Débora llamó al doctor Alvarado, fue atendida por Claudia.
- Buenos días, consultorio del doctor Alvarado ¿Cuál es su consulta?
- Buenos días, soy la señora Lazo.
- Señora Lazo, buenos días ¿Algún problema con Dalila?
- Necesito el certificado médico de mi nuera para presentarlo al tribunal, tengo un máximo de diez días.
- Señora Lazo, en estos momentos el doctor está atendiendo un caso muy complicado. Pero apenas termina le digo que se comunique con usted.
- El juez, va a interrogarla sobre el accidente, pero ella perdió sus recuerdos.
- Si, señora, recuerdo que la señorita Dalila perdió casi la totalidad de su memoria.
- Por favor, espero que me comprenda, no es para mí, sino para el tribunal, que sepan con detalles la condición de Dalila.
- Lo comprendo, apenas el doctor se desocupa, hará el informe médico.
- Muchas gracias, buen día.
- Gracias, de igual manera.
Los días pasaron volando, Eduardo está con ojeras, duerme mal, llora mucho, le duele el pecho, sufre. Cada noche era una tortura, así se pasaba la noche mimando a Dalila. Esa molestosa persistencia lo está matando.
Hoy es la tercera audiencia, Eduardo entra con Dalila en silla de ruedas. Dalila tiene un carné especial ya que DNI no tiene, está en trámite.
El doctor Alvarado está en camino con el certificado médico y todas las evaluaciones que se le ha estado haciendo. Él quiere hablar con el juez Zavaleta, es inútil hacer hablar a su paciente.
El interrogatorio inicia y Dalila tiene que estar en frente de la sala. Está nerviosa, Eduardo la calma:
- Amor mío, pase lo que pase todo está bajo control. Confía en mí.
- Confianza - Se mentaliza.
-Tranquila, si algo sale mal. No lo dejaré salir con la suya.
El abogado de Alfonso Cubas es quien la espera. Dalila es llevada con su silla de ruedas.
- Para empezar su nombre no es Dalila ¿Verdad?
- Mi nombre es Dalila Darcourt.
- Usted es una recogida cuyo nombre es Bastarda. Usted no fue más que un estorbo para los Cubas, usted se encaprichó en casarse con Eduardo Lazo en lugar de Daniela Cubas.
Dalila mira a Eduardo, está perdida, por su parte Eduardo mueve la cabeza negativamente.
- No me acuerdo.
- ¡Ah! No se acuerda. Que cosas ¿no? Recordar solo lo que le conviene. Usted no es más que una arrastrada que se acuesta con hombres de toda clase ¡Admítalo!
- No.
- No mienta.
-No miento, simplemente no me acuerdo.
- Usted dijo a Eduardo dónde frecuenta la señorita Daniela Cubas en sus momentos recreacionales, para que sea abusada. ¡Admítalo!
- No, porque no me acuerdo.
- Usted es una manipuladora.
- No me acuerdo de nada, estoy dependiendo de las personas que me rodean para recordar mi pasado. Tuve un accidente y perdí mis recuerdos...
- Ahí tienen la prueba señores – mirando al público y cortando la confesión a Dalila – esta desvergonzada es una mitómana, dice no recordar nada pero que bien sabe mentir sobre su nombre para escapar de la justicia, pero que bien recuerda su accidente. Señores, esta no sabe mentir. Señorita – mirando con desprecio a Dalila – la próxima vez que quiera dar un espectáculo con puras mentiras, sería mejor que se prepare un poco más.
El doctor Alvarado está observando todo, está enojado por el trato tan infame hacia su paciente, en silencio avanza hasta encontrar un asiento en segunda fila, quedando detrás de Eduardo.
- Tengo todas las pruebas a favor de la señora Lazo. - Le susurra.
- Gracias. - fue la respuesta de Eduardo.
El abogado atacante continúa.
- Señorita Bastarda, ¿Reconoce usted sus actos depravados, esos mismos que son imputados a la señorita Daniela Cubas para dañar su reputación?
- ¿Yo hice eso? - no sabe que decir, busca a Eduardo y este le niega.
- No se haga, deje de fingir.
- No me acuerdo.
Mientras él abogado continúa difamando, el doctor Alvarado saluda y presenta todos los documentos médicos de Dalila, a Saúl Verástegui, abogado de Eduardo.
- Señores, les demostraré como miente una vez más esta mujer, supuestamente no puede caminar, así que el accidente de tránsito es falso. Levántese.
- No puedo, no puedo caminar. - se desespera.
- Deje de mentir. Levántese.
- Protesto - Verástegui se pone de pie - Acabo de recibir los informes médicos de la señora Lazo, ella ha perdido la totalidad de su memoria y no puede caminar, señor juez aquí las pruebas.
- ¿Cuánto habrá cobrado el doctor? - el abogado no deja de acosar.
- Me ofende - El doctor Alvarado se puso de pie, está muy enojado, pero debe cuidar su perfil bajo, para no dañar su reputación – en el certificado médico, tengo los análisis, rayos x, tomografías sobre su condición, así como también los estudios realizados por el neurólogo, y todo el equipo que la monitorea.
Eduardo pide la palabra.
- Usted no va a hablar, todo lo que pueda decir será usado en su contra. - El abogado de Cubas se traspasó. - Está mujer es una mentirosa.
- Eso lo decido yo, señor Landaeta. Mídase.
- Lo siento señor juez.
La levanta de la silla de ruedas y la deja en pie. A Dalila, sus piernas no la soportan y desploma de inmediato.
- Levántate.
- No puedo - Siente dolor y llora - no puedo.
- Levántate. Y vete a sentarte.
- No ve que no puede. - El doctor Alvarado es quien la levanta y la vuelve a sentar a la silla de ruedas.
- Me duelen las piernas. - llora por el dolor de la caída.
- Tengo medicinas, al salir te daré el analgésico.
- Gracias
La sala se alborota. Eduardo termina la grabación con su celular y se lo envío a su guardaespaldas con un mensaje “haz tu trabajo, ya sabes cómo lo quiero”
Eduardo vuelve a pedir la palabra, el juez le sede la palabra. Pero el alboroto no tiene cuando parar.
- Orden en la sala – tuvo que levantar la voz - ¿Qué tiene que decir señor Lazo?
- Solo para entregar un vídeo, veamos quien dice la verdad. Este video fue con una cámara oculta en mi viaje a Asia, estoy aquí con Daniela.
- ¿Está seguro del contenido del vídeo?
- El vídeo inicia desde la discoteca hasta el hotel. Lo he grabado todo. Y sí, estoy seguro de su difusión.
Ponen el vídeo y claramente se escucha y ve como hablan mal de Daniela en la discoteca, todos están alterados, pero guardan silencio para escuchar todo, y lo que se ve en privado en el hotel, todos quedaron desconcertados. Al final el juez dio un receso de dos horas. Hubo gran escándalo en la sala, hasta al mismísimo Alfonso Cubas, no podía creer en el contenido del vídeo.
El día fue tenso, Eduardo no dejaba de mimar a Dalila, la tenía sentada en su regazo, y fuertemente abrazada. Dalila solo llora y se encoge cómo una bebé.
A la salida el guardaespaldas se pone en alerta, tiene un trabajo sucio que hacer y es seguir al abogado que trató mal a la señora Lazo.
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