Simona

Eduardo se dirige a su habitación para ponerse ropa de dormir, ya ha cenado y puso a dormir a Dalila, va mimando hasta dejarla completamente dormida, es allí, cuando es asustado.

-Muy romántico.

El corazón va mil por segundo y salta de la cama, es más casi cae.

- ¿Mamá?

- Sí, soy tu madre. Fui al baño y me quedé escondida al verte llegar.

- Mamá me asustaste, ¿Por qué lo hiciste?

-Tenemos que hablar.

- Mamá estoy cansado.

-Tenemos que hablar – era una orden y Eduardo obedece.

- Está bien.

Entran en la habitación y cierran la puerta para que Dalila no despierte.

- De modo que ahora eres romántico.

- Mamá, en el hospital llamaron a la policía para dar con la verdadera identidad de ella. Allí me enteré de quien es ella, ella es Dalila Darcourt.

- ¿Mi nieto? ¿Dónde está mi nieto? Y no te hagas el tonto porque que yo he hablado con el doctor Alvarado el día que salieron todos los resultados.

- Cuando no sabía quién era realmente la mujer que tenía como esposa, quise que muriera el bebé y darle el divorcio - su voz se quiebra – pero al saber la verdadera identidad de ella cambié de opinión.

- Mi nieto está muerto y tú deseo se cumplió.

- Mamá, lo lamento. – las lágrimas salen sin ningún esfuerzo - Desde esa noche yo cuido de ella, todas las noches la pasaba con ella.

- Ahora que ha despertado, ¿Cómo está?

- No recuerda nada, ni su nombre.

- Dile toda la verdad.

- No.

-Te odiará por unos días, pero si tú arrepentimiento es sincero te va a perdonar, ella confiará en ti.

- No quiero que recupere la memoria.

- Ella recuperará la memoria. Yo me encargo.

- No me hagas esto ¡Mamá!

- ¿No podías controlar más tus impulsos? ¿Por qué no dijiste nada del trato con los Cubas?

- Siempre he desconfiado de ellos. Se lo advertí, pero aun así caí.

- Fuiste tonto. Mira lo que has hecho.

- Mamá, voy a cuidar bien de Dalila. Lo prometo y no te vas a arrepentir.

- Dile la verdad.

- No. La verdad no. Me va a odiar.

- Libérate si quieres ser feliz con ella. Que tengas una buena noche.

La señora se fue de la habitación de su hijo, cruzo la sala y se detuvo unos segundos delante de la cama de Dalila, un fuerte suspiro le anima a reanudar su salida de la casa, en la entrada esperó a su chofer y se fue. Eduardo se cambió de pijama y fue a ver a Dalila, ella seguía dormida. Él se acuesta a su lado y le susurra.

-Yo te amo Dalila, pero no puedo confesarte la verdad, porque tengo miedo. Por favor, amor mío, no recuerdes tu pasado. Estamos escribiendo una nueva historia que esta historia sea bonita de principio a fin... Dalila - las lágrimas no le dejan continuar – Dalila, te prometo ser el mejor esposo para ti…no te vas a arrepentir, seremos felices.

Eduardo abraza a Dalila, para protegerla una noche más.

Al día siguiente la señora Débora sostiene una conversación con su guardaespaldas.

- Narciso, necesito que me hagas un favor.

- Dígame señora.

- Te voy a dar una dirección. Necesito que vigiles esa casa, y hables con Simona, la cocinera. Necesito que ella esté aquí. No uses la fuerza, trata de persuadirla. Dile que Dalila está muy delicada. Has que muerda el anzuelo, pero no te apures, tienes todo el día.

- Sí señora.

- Solo ten cuidado con la perra de Daniela y los lobos de sus padres. Te daré el dinero para el taxi y vístete con ropa casual. No hay que levantar sospechas de ningún tipo.

- Está bien señora. Voy por Simona.

