Amor

Narciso llegó con las dos señoras, ellas entran en casa sin dejar de charlar, parecen dos viejas amigas. En la sala la enfermera está haciendo ejercicios con los pies de Dalila.

- ¡Hola! Úrsula, ¿Cómo estás?

- Señora Lazo, buenas tardes. Señora buenas tardes -era para Simona el segundo saludo - empiezo a hacer gimnasia. De los pies voy subiendo. Poco a poco se tienen que soltar los nervios, músculos y tendones.

- ¿Puedes trabajar bien sobre la cama clínica?

- Me sería más factible que hubiese colchoneta, para empezar. Porque la cama clínica es algo incómodo.

-Hazme una lista de las cosas que necesitas para la rehabilitación de Dalila.

Ahora su atención es hacía Dalila. Y le presenta a Simona.

- ¿Dalila? ¿Cómo estás niña?

- Buenas tardes. Disculpe señora, pero no la conozco ¿Cómo se llama?

Simona lo ve, pero no lo cree. La niña se olvidó de ella.

- Soy Simona, yo te cuidé cuando vivías donde los Cubas. Soy la cocinera.

- Señora Simona, no me vuelva a hablar de los Cubas. Mi novio me dijo cosas feas sobre ellos.

- Toma asiento Simona – le pidió Débora – necesitas sentarte.

- Mi niña se olvidó de mí. - tan triste que empezó a llorar.

Débora se acerca a Dalila para presentarse.

- Buenas tardes, Dalila. Soy Débora, la mamá de Eduardo, tu novio.

- ¿Usted es …mi…suegra? - intenta entender

- Sí, he venido a conocerte. Y vine con Simona, tanto tiempo que no te veía.

- Para ser sincera, no me acuerdo de ella. Eduardo me dijo que tuve un accidente y por eso perdí mis recuerdos.

- Así es. Y necesitas tu terapia para volver a caminar.

-Eso también me lo dijo Eduardo, pero la espalda me duele un poco.

- Sus músculos no han trabajado en más de un mes. -Dijo la enfermera – están tensos y las flexiones con los pies están ayudando a calentar los nervios y tendones.

- ¿Será verdad que volveré a caminar?

- Sí, pero todo dependerá de usted, si quiere hacerlo. En la noche hay que hacer la tercera ronda de ejercicios. La rutina es tres veces por día, una hora cada vez.

- Está bien.

-Te vas a reponer Dalila – Débora la anima a seguir luchando - Un poco de voluntad y todo se puede.

Dalila regala una sonrisa. Simona regresa a casa de los Cubas, dónde es duramente tratada. A las seis de la tarde Débora le hace sus ejercicios a Dalila. Al llegar Eduardo a casa, Dalila estaba mirando una revista de moda. Su suegra se estaba alistando para ir.

- ¿Cómo te fue el día?

- Me fue bien mamá. ¿Cómo se comporta Dalila?

- Ella está muy bien.

- Buenas tardes, mi amor – le da un tierno beso – ahora te cuido yo.

- Bueno yo me voy después de su terapia. Los dejo solos, tu padre debe estar buscándome como un loco. Dalila ya comió.

- Muy bien, solo falto yo.

Débora se despide de Dalila y de su hijo. Ahora que están solos Eduardo da el primer paso.

- Estas hermosa hoy ¿Todo bien?

- Me dolió un poco la espalda.

- ¿Las medicinas para el dolor? - Mientras le quita la revista y se acomoda a su lado - tengo una sorpresa para ti.

- ¿Puedo verla?

- Primero mi beso.

Eduardo y Dalila se besan tiernamente, poco a poco los besos van subiendo con intensidad. Eduardo sube a la cama y está encima de Dalila. Solo separan los labios para respirar y vuelven a comer. Eduardo va acariciando la pierna y levanta la bata, pero se la quita.

-Tus montañas me fascinan, esas curvas y yo sin frenos.

Con sus manos recorre toda la piel y masajea las montañas y juega con ellas no solo con las manos, sino que también con los labios. Eduardo se va quitando prendas, hasta quedar desnudo. Se contemplan.

