Sin recuerdos

Han pasado tres días de la terrible audiencia. Esta noche, Eduardo llega a casa, la luz está encendida pero no hay nadie y Dalila está despertando. Eso pone el corazón a mil, una gran sonrisa aparece en su rostro.

- ¡Dalila! - con toda la emoción - ¡Dalila! - ahora con la voz quebrada.

- ¿Qué hago aquí?

- ¡Cariño! has despertado. - le sostiene las manos.

- ¿Quién es usted?

Eduardo está en shock. Dalila no lo recuerda.

- Dalila, soy tu prometido. Pronto nos vamos a casar.

- ¿Dalila? ¿Quién es?

- Eres tú. Tú eres mi novia. Tu nombre es Dalila Darcourt. ¿No te acuerdas de mí?

- ¿Qué me llamo Dalila?

Ella mira todo a su alrededor, está confundida y Eduardo lo nota.

- Cariño, ésta es nuestra casa. Aquí estamos viviendo, por qué nos vamos a casar, mi amor.

- ¿Me voy a casar con usted?

- Eduardo, Eduardo es mi nombre. - quiere que ella se lo grabe - Mi amor estás aquí porque tuviste un accidente automovilístico.

- Tuve un accidente ¿Hace mucho? No me acuerdo.

- No mi vida, no hace mucho. Ahora que has despertado la enfermera vendrá a hacer tu terapia para que vuelvas a caminar. - le habla con una sonrisa para transmitir esperanza.

- ¿No puedo caminar? Pero si aquí están mis piernas.

- Amor mío, has tenido un daño en la columna, pero ahora que has despertado podrás empezar tu terapia para volver a caminar, la enfermera empezará mañana.

- ¿Hace cuánto tiempo estoy aquí?

- Un mes y medio. Es poco.

- ¿Cómo me conoció?

Esa pregunta anuda la garganta de Eduardo, teme tener que decir la verdad. No quiere perder a Dalila. Solo ruega que nunca recupere la memoria.

- ¿Tienes hambre mi amor? ¿Qué te gustaría comer? - la cambió, de tema.

- No sé. No tengo hambre.

- ¿Qué comida te gusta más?

- No sé.

Sin recuerdos. Eduardo llama al doctor para decirle que Dalila abrió los ojos, ha hablado con ella, pero todos sus recuerdos se han ido casi en su totalidad.

- De modo que no recuerda nada.

- Sí, doctor. Nada de nada. Se olvidó todo. Hasta de su nombre.

- Enviaré un neurólogo para que le haga un estudio más exhaustivo y trate su pérdida de memoria. Gracias por avisar.

Y el doctor cerró la llamada. Eduardo entró en pánico, si Dalila llega a recuperar sus recuerdos, se puede ir y todo llegará a su fin.

- Dalila - se le acerca hasta la cama - ¿Tienes hambre?

- No. Gracias.

- ¿Quieres un vaso con agua?

- Un poco.

- Vuelvo enseguida.

Le trae un vaso con agua, lo pone sobre su velador y le levanta la cama para que esté más cómoda. Él le da de beber.

- Déjame ayudarte, no te vayas a cansar.

- No me siento cansada.

- Quiero servirte.

Luego de tres sorbos de agua, una gota corre por la comisura de la boca y con un beso seca esa gota. La mirada de Dalila y Eduardo se cruzan, él la acaricia y la besa tiernamente. A ritmo lento, ella lo acaricia, se deja llevar por la dulzura que se produce en ese intercambio de estímulo labial. Pero Dalila lo aleja.

- Debe ser una locura. A usted no lo conozco.

- Una locura apasionada. Yo te amo Dalila, soy tu prometido.

- Pero no le conozco. Usted dice que conoce, que nos vamos a casar, pero yo no recuerdo nada de eso. No sé nada. Creo que perdí mis recuerdos. No sé quién soy. - se altera.

- Quiero que confíes en mí. Soy tu futuro esposo, el amor y la confianza es la base de todo matrimonio y para fundar una familia.