El guardaespaldas tuvo que cambiar de aspecto, la señora Débora le da el dinero para los viajes en taxi. Al cabo de cuatro horas llegaron y se escucha la voz de Simona.

- Está seguro de que aquí está Dalila, está es una residencia, no es una simple casa. Usted es un mentiroso

- Escuche bien señora – Narciso habla fuerte y hace callar a Simona – son órdenes de mi jefa, si quiere ver a Dalila primero tiene que hablar con mi jefa ¿Soy claro?

- Como diga - está incómoda y pone mala cara, pero la puerta se abre y era la mismísima señora Débora.

- Buenos días, pasen por favor. Bienvenidos a la residencia Lazo.

- Buenos días, señora Lazo.

- Pasen por favor. - guiñando el ojo al guardaespaldas – usted también tenga asiento.

Narciso solo sigue el juego de su jefa.

- Disculpe señora, pero este sujeto - está nerviosa y señala a Narciso – me dijo que mi niña Dalila está enferma y me mintió, me trajo hasta su casa.

- Señora Simona, este sujeto, cómo dice usted, es mi guardaespaldas, él solamente obedece órdenes. Soy la señora Lazo, suegra de Dalila Darcourt. Yo he mandado a llamarla porque ella me refirió a usted.

- ¿Dónde está la niña? - estaba triste – ella me hace falta. Ha estado conmigo por mucho tiempo.

- Tuvo un accidente automovilístico hace un poco más de un mes. Ayer por la tarde ha despertado del coma, pero sin recuerdos.

- ¡Ay, Jesús María y José! Mi niña está muy mala. Y ya no tiene recuerdos.

- Esta es la razón por la que la hice traer. Necesito que me ayude con todos los datos de ella. Necesitamos un cuadro más completo de su amnesia.

- Bueno señora, ella es una niña bien portada, le gusta ayudar a los demás, es muy obediente.

- ¿Qué me dice de los gustos?

- A la niña no le gusta mucho la avena, pero le encantan los helados salvo el de sabor a plátano y los helados que más rápido devora son el de chocolate y vainilla con jarabe de arándanos rojos. Le gusta cocinar de todo, pero le pone pasión a la pastelería.

- ¿Alguna comida que no le gusta?

- No puede ver ni oír nada acerca del ceviche, la alcachofa y el higo, por el resto come bien.

- Interesante. En cuanto a los colores, estilo de moda…

- No es fanática del color blanco. Me he dado cuenta que cuando vamos a comprar ropa los estampados son pequeños, manchas, pero nunca acepta el diseño de las rosas. Su ropa casi nunca es corta, salvó para dormir. Se viste con vestidos bien cortos cuando es verano.

Narciso está sorprendido mientras hace los apuntes, por qué la señora Débora le hizo las señas para que lo hiciera. Débora igual, su nuera tiene un gusto muy singular y es igual a su madre. Las rosas.

- Señora Simona, ¿Cómo era su relación entre usted y Dalila?

- Como madre e hija. Con los otros sirvientes aprendió a planchar, lavar, coser y tantas cosas. Muy hábil la niña y aprende rápido.

- Muy interesante ¿Algo más que tengamos que saber?

- En casa, los señores Cubas, la llamaban Bastarda. Hacia las tareas escolares de Daniela, esa niña es más descarriada. Siempre en problemas, pero papá y mamá la apoyan.

- ¡Que bárbaro! - se asombra - que tal manera de arruinar la vida de los hijos.

- Eso no es todo. Un señor joven le desfiguró la cara. Yo lo vi, da pena la niña al ver cómo quedó, parece monstruo. Mi niña Dalila no es así, ella es muy tranquila, ella es bien portada.

- Muy bien señora Simona, acompañarme por favor. - Ahora se dirige a Narciso – Llévanos la casa de mi hijo.

Simona está feliz de volver a ver a la niña que crio, en el trayecto ambas mujeres continúan conversando y haciéndose amigas. Esa es una cualidad de la señora Débora.

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