- Eres hermosa, amor mío.

-Tú, pareces la perfección hecha carne.

- ¿Segura que todo es perfecto?

- Sí.

Se inclina para besarla. La banana despertó y está durísima, se lo hace sentir. Ella se asusta un poco.

-Tranquila, es solo una extensión de mi carne.

- Parece de madera, es duro.

- Amor, si mi extensión no se pone dura no podrá conocer la cueva del amor. Que está justo aquí abajo. Solo es cuestión de que abras las piernas.

Eduardo se posiciona y la punta de la banana está en la cueva del amor.

- Siento algo que…

- Shhhh, solo siéntelo - está hundiéndose – eso... tranquila. Ya entró mi amor. Está todo dentro.

- ¿Todo?

- Es hora de empezar el vals.

Eduardo inicia con movimientos lentos y muy pronunciados, mantiene el ritmo hasta terminar por encima del vientre. Toda la piel embarrada con la abundante miel blanca.

- ¿Te gustó, amor?

- No sentí dolor.

- Lo hice despacio por tu espalda.

- Estoy toda sucia.

Eduardo recoge toda la miel con un pañuelo húmedo.

- No hay nada más satisfactorio que estar dentro de ti.

- ¿No estás siendo exagerado?

- Mira tu cuerpo y el mío ¿No es hermoso ver cómo encaja a la perfección? Dalila cuando un hombre y una mujer están juntos y unidos crean una melodía que nuestros oídos no perciben, pero disfrutamos. Y cuando la mujer canta, el vals amatorio acelera, su melodía igual y más es la satisfacción, todo se hace intenso.

- Eduardo, tú no has acelerado ¿Qué hice mal?

- Mi amor, yo quise hacerlo despacio, quería hacerte sentir lentamente como los instrumentos van haciendo el vals. Hora fue más que suficiente para poder dar fin al vals con la expulsión de miel. La miel la derramé sobre tu vientre para que sepas su color, su densidad, solo falta su sabor.

- ¿Debo probarla?

- Sí mi amor, para que sepas lo que tendrás dentro de ti las próximas veces que estaremos unidos.

-Tendrás que volver a hacerlo.

- No hace falta. Pondré mi extensión sobre tu boca y te diré lo que tienes que hacer.

- ¿Tendré eso en mi boca?

- Sí, solo sigue mis instrucciones.

Eduardo coloca la punta de su extensión dentro de la boca.

- Solo pondré la punta para que te acostumbres, puedes empezar a besarlo, lamerlo lo que gustes, cualquiera de las dos. Tienes que acostumbrarte.

-Es muy duro. No me gusta.

- Vamos amor, es solo la punta… si la extensión fuese blanda entrar a la cueva del amor sería difícil... eso es cariño…sigue… ¡Oh!... Si… si… sigue así… más fuerte…no tengas miedo…eso es…sigue…vas muy bien…voy a meter un poco más…no pongas esa cara…vamos amor… si de nuevo… eso es... un poco más… sigue…eso es…más fuerte… muy bien… más fuerte… eres perfecta…sigue… no pares…sigue, sigue, vas muy bien… un poquito más adentro… perfecto…eso es…así… suave…jala bien…eso es…sigue jalando… hasta que salga esa miel… perfecto… no pares… prepárate que ya viene… un poco… otro más…sigue…ya...ya…ya sale… un poco más, sigue…ya…ya… ¡Ahhhhh!...sigue jalando un poco… otro más…un último…listo. ¿Qué sabor tiene?

- Es caliente, pero algo salado.

- De vez en cuando no vendría mal.

Eduardo va hasta el fondo de la cama.

- ¿Qué haces?

Eduardo abre las piernas de Dalila y besa la entrada de la cueva, luego hace su juego con la lengua haciendo excitar a Dalila hasta que se corra.

-Fue demasiado…intenso. No me gusta.

- ¿No te gustó? Entonces no lo vuelvo a hacer.

- ¿Dónde vas?

- A poner el pijama. Es hora de dormir, tu dosis de amor ya la recibiste.

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