- Debo confiar.

- Sí mi amor, solo te pido confianza. - Une su frente con la de ella - Mi amor, quiero que te sientas mujer. Te haré el amor, me voy a esmerar para que tu primera vez sea inolvidable - un piquito de agua le da - lo vamos a disfrutar plenamente, tu cuerpo y el mío cuando se hagan uno, no vamos a querer separarnos.

- Siento miedo. No me hable así.

- No mi amor. El miedo es malo, enferma. No lo vuelvo a hacer, te lo prometo.

- Solo confiar ¿Verdad?

- Sí, Dalila, sí. Solo relájate, déjate llevar y que el amor haga su magia.

- ¿Cómo es tu nombre?

- Eduardo, me llamo Eduardo.

- Eres mi novio, entonces.

- Así es, mi amor. Tú y yo somos pareja.

- ¿Desde cuándo?

- Desde que naciste en mi corazón.

- ¿Mi nombre es Dalila?

- Sí mi amor, tu nombre se parece al nombre de una flor.

- ¿Cómo se llama esa flor?

- Esa flor se llama Dalia, pero tú eres más hermosa que esa flor.

- ¿De verdad soy bonita?

- Eres hermosa. Eres envidiada por tanta gente.

- ¿Esta casa es tuya? Es grande y bonita. - mira su alrededor.

- Es nuestro hogar mi amor. La compré para los dos. Ahora que nos vamos a casar. Será el nido.

- ¡El nido! - muchas palabras para ella en poco tiempo.

- Vamos a anidar nuestros pollitos. Empecemos desde hoy.

- ¿Qué más sabes de mí? No sé porque, pero no puedo recordar nada de mi pasado, todo lo que me has dicho es nuevo para mí.

- Eso no importa, amorcito. Lo importante es estar juntos, hasta que la muerte nos separe.

- ¿De verdad no importa mi pasado? Quiero recordar quien soy.

- Poco a poco.

Eduardo está nervioso, se está dejando llevar por el miedo, decirle la verdad puede traer problemas. Tiene que pensar en algo y rápido, su otra preocupación es que ella se deprima y tome una decisión lamentable.

- ¿No me ayudarás a recordar mi pasado?

- Amor, hay que ir despacio para que puedas asimilar toda la información.

- ¿Me prometes que me vas a ayudar?

- Por amor a ti lo haré. Pero recuerda, poco a poco.

- Eduardo ¿Sabes algo de mis padres? No recuerdo nada de ellos.

- Los nombres de tus padres son David y Laurence Darcourt, eran franceses. Tu padre era amigo y socio de mi padre, le ayudó mucho a fortalecer la empresa, sus consejos fueron el motor del éxito. Y mi padre me los enseño a mí.

- ¿Mis padres eran franceses? ¿Eran socios con tu padre?

- Así es mi amor tu padre era un hombre de poder al igual que el mío. Tus padres eran gentiles, comprensivos, sencillos, de verdad un ejemplo para muchos.

- ¿Hay fotos de mis padres? Me gustaría verlas, y ver si me ayuda recordarlos.

- Qué te parece si mañana lo vemos. Tengo que buscar el álbum, si no está aquí de seguro en casa de mis padres.

- No te olvides. Es importante para mí. - le suplica.

- Lo sé cariño. - Las tripas de Eduardo hacen mucho ruido. - ¡Ay, mi amor! El hambre llama. Veré qué hay para comer. Ve a descansar. - Le baja la cama para que quede en horizontal.

Eduardo va a la cocina, Dalila intenta acomodarse para estar más cómoda. Pero alguien los estuvo observando, y presentando atención a cada palabra, cada movimiento. Ahora se esconde para no ser vista ¿Quién es esa persona que ha violado la privacidad de la pareja?

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Comments

Natalia Sanabria

Natalia Sanabria

la enfermera o Daniela..mm qué se traerá contra la pobre Dalila...

2024-05-08

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