Los días se sucedían lentos y tediosos desde entonces. Pues paso la mayor parte del día sola. Siendo ignorada por mi nueva familia. Con tan solo el ocasional cruce de miradas con mi hijastro.
El señor Otto ha estado ocupado. Son cuatro granjas las que debe gestionar por sí solo. Sale todos los días temprano por la mañana y muchas veces solo regresa por la noche.
Intento ocuparme con lo que tenemos en la granja, lo más cercano a mí: jardinería, bordado, me atrevo a ayudar en la cocina a veces... y he salido a montar a caballo con Ciri. Algo que siempre me ha gustado hacer, pero que en la ciudad es poco viable y mal visto para una dama. Ahí me siento libre. Ciri es una excelente compañera de monta. Agradezco a Dios todos los días por haberla traído conmigo.
Escribí a mi madre y recibí su respuesta.
¡Qué alegría! Todo marcha bien en Valedouro. La asociación con el señor Otto ha dado sus primeros frutos, y me prometió que, tan pronto como sea posible, vendrá a visitarme. Algo que espero con ansias.
Amo a mi madre y he echado mucho de menos su presencia.
Sostengo su carta en mi pecho y siento una lágrima deslizarse por el rabillo de mi ojo izquierdo. Mi pecho se calienta como si realmente la estuviera abrazando.
Un mes entero sin ella. ¡Cuánta nostalgia!
Perdida en aquel momento de éxtasis emocional, siento un tirón en mi mano, arrancándome la carta.
Abro los ojos sin entender realmente qué pasa y, para mi sorpresa, quien está allí, delante de mí, sosteniendo la carta de ella.
- ¿Qué es esto madrastra\, recibiendo cartas de antiguos novios en la ausencia de mi padre? Él sabrá de su desfachatez. Seguramente pronto tendremos visitas íntimas cuando él esté fuera también.
Me levanto del tronco donde estaba sentada y avanzo hacia Sebastian.
- ¡Dámela aquí!
Él huye, jugueteando conmigo, sosteniendo la carta bien alta para provocarme.
El caballo en el que estaba montada relincha fuerte y se alza sobre sus patas con la agitación. Me sobresalto pues se agita muy cerca de mí.
Doy algunos pasos hacia atrás y caigo de trasero al suelo.
Sebastian solo ríe, al comprobar que estoy bien. Y entonces comienza a leerla. Y veo cómo esa sonrisa burlona se va desvaneciendo.
Me levanto y recupero mi preciado papel.
Doblándolo con cariño.
- Lo siento\, no sabía que era de... tu madre.
- Deberías preguntar o asegurarte antes de acusarme de algo\, hijastro.
Me acerco al caballo para calmarlo. Acaricio su cuello y melena mientras Sebastian suspira analizando mis movimientos.
- Ustedes son muy cercanas\, ¿verdad?
- Sí\, ella es... todo lo que tengo en la vida.
Mi caballo sigue agitado y Sebastian se percata de mi dificultad y se acerca lentamente, haciendo sonidos con la boca para calmarlo.
- Ei... Ei... shh... tranquilo muchacho\, soy yo... Sebastian. Calma...
El toque de su mano en el caballo pareció mágico y se tranquilizó dejándose acariciar.
- Tienes mano con ellos.
- Soy bueno en muchas cosas.
- Y fastidiar\, es una de ellas\, supongo.
- También.
Nos miramos por unos segundos y yo desvío la mirada. Porque aquel sueño que he tenido con él durante algunos días me viene a la mente.
Estamos muy próximos y siento su imponente altura cubrirme en medio de aquel bosque.
- ¿Qué haces aquí sola? ¿Dónde está tu dama?
-Quería estar un poco sola para... –muestro la carta.
- ¡Entiendo! Pero deberías ser más cuidadosa. Andar sola por estos bosques\, aunque cerca de la casa\, puede ser peligroso. Mi padre no está en casa y yo no quiero tener que explicarle nada si algo malo te sucede.
- Sé cuidarme.
- ¿Sí? – Él desprecia revolviendo los ojos\, eso me indigna. He sido blanco de sus burlas últimamente\, y sé que pronto llegará mi momento de venganza y creo que podría ser ahora. Voy a mostrarle quién soy y que sí\, puedo ser peligrosa cuando quiero. Si hay algo que mi querido padre me enseñó\, fue a defenderme de hombres malintencionados.
- ¿Qué harías si apareciera un ladrón o un animal salvaje aquí?
Veo que Sebastian está distraído mirando al animal, y entonces le doy una patada fuerte a sus piernas y lo empujo al suelo, haciéndolo caer, y me lanzo sobre él, sacando un cuchillo que llevo en la bota a su cuello.
Sebastian abre grande los ojos y me mira sorprendido.
- ¡Ves? Si fueras un bandido ya estarías muerto ahora mismo.
- Muy bien. Pero nunca subestimes a tu oponente. Si fueras un bandido\, también podrías estar muerta ahora.
Estoy montada sobre Sebastian, y recién entonces recuerdo que llevo un vestido y que con la rapidez del gesto ni me di cuenta de que estoy sobre él. Veo que mira una de mis piernas que quedó completamente expuesta.
Sus manos rápidamente suben sosteniéndolas.
Nuestras miradas se encuentran. Porque el toque de sus manos me desestabiliza.
- ¿Qué diría mi padre si nos viera ahora?
Él me acaricia despacio. Qué descarado este hijo irrespetuoso aprovechándose así de la mujer de su padre.
