hacia mí—¿¡Amiga qué te pasó!?
Mi cerebro aún no estaba disponible digamos que en ese momento se encontraba en modo avión.
Volvió a mirar a su hermano con el ceño fruncido.
—¿Qué le hiciste Jeremiah?—Su voz estaba cargada de ira.
Él solo se encogió de hombros —Yo no le hice nada, fui a comprar una pizza y cuando regresaba me la encontré moribunda y golpeada.
No lograba coordinar mi cerebro con mi lengua, ¿qué me pasaba?
Isabella se sentó de nuevo a mi lado acaricio mi cabello y volvió a insistir.
—Dime amiga que te paso, ¿quién te hizo eso?
Negué con la cabeza —Quiero irme a casa—Fueron las únicas palabras que pude decir.
Ella asintió —Vamos a vestirte.
—Su ropa aún está húmeda—Sale del cuarto y cierra de un portazo.
Al fin mi cuerpo se relajó y solté un suspiro.
—Fiorella, amiga ¿qué te paso?
—Los rusos se infiltraron en la discoteca y tuve que salir huyendo.
Ella suspiró y acaricio mi cabello—Es mejor que regreses tus padres deben de estar muy preocupados.
Asiento y me puse de pie agarré la sudadera que me había dado Jeremiah y me la puse, su colonia estaba impregnada en ella, tan solo oler su fragancia me ponía a fantasear, me recogí una cola de cabello alta y salí con Isabella.
La sudadera me quedaba un poco más abajo del comienzo de mi nalgas, Jeremiah era más alto que yo pero no por mucho.
Jeremiah estaba sentado en el sofá con su teléfono en la mano.
—Ya nos vamos—Dijo Isabella para llamar su atención.
Él ni siquiera levantó la vista solo asintió con un movimiento de cabeza, es que este si que es odioso y engreído.
El teléfono de Isabella empezó a sonar miró la pantalla y luego me miró a mi.
—Fiore amiga, se me había olvidado que tenía que buscar algunos materiales para la peluquería, Jeremiah llévala por favor.
Al fin el muy idiota se digno a levantar la mirada.
—Es que ahora yo soy su niñero o qué, yo no puedo voy a salir con Pamela.
Una bofetada justo en la cara ¿quién coño es Pamela?, ¿por qué carajo estoy sintiendo este nudo en la garganta?
Mi amiga frunció el ceño—Jeremiah no te estoy preguntando si puedes, te estoy diciendo que la lleves.
Ahora es el teléfono de Jeremiah que suena.
—En treinta minutos estoy contigo nena.
El pecho me empezo arder y la ira se estaba apoderando de mi, celos; no, eso no podía ser posible, nunca había sentido celos por nadie.
—Tranquila Isabella, no necesito que él me lleve, no quiero arruinar—Sentía que la voz se me iba a quebrar así que guarde silenció, respire hondo y continúe—.Préstame tu teléfono y yo llamo algún chófer.
—Esta bien amiga—Me entrega el teléfono cuando iba a marcar el número me lo arrancaron de la mano.
Alce la mirada y Jeremiah me observaba con malicia.
—Yo te voy a llevar, déjame me pongo los zapatos.
De nuevo el teléfono de Isabella suena
—Amiga nos vemos, ya llegaron los distribuidores.
Afirme y vi como salia por la puerta dejando a solas con la bestia.
Con estas ganas que me dejó soy capaz de lanzarme encima de él en este mismo instante.
Aparece con una franelilla negra, y unos zapatos del mismo color.
No lo mires
No lo mires
No lo mires
Me repetía una y otra vez esas tres sílabas pero fue en vano mi mirada chocó con sus ojos.
No teníamos que hablar, solo con mirarnos ya podíamos saber que él me deseaba tanto como yo a él.
Salimos del apartamento y subimos al ascensor.
Eran veinte pisos, había tensión, él se colocó a mi lado, el ascensor se detuvo y tres personas más subieron, eso nos obligo a pegarnos un poco más, mi cuerpo se estremeció cuando sentí que su mano recorría mi muslo desnudó.
Trague grueso y empecé a sentir calor, los otros tres señores estaban dándonos la espalda ocupados hablando de no sé que mierda.
Siguió subiendo su mano hasta que rozó mi centro con su dedo.
Me mordí el labio inferior para no soltar un g3m1do.
Alexander no quito la vista de enfrenté centrado en un punto determinado, con agilidad aparta mi braga y siento su dedo acariciarme.
La adrenalina recorre mi cuerpo cierro los ojos
Se gira hacia mí y se inclina a la altura de mi oído—Sabes deliciosa, me quiero comer tu c0ñ0—Muerde el lóbulo de mí oído.
Terminando de encender esa llama que estaba a punto de consumir todo mi cuerpo.
El ascensor se detiene y los tres hombres bajan sin percatarse que a sus espaldas Alexander estaba saboreando mis jugos.
Al cerrarse la puerta Alexander se coloca enfrenté de mí tapándome el paso poniendo sus brazos a ambos lados, nunca me había sentido intimidada por un hombre, nunca un hombre me había hecho temblar como lo está haciendo él.
Sin pedir permiso empieza a besar mi cuello
Sin nadie más soy libre para g3m1r a mi antojo.
Mi centro ya es una laguna, Me aferró a sus hombros para no caer.
Recorre mi barbilla repartiendo besos húmedos hasta llegar a mis labios, succiona mi labio inferior y lo muerde suavemente, jadeo la excitación es demasiado y todo dentro de mi empieza a viajar a la Tierra del placer.
En su rostro hay una sonrisa de confianza sabe lo que tiene ahora la pregunta era ¿sabe bien como usarlo?
—Te voy hacer mía aquí mismo—Se acercó y bajo mis bragas con rapidez, las agarro y guardo en su bolsillo—.Ellas se quedan conmigo.
Abro los ojos y veo que faltan solo cuatro pisos para llegar a planta baja y corremos el riesgo que alguien entre
Se acerca me sujeta por debajo de mis muslos me alza y con una sola estocada está dentro de mí.
Gimo al sentirlo dentro, apretó mis nalgas y pego mi cuerpo a la pared, empieza a embestir una y otra vez.
Siguió moviéndose rápido y duro, cada vello de mi piel se eriza al sentir su 3r3cción dentro de mí, ya mi cuerpo estaba a punto de llegar al clím@x.
—Ni se te ocurra córr3rt3 no te he dado permiso.
Su voz era entrecortada y cargada de autoridad, ¡Por Dios!,como me va a pedir eso sí se estaba moviendo de una manera fenomenal.
Aumento sus movimientos—Ahora si Principessa córrete para mí hermosa.
Sus palabras fueron el final de todo; mi cuerpo empezó a convulsionar de placer, un espasmo tras otro.
Alexander coloca su frente sobre la mía, tratando de recuperar el aire.
Sale lentamente de mí y deja caer mis pies al piso.
Me bajo la sudadera el ascensor está que arde, huele a s3x0
Él me mira y yo lo miro a él de una forma intrigante, ¿qué había sido eso que acababa de pasar?, ¿por qué sentía que mi cuerpo queria más de él?, yo querer repetir con un hombre eso empezó a salirse de control.
Ese día en el ascensor sabía que ya nada sería como antes.
Ambos sabíamos que estábamos jugando con fuego y jugar con fuego es peligroso.
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