Mis cabellos se sueltan del recogido y caen sobre él y noto que mi rostro está muy cerca del suyo. Mi respiración se acelera, y veo al muchacho mirar mis labios.
Las sensaciones de aquel sueño lujurioso vuelven a mi mente y suspiro intentando levantarme. Sebastian agarra mi cintura y me tira hacia él, acercando un poco más nuestros cuerpos y siento mi intimidad comprimida contra la de él. Y su miembro me roza sin pudor. No sé si este fue su plan, o si la cercanía del momento también lo afectó a él.
La mano grande de dedos finos sube a mi nuca y me atrae más y yo resisto. Manteniendo mi cuerpo erguido. Si él quisiera, podría dominarme fácilmente, pero creo que realmente quiere una reacción positiva mía.
- ¡Suéltame insolente! Tu padre sabrá de esto.
- Sería bueno que lo supiera.
Ve cómo humedece sus labios y pone un poco más de presión para jalar mi cabeza hacia él. Como estoy atrapada por la cintura y su fuerte abrazo me domina, solo tengo las palabras para defenderme.
- Si no me sueltas ahora mismo\, te cortaré la garganta.
- Lo dudo mucho.
Desafía claramente mi amenaza.
Desliza la mano hacia mis nalgas y me asusto con su osadía. Aprieta fuerte sacándome un gemido bajo. Nunca he sido tocada por un hombre así; de hecho, jamás he sido tocada por hombre alguno.
Ni siquiera mi primer beso he tenido. No de verdad.
Pues he dado algunos besos en la mejilla a mi marido, para demostrar un afecto que no existe entre nosotros.
- El viejo Otto está muy bien atendido.
Mi razón me advierte que estoy en peligro, pero las sensaciones que siento pulsar en mí con esas caricias sobre mi ropa me dejan sin juicio.
Ambas manos ahora me aprietan juntas. Sebastian de hecho es un seductor. Si estuviera realmente casada, iría a la horca por esto.
Casi me rindo a sus encantos, pero en un momento de lucidez, me suelto bruscamente y me pongo de pie. Sin embargo, aún a tiempo de ver el gran bulto que se ha formado en sus ajustados pantalones.
- Insolente y atrevido. Nunca más me toques. O te dejaré desfigurado.
Apunto el pequeño cuchillo a sus pantalones y él sonríe de lado. Es consciente de las reacciones de mi cuerpo, y al parecer del suyo también.
Sebastian se sienta y en ese momento escucho una voz femenina aproximarse.
La muchacha alta de grandes ojos grises casi pierde el poco color al verme con el cuchillo apuntado hacia él.
- Señora...
Ella palidece al verme.
- ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar ayudando a la señora María en la cocina?
Era una de las sirvientas de la casa.
- Fui yo quien la llamó\, necesitaba compañía para un baño en el lago...
La ayudante de la señora María baja la cabeza avergonzada.
- ¿No hace un poco de frío para un baño en el lago Prudence? ¿Y temprano para su descanso del día?
- Sí\, señora\, lo siento\, volveré ahora mismo a la cocina.
-No. Volverás conmigo.
Sebastian se levanta.
- De ninguna manera. Yo la traje\, yo la llevo.
Subo al caballo y le doy la mano a la joven Prudence, que todavía temblaba por el incidente.
- La seguridad y organización de los empleados son mi responsabilidad mientras su padre esté fuera.
Ella ni siquiera acierta a montar en la silla, y Sebastian con aires de indignación ayuda a la muchacha.
- Yo soy la señora de la casa\, señor Sebastian\, y una sirvienta doméstica no puede ser retirada de sus tareas para satisfacer deseos personales del patrón. Si esto vuelve a suceder\, tendré que prescindir de sus servicios y usted será culpable.
Digo ya recuperada de nuestro pequeño momento íntimo de locura.
- No\, señora\, por favor\, no me despida\, no tengo a dónde ir...
Ella suplica llorosa.
- Entonces\, la próxima vez que el señor aquí presente u otro de los caballeros de la casa\, le soliciten este tipo de distracción\, avíseme.
- Sí\, señora.
Sebastian pone las manos en la cintura mientras me alejo con la muchacha a lomos del caballo. He arruinado sus planes de hoy.
Pero al llegar a casa, mientras me lavo para el almuerzo, paso la mano por mi rostro, recordando lo que casi permito que sucediera.
Él es, ciertamente, muy seductor. ¿Quién resistiría esos ojos azules y esa manera descarada de sonreír y acariciar a una mujer? Pero no puedo dejarme llevar. Estoy comprometida con su padre. Si la corte y la sociedad fluminense sospecharan de esto, sería un escándalo. En cuanto el señor Otto regrese, se lo contaré, o sé que el perverso hijo querrá usar esto contra mí, con certeza.
Pero una cosa no puedo negar.
Sebastian Montanese.
Me atrae y mucho.
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Comments
Ernestina Puerto
órale Adelaide ponte un calzon de metal y derrite la llave, para que no vayas a caer en esa lujuria😱😱😱☺️☺️☺️cuidado que te quemas🔥🔥🔥🔥, que vengan los bomberos que se están quemado🔥🔥☺️☺️☺️☺️☺️...no vayas a ccaeer
2024-09-29
0
Anonymous
Sebastián es el que va a consumar el matrimonio de Adelaide y Otto
2024-05-28
2
❤️Yesenia🩵 Carolina 💙Bonilla
hay Dios Adelaida está jugando con fuego ❤️🔥❤️🔥 y vas a salir bien quemada pero de amor 😍😍
2024-04-26
3